Tras la vuelta de King Diamond y un excelso show de Iron Maiden, nos esperaba el tercer día de Rock Fest con el fin (ahora sí) de Twisted Sister en España de nuevo en las instalaciones de Can Zam, siendo el único grupo que han sido cabezas de cartel los tres años que lleva celebrándose.

Susana Manzanares / Albert Vila / David Aresté

El último día del Rock Fest se alzaba con un tremendo sol abrasador por el que comenzaron a pasar los locales Alyanza y los efusivos Eclipse fueron los encargados de despertar al personal para dar paso a The Answer. Los norirlandeses venían a presentar su último “Solas” editado por Napalm Records, sexto álbum de su carrera y manteniendo su buen hacer en la escena.

Sin duda no fue el mejor escenario para ellos, una banda con tantos detalles y emociones tan a flor de piel, se perdían en el ambiente y no sonaban como tenían que sonar, además del sol abrasador que les marcó durante todo su show. Aun así, Cormac Neeson  como frontman se dedicó a no parar en ningún momento sacando su lado más visceral en algunas composiciones, marcando el lado rocker y bluesy del grupo.

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Si a Moonspell le tocó el horario más inapropiado del viernes, el domingo fueron los oscuros Candlemass los que se chuparon el solano en toda su intensidad, siendo totalmente innecesario encender ninguna vela para celebrar su misa. Viniendo de tocar en los dos días anteriores en las frescas Suecia y Alemania, los pobres debieron sufrir de lo lindo con el sol abrasador que les pegó en toda la cara. Estos doomeros de culto estan de aniversario: hace ya treinta años que editaron su disco de debut, el seminal Epicus Doomicus Metallicus, pilar fundacional del doom metal e influencia mayúscula para el género, así que este concierto se planteó como una celebración de toda su carrera. Los pocos que nos concentramos delante del escenario izquierdo estábamos convencidos de estar ante un evento especial, y creo que la gente disfrutó de lo lindo de la descarga potente y pesada de los suecos, que gozaron de un sonido perfecto: alto, preciso y definido.

La banda ignoró sin piedad el reciente EP “Death Thy Lover”, publicado hace solo un par de meses, para centrar el repertorio mayormente en temas de sus tres primeros discos, con las honrosas excepciones de “The Dying Illusion” y “Emperor of the Void”. El grupo entró en el escenario mentras sonaban las notas de su “Marche Funebre”, enlazando para empezar con uno de sus temas más conocidos, el magnífico “Mirror Mirror”. Soy el primero que expresé mis reparos sobre la idoneidad de Mats Levén, ex de Therion y At Vance, como vocalista de Candlemass, por su estilo habitualmente cercano al power metal y al metal simfónico, pero la verdad es que en directo disipó cualquier duda: su voz se puede adaptar a la perfección al tono tan particular de los temas antiguos del cuarteto, mientras que visualmente, además de levantar algun suspiro de admiración entre el sector femenino, se mostró en todo momento muy activo y participativo, a pesar de no comunicarse verbalmente con el público hasta los últimos temas. El resto de la banda, que mantiene el line up de su época dorada después de algunas idas y venidas, se posicionó en un solemne y contundente segundo plano, inexpresivos, desafiantes y mucho más preocupados por la música que por la imagen.

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Pudimos escuchar la monolítica y pesada “A Cry from the Crypt” y la larga y épica “Demons Gate”, que en disco no me emociona y aquí me parecio de lo mejor. Para el  tramo final dejaron grandes clásicos de culto como la más rápida “At the Gallows End” y la melódica “Crystall Ball”, en la que Mats nos demostró todas sus capacidades y una gran versatilidad como vocalista, mientras que para cerrar, y como es habitual en la mayoría de bandas, nos deleitaron con su tema más famoso, un “Solitude”, en el que todos los presentes berrearon repetidamente eso de “ashes to ashes, dust to dust”. Ovación de gala para unos Candlemass que dieron uno de los mejores bolos de una jornada repleta de conciertos de altísimo nivel.

Para respirar tras la descarga animal de Candlemass tuvimos una dosis de Rock Urbano de manos de Ciclonautas, la banda capiteanada por el batería de Marea Alén Ayerdi llegaron al Rock Fest para presentar su último disco de nuevo otra vez bajo un sol de justicia pero con una gran afluencia a favor de la banda.

