Sweden Rock – 4 de Junio 2026 – Sölvesborg
Si el miércoles había servido para descubrir el ritmo del Sweden Rock Festival, el jueves era el día señalado por la inmensa mayoría de los asistentes. Iron Maiden encabezaba un cartel sencillamente espectacular, pero alrededor de los británicos aparecían nombres como Savatage, Saxon, Pain, Trivium o Masterplan, convirtiendo la jornada en una auténtica carrera de fondo para cualquiera que quisiera verlo todo. El cielo, además, seguía amenazando con convertirse en un protagonista más después de las lluvias del día anterior. Todavía no sabíamos que acabaría siendo uno de esos días en los que hasta la meteorología parecía formar parte del espectáculo.
No todos los festivales consiguen reunir a tanta gente frente a uno de sus escenarios principales a primera hora de la mañana, pero Eclipse jugaba prácticamente en casa y eso se notó desde el primer minuto. El Rock Stage presentó un aspecto magnífico para recibir a una de las bandas de hard rock más queridas de Suecia, que además no escatimó en medios pese al horario. La enorme pantalla situada al fondo del escenario y un abundante uso de pirotecnia hicieron que el concierto tuviera una producción propia de un cabeza de cartel.



Aunque la gira continúa ligada a la etapa de Megalomanium, fue Wired el álbum del que extrajeron un mayor número de canciones. Desde el inicial “Twilight” hasta “Saturday Night (Hallelujah)”, la banda fue enlazando himnos con una facilidad pasmosa, demostrando el excelente momento creativo que atraviesa.
Erik Mårtensson volvió a ejercer de líder absoluto, alternando momentos de cercanía con un impecable trabajo vocal y una banda perfectamente engrasada. La interpretación de “Anthem”, comenzando únicamente con su guitarra antes de que entrara el resto del grupo, fue uno de los momentos más celebrados de la actuación.



El cierre con “Viva la Victoria”, incluyendo un guiño a “Where Eagles Dare” de Iron Maiden, terminó de conquistar a un público que respondió desde el primer acorde. Un repertorio seguro, efectivo y perfectamente diseñado para arrancar la jornada de la mejor manera posible. La elección resultó todavía más curiosa al producirse con la gigantesca águila de Saxon ya instalada sobre el escenario principal, esperando pacientemente su turno para entrar en acción horas más tarde. Un pequeño detalle que no pasó desapercibido para los más observadores y que puso el broche a una actuación tan efectiva como celebrada por el público. Los tendremos en el próximo Rock The Sun.
Resultó cuanto menos curioso encontrar a una banda del calibre de Trivium actuando prácticamente a la hora de comer. Aun así, la coincidencia con Masterplan apenas afectó a la afluencia de público, ya que miles de personas volvieron a concentrarse frente al Rock Stage para recibir a los estadounidenses.



El grupo planteó un recorrido muy equilibrado por toda su trayectoria, alternando clásicos como “Pull Harder on the Strings of Your Martyr” o “Down From the Sky” con composiciones más recientes como “The Sin and the Sentence” o “Catastrophist”. Todo sonó con una contundencia admirable gracias al extraordinario sistema de sonido del festival.



Matt Heafy volvió a demostrar por qué es uno de los grandes frontman del metal moderno. Elegante sobre el escenario, magnético y con una disciplina casi marcial, lideró a la banda con un registro vocal impecable mientras exhibía la imponente colección de tatuajes que cubre prácticamente todo su torso. Su presencia escénica resultó casi hipnótica.
Musicalmente, Trivium se mostró afilado, compacto y demoledor, cerrando con un explosivo “In Waves” que convirtió la explanada en un auténtico hervidero. Como curiosidad, hacía tiempo que no veíamos unas camisetas con unos diseños tan espectaculares como los de la banda.
Mientras Trivium dominaba en uno de los escenarios principales, Masterplan reunía en el Sweden Stage a una nutrida legión de seguidores del power metal más clásico. El grupo continúa preparando el lanzamiento de su nuevo trabajo de estudio, previsto para finales de este mismo mes, aunque el protagonismo volvió a recaer sobre su histórico álbum de debut, del que interpretaron prácticamente la mitad del repertorio como hicieron en su último paso por Madrid.



