Sweden Rock – 5 de Junio 2026 – Sölvesborg
Después de la intensidad vivida durante la jornada anterior con Savatage e Iron Maiden, el Sweden Rock afrontaba otro día sin bajar el nivel en ningún momento. El calor volvió a ser protagonista desde primera hora de la mañana, convirtiendo cada concierto en un pequeño ejercicio de resistencia tanto para músicos como para el público. Aun así, nadie parecía dispuesto a perderse una programación que reunía nombres tan diversos como Robin McAuley, The Gathering, Dirkschneider, Overkill, Floor Jansen o Helloween.
El festival volvió a demostrar esa capacidad tan característica para alternar estilos completamente diferentes sin que el ritmo decayera. Del hard rock clásico al metal gótico, pasando por el rock progresivo, el thrash o el heavy metal más tradicional, la jornada fue creciendo poco a poco hasta desembocar en un cierre espectacular. Y, como ya venía siendo costumbre, la meteorología también quiso aportar su propia dosis de espectáculo.
Robin McAuley es ya un viejo conocido del público español. A lo largo de los últimos años ha visitado nuestro país en numerosas ocasiones, siendo la última por la primera edición del Rock The Sun de Barcelona. Precisamente aquella actuación servía como referencia para comprobar la evolución de un directo que, en esta ocasión, presentó una formación completamente distinta debido a la ausencia de una banda estable que lo acompañe en todas sus giras.



Lejos de centrarse en su último álbum en solitario, Soulbound, el cantante decidió mirar cuatro décadas atrás para recuperar prácticamente en exclusiva el repertorio de McAuley Schenker Group. Tal y como nos comentó durante la entrevista que mantuvimos con él semanas atrás, en 2026 se cumplen cuarenta años del nacimiento de aquella etapa y sentía que era el momento perfecto para volver a interpretar unas canciones que marcaron una época.
La diferencia respecto al concierto de Barcelona fue notable. La nueva banda se mostró mucho más implicada, intensa y compenetrada con McAuley, aportando la solidez necesaria para que clásicos como “Save Yourself”, “Anytime” o “Love Is Not a Game” recuperaran toda la fuerza que siempre han tenido sobre un escenario.



Robin volvió a conquistar al público gracias a esa mezcla de simpatía, cercanía y enorme profesionalidad que transmite en cada actuación. Vocalmente continúa ofreciendo un rendimiento admirable, fruto de la estricta disciplina que él mismo nos confesó mantener durante las giras. Además, no habrá que esperar demasiado para volver a verlo por nuestro país, ya que en otoño acompañará nuevamente a Michael Schenker en una nueva gira española.
Apenas terminada la comida, el Rock Stage recibía a The Gathering bajo un sol absolutamente implacable. Resultaba curioso ver a Anneke van Giersbergen y al resto de la banda completamente vestidos de negro mientras la temperatura seguía aumentando, como si el intenso calor no fuera con ellos. Sin embargo, nada consiguió alterar la serenidad con la que desarrollaron una actuación cargada de atmósferas y sensibilidad.



La respuesta del público fue magnífica. Pese al horario, una gran cantidad de aficionados decidió acercarse para disfrutar de una de las bandas más influyentes del metal gótico y progresivo europeo. Buena parte del protagonismo recayó sobre Mandylion, del que recuperaron algunas de sus composiciones más emblemáticas, despertando la nostalgia entre quienes llevan décadas siguiendo su trayectoria.
Quizá el único inconveniente fue precisamente el escenario elegido. Un repertorio tan lleno de matices y ambientes probablemente habría lucido todavía más dentro de una carpa o con una iluminación más favorable, donde todos esos pequeños detalles sonoros y visuales hubieran ganado todavía más protagonismo.



