Apocalyptica – 9 Abril’18 – Teatro Nuevo Alcalá (Madrid)

Como en todo espectáculo teatral que se precie, la cola en la puerta del madrileño Teatro Nuevo Alcalá daba la vuelta a la esquina, dejando pocas dudas al respecto del éxito de esta gira de los finlandeses en un formato nunca visto hasta ahora.

Texto: Susana Manzanares
Fotos: Archivo MS

El madrileño Barrio de Salamanca estaba de enhorabuena esa tarde tomado por la escena rockera en dos distintas vertientes. Por un lado, multitud de fans recorrían las calles para no perderse la esperadísima gira del G3, cuya crónica os contamos hace pocos días, con Joe Satriani, John Petrucci y Uli J. Roth que tenía lugar en el Wizink Center y a pocos metros de allí Apocalyptica sacudirían las melenas cellos en alto al son de Metallica. Para los segundos, el emplazamiento no podía ser mejor escogido, en uno de los teatros de la capital que aún conserva la estética y el encanto clásico tan propio de estos lugares. Entre terciopelo rojo, ornamentos dorados y una acústica inmejorable no se me ocurre lugar más idóneo para disfrutar de un instrumento clásico como es el chelo, escupiendo heavy metal por cuadruplicado dándole así voz a los mejores temas de los de San Francisco… se puede pedir más? Seguro que sí, siempre se puede pedir más pero de momento nos conformamos.

Ya nada más entrar nos daban con amabilidad la bienvenida los acomodadores y las canciones de Metallica, que sonaban de fondo como aperitivo para ir entrando en materia. El teatro, con todas sus localidades vendidas desde hacía meses, se fue llenando con ordenada rapidez y puntualidad, por lo que no tuvimos que esperar mucho para que como mandan los cánones comenzara dentro de la hora estimada. Se apagan las luces, toman posiciones y empezamos, directos y sin rodeos a uno de los temas de más gancho de la banda, Enter Sandman entra tímidamente en escena y es recibida con todos los honores.

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Aun se nos hace raro no estar de pie cuando suenan los primeros acordes de Master Of Puppets, cosa que se remediaría rápidamente, pues a la primera que Perttu se levantó de su trono cello al vuelo, el público hizo lo mismo. Como siempre, al polvorilla del grupo le faltó tiempo para ir de un lado para otro del escenario y encargarse de borrar cualquier atisbo de timidez en el patio de butacas. A estas alturas de Harvester Of Sorrow ya tenía a todos en el bolsillo. Eicca, en su habitual papel de perfecto anfitrión hace un parón para dar la bienvenida y las gracias a los fans por todos estos años de apoyo, pues nunca pensaron allá por 1996 que llegarían a 22 años después con tantas copias vendidas del disco protagonista esta noche.

Momento más que apropiado para sonar The Unforgiven. Pero la calma dura poco y enseguida volvemos a las andadas con Sad But True y Creeping Death. A estas alturas Perttu ya no para en la silla, reparte su habitual locura por el escenario de un lado a otro y enredando por detrás de sus compañeros, lo cual le trae un pequeño problema a Eicca al que con tanta efusividad le roza el clavijero quedando resuelto en pocos instantes sin que la cosa fuera a más. Wherever I May Roam da paso al agradecimiento por acompañarlos también en esta gira 22 años después del primer disco al sereno e imperturbable Antero Manninen, su fiel compañero itinerante en la banda siempre tras sus gafas de sol. Tras ello Welcome Home (Sanitarium) pone punto final a la primera parte de la noche. Unos minutos de descanso para el público y para despejar el escenario retirando los cuatro paneles que tenían tras sus sillas y que tapaban la batería como si pretendieran esconderla, pero todos nos habíamos dado cuenta de su presencia y estábamos deseando escucharla.

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Ese momento fue con Fade To Black donde Mikko Sirén se coloca al mando de su especie de bateria industrial que parece sacada de una peli futurista tipo Mad Max o Waterworld, llena de cachiperres.. Como cambia todo con unos bombos… es sonar For Whom The Bells Tolls y el mundo se viene arriba, la banda animan a la gente a acercarse al escenario, pero sólo es posible un poco a los lados por motivos de seguridad, suficiente para que la mayoría del patio de butacas permanezca ya en pie lo que queda de concierto, imposible quedarse sentado con lo que viene… Esos primeros acordes de Fight Fire With Fire desencadenan el headbanging general. El buen ambiente no puede ser mejor a estas alturas, la banda comunicativa y cercana, Perttu que si Eicca ha ido a hacer pipí, Paavo que si se acerca al público y entre bromas y chascarrillos vuelve Eicca y presenta a Miko que ya llevaba un rato dándole a lo suyo y no le habían hecho los honores todavía.

Todo va viento en popa y con Until It Sleeps se sirven de bajar un poco el ritmo para dar paso al momentazo espectacular y mayúsculo para servidora: que suene Orion y que se pare el mundo. Pero hay que seguir, que aún queda un poco más de tiempo para para Escape, Battery y cómo no, Seek And Destroy que ya estaba tardando en llegar. Ahora si que estamos llegando al final y a pesar de lo atípico del teatro, todo concierto que se precie tiene sus bises, así que al compás de Thunderstrack se retiran para volver con decisión a poner el broche final con Nothing Else Matters tras la cual nos dan las gracias por venir, nos piden que nos cuidemos, que nos queramos y se despiden con One firmando con sus arcos una noche fuera de lo corriente para recordar o para repetir, quien sabe…

Texto: Susana Manzanares
Fotos: Archivo MS

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