Canciones como “Spirit Never Die”, “Enlighten Me” o “Crystal Night” siguen conservando intacta toda su magia. Son composiciones que marcaron una época y que continúan funcionando de maravilla sobre un escenario, especialmente gracias a la enorme calidad instrumental que siempre ha caracterizado a la formación.
Rick Altzi volvió a demostrar que es un cantante de enormes recursos y un auténtico veterano curtido en mil batallas. Sin embargo, resulta inevitable que sobre determinadas canciones planee la larguísima sombra de Jorn Lande, especialmente en un debut tan icónico como el de Masterplan. Más que una crítica, es el reflejo de la enorme importancia que aquellas interpretaciones tuvieron para toda una generación de aficionados.



Quien volvió a mostrarse impecable fue Roland Grapow. Su elegancia a la guitarra continúa siendo una de las grandes señas de identidad de la banda, aportando clase y buen gusto a un repertorio que además se benefició, como prácticamente todo el festival, de un sonido extraordinario. Su nuevo disco ya está a la venta y veremos hacia donde se dirige la siguiente etapa del grupo.
Todavía teníamos muy presente la magnífica impresión que Dino Jelusick había dejado durante su reciente visita a Madrid, para presentar Apolitical Ecstasy, su segundo disco. por lo que existía una enorme curiosidad por comprobar cómo funcionaba su proyecto en un festival de estas dimensiones. Aunque actuó en uno de los escenarios pequeños, la respuesta del público fue realmente calurosa.



El repertorio sirvió para presentar canciones de sus dos trabajos en solitario, alternando momentos de hard rock contemporáneo con otros más cercanos al metal melódico. También hubo espacio para una divertida versión de “The Look” de Roxette y para celebrar sobre el escenario el cumpleaños del propio Dino con un multitudinario “Happy Birthday”.
Si algo volvió a quedar claro es que Jelusick posee una capacidad vocal absolutamente fuera de lo común. Pocos cantantes actuales pueden alternar potencia, técnica y expresividad con semejante facilidad, mientras mantiene una presencia escénica que atrapa al espectador desde el primer instante.



A su alrededor encontramos una banda igual de sólida, técnica y contundente que la que recordábamos en Madrid. Todo sonó enorme, confirmando que el proyecto continúa creciendo paso a paso. Viendo el nivel mostrado en Suecia, resulta inevitable preguntarse cuál será su siguiente movimiento, porque todo apunta a que volverá a sorprendernos.
Como sucede en todos los grandes festivales, Sweden Rock también reserva espacio para que el público internacional descubra algunas de las grandes figuras locales. En ese apartado, pocas propuestas resultaban tan interesantes como Wilmer X, auténtica institución del rock sueco. Liderados por Nisse Hellberg y Jalle Lorensson desde finales de los años setenta, el grupo lleva más de cuatro décadas mezclando con personalidad rock clásico, blues, country y power pop, convirtiéndose en una de las bandas más respetadas de su país.



Su actuación fue una auténtica demostración de oficio y experiencia. Sin necesidad de grandes artificios, fueron enlazando clásicos como “Jag är bara lycklig när jag dricker”, “Vem får nu se alla tårar?” o “Teknikens under”, conquistando tanto a sus fieles seguidores como a muchos curiosos que se acercaban por primera vez. Fue uno de esos conciertos que explican perfectamente la filosofía del Sweden Rock Festival: combinar grandes nombres internacionales con artistas fundamentales para entender la historia del rock sueco.
Con la tarde entrando ya en su tramo decisivo, Sweden Rock comenzó a mirar definitivamente hacia los grandes nombres de la noche. A pleno sol y con un calor más que considerable, Peter Tägtgren apareció sobre el escenario envuelto en una especie de abrigo-capa que contrastaba completamente con la temperatura que soportaba el público. Un detalle que no dejó de llamar la atención antes incluso de que comenzara la descarga industrial de Pain. Solo alguien con su personalidad podía permitirse semejante extravagancia sin perder un ápice de credibilidad.