Anneke volvió a demostrar por qué sigue siendo una de las grandes voces del género. Su interpretación fue impecable de principio a fin, manteniendo intacta esa capacidad para emocionar con aparente facilidad. Afortunadamente no tendremos que esperar demasiado para volver a disfrutar de The Gathering, ya que la banda también estará presente en la próxima edición del Rock Imperium Festival.
El progresivo tuvo su espacio durante la jornada gracias a The Flower Kings, una de las escasas propuestas del género presentes en toda la programación del Sweden Rock. Los suecos llegaban presentando Love, publicado en 2025, del que incorporaron varias composiciones a un repertorio donde tampoco faltaron algunos de sus grandes clásicos.



El intenso sol seguía castigando con fuerza el Blåkläder, pero eso no impidió que un buen número de seguidores se reuniera para contemplar el inconfundible universo musical de Roine Stolt. Vestidos impecablemente, casi como si fueran a actuar en un elegante teatro en lugar de un festival al aire libre, el grupo volvió a transmitir esa elegancia que siempre ha acompañado su propuesta.
Musicalmente todo sonó con una claridad extraordinaria. Las largas estructuras, los cambios de dinámica y las complejas armonías encontraron el aliado perfecto en un sistema de sonido que permitió apreciar cada detalle de unas composiciones que requieren una atención muy distinta a la de otros estilos presentes en el festival.



Hace ya bastante tiempo que The Flower Kings no visitan España, por lo que actuaciones como esta sirven para recordar el enorme nivel que sigue manteniendo una de las grandes referencias del rock progresivo europeo.
A estas alturas ya casi hemos perdido la cuenta de las veces que Udo Dirkschneider ha anunciado que dejaría de interpretar canciones de Accept. Posiblemente compita con Scorpions por el récord de despedidas, pero lo cierto es que, viendo la respuesta del público, cuesta imaginar que pueda renunciar definitivamente a un repertorio tan legendario.



Su actuación recordando el “Balls to the Walls” en el Festival Stage fue sencillamente arrolladora. A pleno sol, miles de personas acompañaron cada uno de los clásicos de Accept como si estuvieran asistiendo a una reunión irrepetible. Algo muy parecido ya vivimos durante su reciente paso por España, donde quedó claro que estas canciones siguen conservando intacto todo su poder.
Con Peter Baltes ocupando nuevamente el bajo, la conexión con la época dorada de Accept resultó todavía más evidente. “Fast as a Shark”, “Metal Heart”, “Princess of the Dawn” o el imprescindible “Balls to the Wall” fueron recibidos con auténtica euforia, convirtiendo la explanada en un gigantesco coro de aficionados.



Tema tras tema, el concierto fue creciendo hasta convertirse en uno de los momentos más celebrados de toda la jornada. Era una apuesta ganadora desde el mismo instante en que se anunció su presencia en el cartel y, por fortuna, volveremos a disfrutar de Dirkschneider muy pronto durante su participación en el próximo Gineta Rock.
Sin apenas tiempo para recuperarnos, tocaba volver a enfundarse el chaleco de parches para recibir a Overkill. Los neoyorquinos demostraron una vez más que siguen siendo una de las máquinas de guerra más fiables del thrash metal, ofreciendo un concierto directo, agresivo y completamente implacable.



El repertorio recorrió buena parte de su carrera alternando composiciones recientes como “Scorched” con clásicos imprescindibles como “Rotten to the Core”, “Hello From the Gutter”, “Ironbound” o “Elimination”. Desde las primeras filas comenzaron a formarse pogos prácticamente desde el inicio, mientras los riffs se sucedían sin conceder un solo respiro.
Bobby “Blitz” Ellsworth volvió a ejercer de perfecto maestro del caos. Su inconfundible personalidad sobre el escenario, mezcla de energía desbordante y absoluta locura controlada, sigue siendo una de las grandes señas de identidad de Overkill y uno de los motivos por los que la banda continúa funcionando con tanta eficacia en directo.