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El concierto fue animado desgranando los temas de ese nuevo disco ‘Bienvenidos los Muertos’ llevado con solvencia por toda la banda destacando su frontman argentino Mai Medina y obviamente a Ayerdi a los parches. Como decimos, contaron con gran aceptación del público que aunque les tocó tostarse al sol disfrutaron de lo lindo de tan pintoresca descarga.

Si hasta ahora hizo calor, a la hora de Obituary la cosa se volvió casi insostenible. Los de Florida tuvieron que lidiar, probablemente, con la hora más bochornosa de todo el fin de semana, y a fé que se les veía en las caras que estaban sufriendo lo suyo. La banda de los hermanos Tardy canceló su participación en el Rock Fest el año pasado en el último momento, y este año se resarcieron con un concierto tan impecable como es habitual en ellos. Sus sustitutos el año pasado fueron Entombed, otro de los grandes clásicos del death metal, y estuvimos cuatro gatos viéndolos, así que me sorprendió el masivo interés que Obituary generaron entre el público de este año. Si Candlemass sonaron pesados y compactos, Obituary no se quedaron lejos. Su death metal personal, con su característica y potente distorsión y un componente algo punk, atronó como un auténtico cañón en Can Zam. La maquinaria instrumental está engrasadísima, mientras que la voz de John Tardy, hombre de pocas palabras enfundado en dos dolorosas camisetas de manga larga y bastantes kilos de más, sigue intacta y tan violenta como el primer día.

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Si hay algo que me dá rabia en Obituary es la absoluta ausencia de riesgo. El concierto que hacen es matemático, aplastante, una auténtica garantía, pero si en los dos últimos años les he visto 3 veces (y habrían podido ser 4 si hubiera ido a su gira propia a principios de 2015), no han modificado prácticamente su setlist. Empiezan con la lenta, rítmica y machacona instrumental “Redneck Stomp”, siguen con un par de temas de su muy buen último álbum Inked in Blood, y a partir de ahí todo lo que queda son cortes de sus dos primeros discos, con la excepción de la magnífica “Don’t Care”, de World Demise. Y así ha sido, indefectiblemente, en estas tres veces que les he visto. No digo que la brutal “Intoxicated”, las más lentas y pesadas “Blood Soaked” o “Dying” o la espectacular “Find the Arise” no sean temazos. Lo son, y grandes, al igual que el resto de canciones que tocan, pero leñe, Obituary son top del death metal, y creo que tampoco estaría de más que introdujeran alguna variación. Tocar algun tema del The End Complete, por ejemplo, que es imperdonable que no lo hagan. O alguna más de World Demise. O incluso algo diferente de su último disco, que tiene muy buenas canciones. Se podría decir que por ser festival han ido a lo seguro y esto es lo que el público más o menos ocasional quiere escuchar. Probablemente es cierto, y yo disfruté como el que más, porque suenan impresionantes y son tralla sin contemplaciones, pero se han convertido en innecesariamente previsibles.

Algunas de las golosinas que nos ofrecía este Rock Fest era la venida del siempre genial Chris Impelliteri, también quedándose a la brasa a pleno luz del sol  que caía en el Rock Fest. La banda del maestro de las seis cuerdas no acostumbrada a venir por aquí, hizo acto de presencia en esta única fecha para presentar “Venom” su último disco editado por Frontiers Records.

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Acostumbrados en los contrastes de los festivales, entre los conciertos de Obituary y Anthrax tuvimos este pequeño respiro para aquellos amantes de la técnica y la velocidad de los mástiles comandado por la fender de Impelliteri que gozó de un gran sonido y que lejos de sufrir como The Answer supieron mantenerse a las condiciones y sacar un buen concierto intenso y lleno de riffs afilados junto a la voz del gran Rob Rock.