La banda ofreció una auténtica fiesta de metal industrial, combinando riffs pesados, bases electrónicas y estribillos pensados para ser coreados. El repertorio estuvo muy centrado en su etapa más reciente, con varias composiciones de I Am, aunque tampoco faltaron clásicos imprescindibles como “Same Old Song”, “Shut Your Mouth”, “Party in My Head” o “Zombie Slam”, que mantuvieron al público en constante movimiento.
Tägtgren volvió a ejercer como el perfecto maestro de ceremonias, alternando la contundencia de los temas más agresivos con ese punto desenfadado que siempre ha caracterizado a Pain. A su alrededor, la banda sonó compacta y poderosa, beneficiándose una vez más del magnífico sonido que reinó durante todo el festival y que permitió apreciar cada matiz de una propuesta donde la electrónica y las guitarras conviven con absoluta naturalidad.



Convertidos desde hace años en toda una institución dentro de la escena sueca, Pain demostraron que siguen atravesando un excelente momento de forma. Su concierto fue una inyección de energía en plena tarde y confirmó que el proyecto de Peter Tägtgren continúa siendo una referencia imprescindible para entender la evolución del metal industrial europeo.
Todavía con el recuerdo muy reciente de su esperado regreso a los escenarios el año anterior, Savatage volvió a demostrar en Sweden Rock que su reunión no responde únicamente a un ejercicio de nostalgia. La banda continúa ofreciendo un recorrido generoso por prácticamente toda su discografía, reivindicando diferentes etapas de una trayectoria irrepetible dentro del heavy metal estadounidense. Desde la introducción de “Dead Winter Dead” enlazada con “Jesus Saves”, quedó claro que el grupo había salido decidido a jugar para ganar. La intensidad del arranque fue sencillamente espectacular, con “The Wake of Magellan” completando un inicio difícilmente mejorable y recordando por qué estas composiciones siguen ocupando un lugar privilegiado en la memoria de tantos aficionados.



A nivel interpretativo, todo funcionó con la precisión y el dramatismo que siempre han caracterizado a Savatage. Canciones como “Strange Wings”, “Sirens”, la recuperada “Lights Out” o “Chance” fueron construyendo una actuación que alternó fuerza, teatralidad y emoción a partes iguales. Además, como ya ocurrió durante todo el festival, el sonido volvió a ser sobresaliente, permitiendo apreciar cada matiz de unas composiciones tan complejas como exigentes. Todo sonaba enorme, equilibrado y perfectamente definido, algo especialmente importante en una banda donde conviven tantos cambios de dinámica y arreglos elaborados.
Pero si hubo un momento destinado a quedar grabado en la memoria de los asistentes fue “Handful of Rain”. Al presentar la canción, Zak Stevens levantó la vista hacia el cielo y lanzó una especie de llamamiento a los “dioses”, comentando que iban a interpretar precisamente ese tema. Lo que ocurrió a continuación resultó tan inesperado como fascinante. Apenas unos minutos después comenzó a llover sobre el festival. Primero tímidamente, después con más intensidad. Fue uno de esos instantes imposibles de planificar que terminan convirtiéndose en parte de la leyenda de un concierto. Si el día anterior la lluvia había sido la compañera salvaje del show de Michael Monroe, aquí adquirió una dimensión completamente épica. Y lo más curioso es que, mientras el agua caía con más fuerza, parecía que la música ganaba todavía más profundidad y emoción.



La recta final alcanzó cotas difícilmente superables. “Believe”, con la aparición de Jon Oliva en pantalla interpretando la introducción al piano y la voz, provocó uno de los momentos más emotivos de todo el festival. Más de uno no pudo contener las lágrimas cuando el resto de la banda se incorporó tras el primer estribillo, en un homenaje tan sentido como hermoso. A partir de ahí llegaron la sofisticación progresiva de “Gutter Ballet”, un inolvidable “Edge of Thorns” cantado por miles de gargantas al unísono y el cierre demoledor formado por “Power of the Night” y “Hall of the Mountain King”. En esta última brillaron especialmente Chris Caffery y Al Pitrelli con ese riff inconfundible, sus grandes solos y la teatral interpretación de Zak Stevens. Mientras la banda continúa recorriendo Europa con citas tan especiales como el Anfiteatro de Pompeya, sigue abierta la incógnita sobre cuándo podrá retomarse definitivamente el esperado nuevo disco de estudio que Jon Oliva lleva años adelantando. Después de una actuación como esta, las ganas de escuchar nuevo material son todavía mayores.
La magia que había dejado Savatage seguía flotando sobre el Sweden Rock cuando llegó el momento de recibir a Iron Maiden. La lluvia continuaba cayendo, aunque de forma mucho más llevadera que durante el concierto anterior. Social Distortion se había llevado la peor parte del temporal, pero parecía que los dioses suecos entendían perfectamente quién estaba a punto de ocupar el escenario principal. Después de todo, Eddie podía aparecer en cualquier momento entre nubes, humo y telones gigantes, y nadie quería estropear la ceremonia. Con “Doctor Doctor” de UFO sonando por los altavoces y decenas de miles de personas concentradas frente al escenario, la expectación alcanzó niveles difíciles de igualar para cualquier otra banda del festival.