A su alrededor, el grupo sonó como una auténtica apisonadora. La base rítmica volvió a sostener un muro de sonido demoledor que confirmó, una vez más, el excelente estado de forma que atraviesa la banda. Dentro de muy poco volveremos a tener ocasión de comprobarlo en nuestro país con su participación en el Zurbarán Rock.
Con el Rock Stage nuevamente castigado por un sol implacable, Floor Jansen apareció vestida completamente de negro, haciendo que más de uno nos preguntáramos cómo era posible soportar semejante temperatura bajo aquellos focos naturales. La vocalista, sin embargo, no pareció acusar el esfuerzo y volvió a ofrecer una interpretación impecable de principio a fin.



Su repertorio sirvió para recorrer prácticamente toda su trayectoria, alternando composiciones de su carrera en solitario con un amplio repaso a Nightwish, ReVamp, After Forever e incluso Northward. Fue un concierto pensado tanto para quienes la descubrieron con Nightwish como para quienes llevan siguiendo su carrera desde mucho antes.
Especialmente emocionante resultó la recuperación de “Face Your Demons”, una auténtica joya de la etapa de After Forever que muchos llevaban años esperando volver a escuchar en directo. Además, la banda que la acompañó ofreció un rendimiento sobresaliente, hasta el punto de demostrar que varias composiciones de Nightwish ganan todavía más fuerza con dos guitarras y un bajista de semejante nivel.



Vocalmente, Floor volvió a situarse varios escalones por encima de la mayoría de intérpretes actuales. Su facilidad para pasar de registros más delicados a otros completamente operísticos continúa siendo asombrosa. Queda ahora por descubrir cuáles serán sus próximos pasos, tanto en su carrera en solitario como en el futuro de Nightwish, una incógnita que seguiremos muy de cerca.
Los siguientes en tomar el relevo fueron The Hellacopters, otra de esas instituciones del rock escandinavo que siempre encuentran en Sweden Rock uno de sus hábitats naturales. Los suecos llegaban presentando su último trabajo, Overdriver, del que interpretaron varias composiciones repartidas a lo largo de un repertorio donde tampoco faltaron los grandes clásicos de su carrera.



Para entonces comenzaban a aparecer las primeras nubes y una ligera lluvia hizo acto de presencia durante parte del concierto. Nada especialmente preocupante, apenas un refresco para una jornada marcada hasta ese momento por un calor sofocante. Ni la banda ni el público parecieron darle la menor importancia y el ambiente continuó creciendo canción tras canción.
Uno de los alicientes para el público español era volver a ver sobre el escenario a LG Valeta, recordado por su etapa en los desaparecidos ’77, ya plenamente integrado como guitarrista de la formación. Junto a Nicke Andersson volvió a formar una pareja perfectamente compenetrada, aportando todavía más pegada a un sonido que mantiene intacta toda la esencia del rock escandinavo.



Con “Toys and Flavors”, “By the Grace of God”, “Soulseller” o el inevitable “(Gotta Get Some Action) Now!” terminaron de calentar el ambiente antes de uno de los platos fuertes de la noche. La respuesta del público fue magnífica, confirmando que The Hellacopters siguen siendo una apuesta segura sobre cualquier escenario.
Si durante los días anteriores la lluvia había aparecido de manera casi anecdótica, con Foreigner llegó el auténtico diluvio. Asegurándose que Eddie había abandonado el recinto, los dioses suecos decidieron descargar toda su furia sobre el festival en forma de un chaparrón espectacular que durante unos minutos convirtió el recinto en una auténtica cortina de agua. Durante unos minutos daba exactamente igual quién estuviera tocando. El duelo pasó a librarse entre Foreigner y el cielo sueco… y ninguno de los dos parecía dispuesto a ceder.
Lo más sorprendente fue que absolutamente nadie dio un paso atrás. Ni la banda abandonó el escenario ni el público buscó refugio. Todos aguantaron estoicamente mientras el concierto continuaba con total normalidad, como si semejante tromba de agua formara parte del espectáculo previsto.
Y, de la misma forma que llegó, la lluvia desapareció. Apenas quedaron cuatro charcos repartidos por el recinto. No hubo barro, ni cancelaciones, ni retrasos, ni interrupciones. En pocos minutos todo volvió a la normalidad con una naturalidad casi insultante. Eso también es Sweden Rock: una organización que parece preparada para cualquier situación imaginable.
La jornada nos obligó además a tomar una difícil decisión periodística. La reina del punk, Joan Jett, había decidido que la prensa no podía realizar fotografías ni desde el foso ni desde ninguna otra parte del recinto.
Tras valorar cuidadosamente todas las alternativas disponibles y comprobar que ninguna incluía una cámara apuntando al escenario, optamos por la única solución lógica posible: irnos a cenar. No todos los días una cabeza de cartel organiza la pausa para la cena con tanta amabilidad.
Si para muchos Iron Maiden y Savatage habían marcado el punto culminante de la jornada anterior, el último gran momento del festival llevaba inevitablemente el nombre de Helloween. Los alemanes continúan celebrando su cuarenta aniversario con una gira que reúne nuevamente sobre el escenario a Michael Kiske, Andi Deris y Kai Hansen, una combinación sencillamente irrepetible para cualquier aficionado al power metal.