Para muchos, Anthrax dieron el mejor concierto del festival, lo cual es toda una afirmación teniendo en cuenta el nivel altísimo que se vió durante el fin de semana, y en particular el domingo. La verdad es que no seré yo quién los contradiga, ya que la descarga de los americanos fué poco menos que espectacular. Muchos grupos sonaron perfectamente, pero el grado de diversión despreocupada y juvenil que son capaces de ofrecer Anthrax cuando tienen un buen día lo tienen muy pocas bandas. En la crónica del sábado nos preguntábamos si habría ganador de la batalla imaginaria entre John Bush y Joey Belladonna. Bush tiene un vozarrón y se mantiene en excelente forma, pero ostras, es que lo del Belladonna es otro nivel. Se coronó junto a Dee Snider y Bruce Dickinson como el frontman más carismático del fin de semana, arengando constantemente a la gente, moviéndose, cambiando de escenario, saltando de aquí para allá, y siempre manteniendo un nivel vocal altísimo. Por otro lado, y al igual que en su última visita junto a Slayer hace unos meses, Charlie Benante no estuvo presente detrás de los parches, pero en su sitio hay un chico que, sentado, se le parece bastante, y toca como los puñeteros ángeles, así que, a parte del componente emocional, tampoco parece que afectara demasiado.

Al fijarme en el escenario algo me sorprendió muchísimo, ya que nunca lo había visto en ningún grupo: las telas usadas para decorar la parte posterior y lateral contenían, integrado en una esquina de la portada de su último disco, el logo de la marca de bebida energética Monster. Quizás el primer paso para que las bandas vengan patrocinadas? Todo un mundo a explorar y, quizás, un peligroso precedente.

La descarga empezó de la misma manera que lo hace su notable último trabajo, For All Kings, con esa intro tan exageradamente inspirada en Game of Thrones, serie donde esta temporada Scott Ian, que no se pierde una, sale caracterizado como white walker. Inmediatamente después entraron a la carrera los chicos de Anthrax enfundados en sus camisas negras con el logo del grupo para atacar un “You Gotta Believe” que funcionó perfectamente y animó a la gente de buenas a primeras. Se veía que la banda estaba on fire y con ganas de petarlo, y la locura se desató totalmente con el trío “Caught in a Mosh”, “Got the Time” y “Madhouse”. Si quedaba algun despistado que no se emocionó al principio ahora no tenía ninguna excusa.

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Vamos a confesarlo, Anthrax siempre tocan los mismos temas, los que funcionan mejor en directo. Por ejemplo, de su anterior Worship Music andaban tocando habitualmente tanto “Fight ‘Em Til You Can’t” como “In the End”. Como canción en si, a mí la segunda me gusta bastante más, pero en vivo corta un poco el rollo festivo que tienen, así que me parece una excelente idea que la hayan dejado de lado. La primera, en cambio, con su temática zombie, es irresistible en directo, suena como una ametralladora y la gente se vuelve loca. De hecho, me pareció una de los momentos más brillantes de todo el concierto. De su nuevo disco sonaron “Evil Twin”, que no me dice mucho, pero que en vivo también dá el pego, y “Breathing Lightning”, una de mis favoritas, más melódica y épica, que estuvo fantástica. Para completar el repertorio, dos de los temas más conocidos de la banda, “Antisocial” y “Indians”, que se alargaron para permitir más participación del público. Durante “Indians”, apoteósico, Joey Belladonna se fué al otro escenario a cantar con los que esperaban en primeras filas a que empezara el concierto de Amon Amarth, para jolgorio y risas de todo el mundo.

Un bolo divertido y extenuante que nos hizo felices a casi todos. Y de eso se trata. Hasta mi amigo más exigente, el que se va a pasar cualquier concierto escudriñando posibles fallos en el sonido y el equipo, listo para apuntar su dedo acusador y soltar frases lapidarias que pueden arruinar al instante tu ingenuo disfrute; el que se tiró hasta el miércoles rajando de que el concierto de Maiden fué como una peli de Indiana Jones con Eddies y saltitos pero que de música la justa, se emocionó y disfrutó con entrega y pasión. Y chicos, para conseguir esto, Anthrax lo tienen que haber hecho muy muy bien. Yo no voy a ir tan allá como para decir que fué el mejor concierto del festival, ya que hubo unos cuantos para recordar, pero fácilmente lo coloco en la encarnizada lucha por el podio.