Iron Maiden continúa inmersa en la gira Run For Your Lives, concebida para celebrar sus cincuenta años de historia. El concepto es tan sencillo como irresistible para cualquier seguidor: un repertorio construido exclusivamente a partir de los nueve primeros discos de estudio del grupo. Ya habíamos podido disfrutar de este espectáculo durante su paso por Madrid meses atrás y, lejos de perder impacto, la propuesta sigue creciendo a medida que avanza la gira. Este segundo tramo ocupará buena parte de 2026 antes de que la banda se tome un merecido descanso en 2027, permitiendo a miles de aficionados reencontrarse con algunas de las canciones más importantes de toda la historia del heavy metal.
El comienzo fue una auténtica declaración de intenciones. “The Ides of March” abrió las puertas a una sucesión de clásicos pertenecientes a la etapa de Paul Di’Anno, con “Murders in the Rue Morgue”, “Wrathchild” y “Killers” sonando con una fuerza impresionante. La aparición de Eddie durante esta última provocó el primer gran estallido de la noche, demostrando que algunos elementos jamás pierden su capacidad para emocionar al público. Ver a Iron Maiden reivindicando con tanta decisión sus primeros años es uno de los grandes aciertos de esta gira y una muestra más del respeto que la banda siente por toda su propia historia.



A partir de ahí el concierto comenzó a elevar todavía más el nivel. “Phantom of the Opera” volvió a confirmar la extraordinaria riqueza compositiva de aquellos primeros trabajos, mientras que “The Number of the Beast” convirtió el recinto en una gigantesca celebración colectiva. Uno de los aspectos que más llaman la atención en esta gira es el excelente estado de forma de Bruce Dickinson. Más allá de las inevitables diferencias respecto a décadas anteriores, sigue siendo un frontman excepcional, dominando el escenario con una autoridad y una energía que muy pocos artistas conservan tras una carrera tan larga.
La recuperación de “Infinite Dreams” fue recibida como uno de los grandes regalos de la noche. La canción mantiene intacta toda su capacidad para emocionar, alternando momentos íntimos con explosiones de intensidad que siguen poniendo los pelos de punta. A continuación llegaron “Powerslave” y “2 Minutes to Midnight”, dos piezas fundamentales del repertorio de la banda que volvieron a sonar enormes gracias a una interpretación impecable y a una producción visual sencillamente espectacular.



Mención especial merece “Rime of the Ancient Mariner”, una de esas composiciones que justifican por sí solas la existencia de esta gira. Inspirada en el célebre poema de Samuel Taylor Coleridge, la canción continúa siendo una de las obras más ambiciosas jamás compuestas por Iron Maiden y un magnífico ejemplo de cómo la literatura y el heavy metal pueden encontrarse con absoluta naturalidad. Lejos de apostar únicamente por los éxitos más evidentes, la banda ha decidido reivindicar también su faceta más progresiva y narrativa, recuperando una pieza que sigue impresionando tanto por su complejidad como por la forma en la que cobra vida sobre el escenario.
La recta final del repertorio principal estuvo repleta de momentos memorables. La segunda aparición de Eddie durante “The Trooper” fue recibida con el entusiasmo habitual, mientras que “Hallowed Be Thy Name” volvió a recordar por qué sigue siendo una de las grandes obras maestras del heavy metal. El cierre con “Iron Maiden” dejó al público completamente entregado antes de un bis que aún guardaba algunos de los momentos más celebrados de toda la actuación.



