“Un viaje sin rumbo. Una tonelada de drogas. El Mountain Grill. La gloria del rock. La sobredosis en el sótano. Y la idea persistente de alguien que camina estando ya muerto”

Este libro está formado por una única historia corta, escrita por el británico Michael Moorcock, en la que se saca de la tumba al músico e icono del rock Jimi Hendrix, apenas cuatro años después de su muerte. Nunca había leído al autor de este relato, originalmente publicado en el año 1974, y la sinopsis me dejó intrigada. También el tamaño es llamativo: es un libro muy breve y en un formato totalmente de bolsillo. El diseño colorido, la premisa casi psicodélica y la intriga de un Hendrix resucitado paseando por ahí tenían mi atención. “Cuento de fantasmas. Alucinación drogadicta. Fantasía macabra”. Estoy dentro.

“Cantante Muerto” ha viajado por varios formatos en sus largas décadas de existencia. Apareció ya en el año 1976 dentro de un libro que recopilaba varias historias cortas, “Book of Martyrs”. En conjunto, todas giraban en torno a conceptos similares y exploraban temas como la desesperación y la locura. La que nos ocupa es ahora una publicación independiente gracias a Aristas Martínez Ediciones, dentro de su colección “Centellas”, con una atractiva ilustración de cubierta de creada por El Marquès.

El protagonista es un pipa de grupos de rock de los años setenta, una perspectiva que me habría gustado que apareciera con más profundidad, aunque claro, al final tampoco es el tema que importa aquí. Este personaje se encuentra con un Hendrix resucitado (no le demos más vueltas, es algo que ha pasado y está bien así, no venimos a este cuento buscando realismo) y se van juntos de viaje por Inglaterra, todo un road trip con conversaciones sobre la situación social y cultural tras la muerte del artista, con una visión bastante desencantada. El relato sin duda resulta más interesante si estás familiarizado con la música y cultura de la época, pero no creo que sea algo estrictamente necesario ya que el propio libro ayuda a cualquiera que se haga con él.

Es importante conocer un poco a Moorcock, nacido a finales de los años treinta y dueño de una carrera que abarca unas cuantas disciplinas. Músico, compositor, guionista, periodista, editor, crítico y escritor de ciencia ficción y fantasía, una figura bastante influyente en su campo. Como dice Javier Calvo (también traductor del libro) en el prólogo, el autor es una figura de su tiempo, tanto por su estilo como por su apariencia. Hippie de manual, con su melena, collares de abalorios y botas de cowboy. Esta introducción es de lectura muy recomendada ya que funciona como contexto para entender al escritor, el momento de creación de esta obra y el texto en sí mismo.

Con Hendrix, como ha sucedido con otros artistas como Elvis o Jim Morrison, también se dio ese fenómeno de grandes teorías de la conspiración y no me sorprendería que tuviera sus propios avistamientos misteriosos después de la muerte. Yo era su peluquero, seguro que esos del gobierno estaban implicados en su fallecimiento, ese tipo de historias. Pero claro, aquí tenemos una puerta abierta al misterio y la fantasía más rocambolesca, ya que los últimos días de Hendrix antes de su muerte están envueltos en incógnitas y especulaciones. Tampoco es que este relato necesite muchas excusas: es una fantasía que va un paso más lejos.

Hendrix aquí es, además de compañero de viaje y muerto viviente, un marcador del fin de los sesenta que está descubriendo lo que ha quedado después de su generación y funciona como un espejo para el descontento y las ideas del autor. Un libro que va más allá de lamentar la pérdida de un icono y, siendo muy breve, se adentra en charlas casuales que tienen como fondo la contracultura, el arte y su sentido, las esperanzas, la decepción, los ciclos que se repiten, la integridad de un artista. Es una lectura extraña, una suerte de experimento que realmente tiene muchas capas, pero al mismo tiempo su brevedad y sencillez la hacen accesible para los curiosos.

Marta Montero