Después de tal bolazo, y a pesar de ser una de las bandas más esperadas del día a juzgar por el número de camisetas que se veían entre el público, a los Amon Amarth no se les presentaba una papeleta nada fácil. Y eso que para este concierto vinieron con todo el atrezzo: el drakkar vikingo plantado enmedio del escenario (el pequeño, que para los conciertos más gordos llevan un mastodonte con dos proas) y los cañones de humo preparados para la utópica misión de simular frías tormentas nórdicas en el caluroso atardecer barcelonés. Los suecos se han convertido en los últimos años en la banda más popular de la escena death metal, y hoy en día viven un momento realmente dulce. Es verdad que su death metal es melódico y accesible, pero sigue siendo death metal, y el señor Johan Hegg tiene un vozarrón gutural grave y poderoso que ya querrían para sí muchos vocalistas del género.

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El grupo venía listo para presentar su último trabajo de estudio, aunque al final solo acabaron sonando un par de temas, y el concierto fué un greatest hits en toda regla. Empezaron poniendo toda la carne en el asador con uno de sus cortes más icónicos, “The Pursuit of Vikings”, que inmediatamente puso Can Zam a saltar con su ritmo pegadizo y vacilón. La siguieron “As Loki Falls” y el primer single de Jomsviking, “First Kill”, directa y contundente. Es verdad que a lo largo de su carrera no han cambiado demasiado musicalmente. Tienen una fórmula que funciona a la perfección y no parecen querer moverse mucho de ahí, con su aire festivo, su temática vikinga, épica y guerrera, sus ritmos sencillos y sus riffs melódicos y pegadizos, sazonado con la gravísima voz del imponente señor Hegg, siempre cuerno en mano y con su permanente y simpática sonrisa escondida detrás de su frondosa barba. Yo creo que uno de los motivos que los hace triunfar especialmente es que tienen un espíritu inequívocamente heavy, musical y visualmente, notablemente más que la mayoría de bandas de su género, y muchos fans de estilos más clásicos dentro del metal se pueden sentir identificados con ellos. Loas al rock’n’roll y a la cerveza, homenajes al true metal y constantes coreografías headbangeras a lo Judas Priest son una buena prueba de ello.

Fueron desgranando lo bueno y mejor de su carrera, destacando “Cry of the Black Birds”, “War of the Gods” y la rápidísima y trallera “Deceiver of the Gods”, una de mis favoritas, que daba título a su pasado disco, y que sirvió para que la gente satisfaciera con creces sus ansias de coros. El hecho es que, personalmente, y a pesar de gustarme entre bastante y mucho la banda, me costó algo entrar en el concierto. Quizás después de la impresionante descarga de Anthrax necesitaba un poco de descompresión, pero aún así me pareció que los temas más rápidos sonaban todos muy parecidos, con muy poca definición en las guitarras y un doble bombo muy grave y a veces molesto. Por diferentes circunstancias, todos mis amigos decidieron hacer alguna otra cosa durante este concierto, así que me encontré viéndolo solo. Para tener ocupadas las manos, hacia el final paré a uno de los mochileros que rondaban por ahí y me pillé una cerveza de las grandes para rehidratarme. El hecho es que de tanta sed que tenía me la bebí en pocos sorbos, y curiosamente ese momento coincidió con el discurso de apología al líquido dorado que precedió a “Raise your Horns” (referida tanto a cuernos metaleros como a cuernos vikingos llenos de bebercio). Esta súbita inyección de cebada alcohólica parece ser exactamente lo que necesitaba para conectar finalmente con el concierto y la banda al 100%, y tanto la mencionada “Raise your Horns”, heavy como una lluvia de hachas, como los dos temas finales, las celebradísimas “Guardians of Asgard” y “Twilight of the Thunder God”, sonaron a gloria para mí.

Amon Amarth es un grupo que no necesita demasiado juicio. Sus temas son rítmicos, simples y festivos, sin demasiadas complicaciones, y solo hace falta dejarte ir para disfrutarlos sin demasiado esfuerzo. De todas maneras, y aún siendo un buen concierto el suyo, a mí me pareció el más flojo de la impresionante serie que pudimos ver la tarde-noche del domingo en Can Zam. Para los que no tuvimos suficiente, estaremos esperando cerveza en mano para poderlos disfrutar de nuevo por estos lares, cosa que pasará en unos pocos meses, en la gira que les traerá a Barcelona, Madrid y Bilbao con unos teloneros de lujo como son Testament y Grand Magus. 