Tras el discurso de Churchill llegó “Aces High”, seguida por una monumental “Fear of the Dark” que transformó el recinto en un gigantesco coro al aire libre. “Wasted Years” (del Somewhere in Time que ya cumple 40 años) puso el broche perfecto a una noche inolvidable mientras, curiosamente, la lluvia terminaba por desaparecer casi por completo. Después de ver a Zak Stevens invocar el agua durante Savatage y comprobar cómo el cielo se abría sobre el festival, no faltó quien pensara que Eddie había decidido poner orden unas horas más tarde y cerrar definitivamente el grifo. Bromas aparte, la sensación al abandonar el recinto era inequívoca: cincuenta años después de su nacimiento, Iron Maiden sigue ofreciendo espectáculos que muy pocas bandas en el mundo pueden igualar. No viven de su leyenda; continúan engrandeciéndola concierto tras concierto.
Si había una banda capaz de mantener el nivel después del extraordinario doblete formado por Savatage e Iron Maiden, esa era Saxon. Los británicos afrontaron el reto con la naturalidad de quien lleva casi cinco décadas defendiendo el heavy metal sobre los escenarios de todo el mundo. Además, Biff Byford volvió a demostrar el magnífico estado de forma que ya pudimos comprobar durante su reciente visita a Madrid, completamente recuperado de los problemas de salud que marcaron los últimos meses.



La gira continúa sirviendo también para reivindicar el enorme legado de Denim and Leather, uno de los discos fundamentales de la Nueva Ola del Heavy Metal Británico. Sin renunciar a su trabajo más reciente, el grupo fue enlazando clásicos como “Power and the Glory”, “Heavy Metal Thunder”, “Strong Arm of the Law”, “747 (Strangers in the Night)” o “Wheels of Steel”, manteniendo al público completamente entregado de principio a fin.
Tras la lluvia casi sobrenatural que acompañó a Savatage y el espectáculo visual desplegado por Iron Maiden, todavía quedaba tiempo para mirar una vez más al cielo. La enorme águila que presidió el escenario durante parte del concierto volvió a recordar aquellas grandes producciones de los años ochenta, demostrando que Saxon continúa cuidando su puesta en escena sin perder la esencia de una banda de heavy metal clásica.



El broche llegó con “Princess of the Night”, interpretada parcialmente por cuestiones de horario, dejando la sensación de que el concierto podría haber continuado durante mucho más tiempo. Pocas bandas envejecen con tanta dignidad como Saxon. Su capacidad para seguir sonando poderosa, convincente y absolutamente fiel a sí misma continúa siendo una de las grandes lecciones que ofrece el heavy metal clásico.
Mientras la inmensa mayoría del público seguía entregada a Saxon, otra pequeña legión de auténticos devoradores de mástiles decidió cruzar el recinto para ver a John 5. Era una de esas decisiones imposibles que solo provocan los grandes festivales: heavy metal clásico o una exhibición de técnica guitarrística. El actual guitarrista de Mötley Crüe y antiguo escudero de Marilyn Manson reunió a un nutrido grupo de fieles, curiosos y amantes de las seis cuerdas dispuestos a contemplar una nueva demostración de velocidad, técnica y virtuosismo. Con su inseparable Telecaster y esa mezcla tan particular de shred, country, rock y metal, fue encadenando filigranas imposibles y carreras por el mástil a una velocidad que obligaba a mirar dos veces para comprobar que efectivamente todas aquellas notas salían de las manos de una sola persona.



A esas horas, más que un concierto, aquello parecía una reunión de resistentes. Los que todavía conservaban energía después de una jornada que había comenzado con Eclipse y había pasado por Trivium, Savatage y Iron Maiden encontraron en John 5 la última parada antes de rendirse definitivamente. Mientras algunos intentaban descifrar qué demonios acababa de tocar y otros simplemente asentían impresionados, el Sweden Rock iba apagando poco a poco sus luces. Y probablemente era lo mejor, porque si el día hubiera durado dos horas más alguien habría invocado otra tormenta, Eddie habría vuelto a salir desde las nubes vestido de vikingo a poner orden y el águila de Saxon habría terminado sobrevolando el camping. Con las piernas destrozadas, la ropa todavía húmeda por momentos y la sensación de haber vivido una de esas jornadas que justifican por sí solas un viaje a Suecia, tocaba retirarse. Al día siguiente aún quedaba festival, pero el jueves había puesto el listón absurdamente alto.
Susana Manzanares / David Aresté