Desde el primer minuto quedó claro que el Rock Stage se les había quedado pequeño. La producción que acompañaba a la banda, las enormes pantallas, el juego de luces y la propia dimensión del espectáculo pedían un escenario todavía mayor. Resultaba difícil no pensar que una celebración de semejante importancia merecía incluso más espacio del que ya ofrecía el principal escenario del festival.
El concierto mantuvo prácticamente el mismo esquema que pudimos disfrutar durante su reciente paso por Madrid, aunque eso no restó ni un ápice de emoción. “March of Time”, “Future World”, “Eagle Fly Free”, “Dr. Stein”, “I Want Out” o la monumental “Halloween” fueron cayendo una tras otra con una naturalidad pasmosa, mientras las tres voces se iban alternando constantemente y Kai Hansen seguía demostrando que continúa siendo una pieza absolutamente imprescindible dentro del universo Helloween.



La compenetración entre Kiske y Deris sigue siendo una de las grandes claves de esta reunión. Lejos de competir entre ellos, ambos se complementan perfectamente, permitiendo que cada canción conserve la personalidad de la etapa para la que fue concebida. A ello se suma una banda que atraviesa probablemente uno de los mejores momentos de toda su historia, con una ejecución impecable durante las casi tres horas de espectáculo.
Más allá de la nostalgia, Helloween transmitió la sensación de estar viviendo un nuevo momento dorado. No fue únicamente un homenaje al pasado, sino la demostración de que cuarenta años después continúan siendo una referencia absoluta dentro del heavy y el power metal. Para muchos —entre los que nos incluimos— fueron los auténticos vencedores de la jornada y uno de los conciertos imprescindibles de todo el Sweden Rock 2026.
La cancelación de KanonenFieber obligó a la organización a reaccionar con rapidez y encontró una solución de lo más peculiar. Guitar Wolf, que se encontraba de gira por Dinamarca, recibió la llamada del festival y, por supuesto, aceptó sin pensárselo demasiado. Los japoneses aterrizaron así en uno de los escenarios pequeños para demostrar que, después de tres días de festival, todavía era posible subir un punto más el nivel de locura. Aquí no había espacio para el virtuosismo académico, sino para el garage rock, el punk, el ruido y una actitud completamente desatada.



“Jet Generation”, “Invader Ace”, “Kick Out the Jams” y el cierre con “Fujiyama Attack” terminaron de convertir aquello en una despedida tan absurda como divertida. Después de cuatro días de heavy, hard rock, progresivo, thrash, lluvia y calor, Sweden Rock todavía encontró tiempo para llamar a tres japoneses que pasaban por Dinamarca y decirles: “¿Os apetece cerrar el día?”. Y, por suerte para todos, la respuesta debió de ser un rotundo “sí”. Porque pocas formas más gamberras podían imaginarse para bajar definitivamente la persiana del tercer día.
Susana Manzanares / David Aresté