Lejos de polémicas y acabar ya con un legado de un gran grupo (como quizá algunos deberían hacer) el combo Black Star Riders se hicieron llamar una última vez Thin Lizzy  junto a Scott Travis como batería del grupo tras la baja de Mikey Dee y Tom Hamilton de Aerosmith al bajo para realizar unos conciertos especiales de aniversario la mítica banda.

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Dejando de lado los discos de BSR el show se centró en grandes éxitos de Thin Lizzy, más en concreto en 12 ya que como todos tuvieron poco más de una hora de actuación, donde cayeron como decimos “Jailbreak”, “Emerald”, “Rosalie”, “Cowboy Song” o la inmortal “Boys are back in town” deleitando y emocionando a los allí presentes rememorando un show que ciertamente no esperaban volver a ver. Travis es victoria segura en la base rítmica junto al gran Scott Gorham y Damon Johnson a la guitarra y Darren a los tecladosmarcando la melodía de las canciones. Emocionados el combo cerraron un página de su historia para dejar paso ya a Black Star Riders.

En este último día los aficionados al hard rock estaban de enhorabuena ya que este tramo final lo estaban disfrutando de lo lindo con Thin Lizzy, Whitesnake y Twisted Sister. Tras la lagrimilla por Thin Lizzy, era el turno de volver a vera la serpiente blanca del amigo Coverdale y los suyos con Joel Hoekstra como nuevo guitarrista tras la marcha de Doug Aldrich a The Dead Daisies. La banda obvió la edición de su disco de versiones de Deep Purple como material a presentar e hizo una selección de sus temas más emblemáticos para dar el concierto.

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Y es lo que quería la gente, ya que había muchas ganas de Whitesnake aunque se ponía muy en duda el estado vocal de Coverdale, tal y como vimos, que fue trabajando más a medida que se acercaba el final del concierto. Aunque si es cierto que si eligieran otro tipo de repertorio pensamos que podría cantar mejor… pero está claro que quieren seguir dando la misma imagen de siempre, cosa que no pueden aguantar.

La banda con el papel ya aprendido, sabe lo que quiere la gente y ellos se lo dan y si puede descansar Coverdale mejor que mejor… El siempre sonriente Hoekstra y Reb Beach disparando riffs clásicos y llenos de feeling, Michelle Luppi hizo una gran labor a los teclados y los coros, y Tommy Aldridge que es inmortal tras los parches ya que gira tras gira sigue con la misma pegada que la anterior vez. No sabemos si le quedarán muchos recambios de piel a este serpiente, esperemos que si, o al menos que sean “dignos”.

Acababa el trío hard rockero con Twisted Sister y sus 40 años en los escenarios que se cerraban página ahora sí, en España.Era la tercera que venían, siendo el grupo que había repetido más veces en el Rock Fest. Poca novedad a destacar, fue igual de efectivo pero igual al fin y al cabo que los conciertos que hemos estado viendo aquí, así que otra vez más de lo mismo…  mismos temas, mismos gags, mismas charlas de Dee Snider contra unos, contra otros, etc… Pero ahí están, son infalibles, en cuanto suenan “The Kids Are Back”, “Burn In Hell”, “Destroyer”, “You Can’t Stop Rock n Roll”, “I Wanna Rock”, “I Believe In Rock n Roll”, y el himno “We’re Not Gonna Take It” todo el mundo se rinde y corean hast a la saciedad.

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Recuerdo que, en el lejano FuryFest francés de 2005 (el embrión del que nacería el ahora masivo Hellfest), Slayer tocaron los últimos del último día. Tres jornadas de bandas que me encantaban, repletas de bolazos, y Slayer las barrió a todas. Dieron tal bolaco que todos los que tocaron antes parecieron amateurs. Esta es la anécdota que siempre cuento cuando hablo del poder de los californianos en directo. Con ésta, los he visto ocho veces, la inmensa mayoría de ellas espectaculares, y de nuevo aquí tenían el último slot del festival y la oportunidad de barrer a todas las bandas anteriores. No fué bien bien así, pero no porque no pusieran todo de su parte. El concierto que dieron fué maravilloso, mucho mejor para mi gusto que el que pudimos ver en la sala Razzmatazz hace unos meses, pero barrer a todas las bandas que les precedieron en este domingo de ensueño es bastante complicado. Tocar después de los siempre espectaculares Twisted Sister, para empezar, ya es todo un problemón, y los chicos de Tom Araya y Kerry King, que por supuesto no pueden competir en carisma y movilidad con el incomparable Dee Snider, salieron más que airosos.

El escenario estaba decorado con un telón de fondo con la portada de Repentless en blanco y negro, y por suerte prescindieron de las cruces invertidas que llevaron en su última visita de Barcelona, un poco cutres y juveniles a mi juicio. También faltó su habitual pared de Marshalls, hoy sustituida por una simple fila a ras de suelo. Al hacer el trasvase de escenarios desde el concierto de Twisted Sister me coloqué delante a la izquierda, y solo necesitamos presenciar el inicio con “Repentless” y “Disciple” para darnos cuenta que ese sitio era totalmente erróneo, ya que únicamente escuchábamos batería y la guitarra de Gary Holt, sin rastro de la otra guitarra ni del bajo. Así que sacrificamos proximidad por sonido, fuimos un poco más atrás al centro, y salimos ganando masivamente con el cambio, disfrutando ya al 100% de un sonido contundente y cristalino cuando sonó la siempre espectacular “Postmortem”. El repertorio escogido me pareció muy equilibrado, parecido a lo que tocaron en diciembre pero con algunos cambios. La gran sorpresa fué la presencia de “Fight Til Death”, de su disco de début, y que yo no había escuchado nunca en directo. Por lo referente al resto, los clásicos imprescindibles que tocan en todos sus conciertos (“War Ensemble”, “Mandatory Suicide”, “Dead Skin Mask”, y el bis con “South of Heaven”, “Raining Blood” y “Angel of Death”), junto con las habituales “Seasons in the Abyss”, “Black Magic” y las ya mencionadas “Postmortem” y “Disciple”. De su época más moderna tocaron “Hate Worldwide” de su disco anterior, que no desentona en absoluto, y tres temas de su último trabajo, la inicial “Repentless”, la lenta y oscura “When Stillness Comes” y el último single, la más punkarra “You Against You”.

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Con la vuelta de Paul Bostaph a las baquetas, me resulta un poco frustrante que sigan dejando de lado los temas de Divine Intervention, que me parece un discazo. Ya no hablo de Diabolus in Musica, que a mí también me gusta mucho pero que es vilipendiado por la mayoría de fans, pero con Bostaph de nuevo en la banda, tendrían una excusa magnífica para desempolvar esos “Killing Fields”, “Dittohead” o “213” que nos encantan a muchos. Hace unos años viví un tiempo en Australia, y cuando Testament vinieron de gira presentando el genial The Formation of Damnation, los chicos de una tienda de instrumentos que solía frecuentar invitaron al bueno de Bostaph, por entonces batería de los californianos, a dar el primer clinic de su vida. Me caía al lado, así que por supuest fuí, y resultó ser una experiencia muy interesante. A parte de poder ver con detalle su humildad, su técnica y lo maquinón que es, un chico del público le comentó, referente a la eterna comparación con Dave Lombardo, que Paul podía tocar los temas de Dave exactamente como lo hace Dave, pero que Lombardo, siendo como es un batería impresionante, no puede ni soñar en tocar los de Bostaph como él. Siempre recordaré esta afirmación, y a partir de entonces me he fijado y efectivamente es así. Dave Lombardo es un batería espectacular, y es el batería de Slayer, pero el señor Bostaph está bastante menos considerado de lo que se merece. Por eso siempre pensé que la ausencia permanente de temas de la pasada época de Paul en la banda era porque Dave no se sentía cómodo con ellos, así que espero que con su vuelta en las próximas giras les den una oportunidad.

Hecho el inciso, me resulta complicado destacar temas en concreto de su actuación. El concierto fué compacto y brutal, los hts sonaron como los dioses, y los no tan hits fueron magníficos. Me es imposible ser objetivo. Slayer me encantan y una vez más dieron un bolazo, sacándome las fuerzas para dejarme el cuello y las cuerdas vocales, y cerrando el que para mí ha sido, hasta ahora, el mejor día de la corta historia de este festival. Y eso se consiguió sin cabeza de cartel definido… qué cosas, verdad?. El reto ahora es superarlo el año que viene. ¿Será posible? Ansias tengo por comprobarlo.

Susana Manzanares / Albert Vila / David Aresté