Linkin Park + Clipse + Phantogram – 24 de Junio 2026 – Auditorio Miguel Ríos (Rivas Vaciamadrid – Madrid)
Dos años después del lanzamiento de From Zero, Linkin Park aterrizaba por fin en Madrid con la producción completa de la gira de su nuevo trabajo. Tras una primera noche que confirmó el enorme interés que seguía despertando la banda en nuestro país, el grupo regresó al escenario para ofrecer el segundo de sus conciertos en la capital, una actuación que sirvió para demostrar que esta nueva etapa ya ha dejado atrás el factor sorpresa. El tiempo ha permitido a Emily Armstrong integrarse plenamente en la formación y al grupo desarrollar un espectáculo que combina con naturalidad el legado de su catálogo con las canciones de una nueva era.
Antes de la aparición de Linkin Park, Phantogram y Clipse repitieron como encargados de abrir la velada, afrontando el intenso calor que dominó Madrid durante buena parte de la jornada. Afortunadamente, la temperatura fue descendiendo con la llegada de la noche y permitió que las más de dos horas de concierto se desarrollaran en unas condiciones mucho más llevaderas para banda y público.

Uno de los aspectos más destacados del espectáculo fue, sin duda, su producción. El escenario estaba presidido por enormes pantallas laterales y un gigantesco fondo LED que acompañaba constantemente cada canción mediante visuales cuidadosamente diseñadas o mostrando en primer plano a los miembros de la banda. En el centro destacaba un potente cañón láser que, combinado con el resto de la iluminación, generaba algunos de los momentos más espectaculares de la noche. A ello se sumaron explosiones de confeti, cañones de humo y un apartado visual que convirtió el concierto en una auténtica experiencia multimedia.
Lejos de presentar un repertorio construido únicamente alrededor de los grandes éxitos, Linkin Park volvió a dividir el concierto en cuatro actos claramente diferenciados (como publicamos en el setlist de días anteriores), una estructura que permitió alternar momentos de enorme intensidad con otros mucho más íntimos. Las distintas introducciones audiovisuales y musicales ayudaban a dar continuidad al espectáculo, reforzando la sensación de estar asistiendo a una obra cuidadosamente diseñada de principio a fin.

El protagonismo de From Zero fue evidente durante toda la noche, aunque sin desplazar a los grandes clásicos que han convertido a Linkin Park en una de las bandas más importantes de las últimas dos décadas. “The Emptiness Machine”, “Two Faced”, “Heavy Is the Crown” o “Overflow” convivieron con absoluta naturalidad junto a himnos como “Crawling”, “Numb”, “In the End”, “Faint” o “Breaking the Habit”, demostrando que, después de dos años de gira, el nuevo material ya ha encontrado su sitio dentro del repertorio.
Si alguien continúa ejerciendo como auténtico director de orquesta dentro de Linkin Park ese es Mike Shinoda. Rap, guitarra, piano, interacción constante con el público e incluso incursiones entre los asistentes; su presencia resulta determinante para mantener el ritmo de un espectáculo que apenas concede respiro. A su alrededor gira una banda que funciona con enorme precisión y donde cada músico desempeña un papel perfectamente definido.

Emily Armstrong volvió a superar con nota una prueba de enorme exigencia. Durante buena parte del concierto se mostró contenida tras el pie de micrófono, segura, precisa y sin apenas un fallo vocal. Sin embargo, cuando el repertorio reclamaba intensidad, recorría los laterales del escenario, se lanzaba hacia la pasarela central y literalmente se lijaba la voz en los momentos más agresivos del show, demostrando que su registro puede moverse con solvencia entre la delicadeza y la máxima contundencia.



Mientras todas las miradas se dirigían inevitablemente hacia Mike Shinoda y Emily Armstrong, resultaba imposible no fijarse también en Joe Hahn. A través de las enormes pantallas del escenario proyectaba una imagen tan peculiar como magnética; por momentos parecía el miembro más serio del grupo y, apenas unos segundos después, transmitía esa mezcla de genio y científico algo loco rodeado de sintetizadores, samplers y mesas de control. Una figura silenciosa pero absolutamente fundamental para entender el sonido de Linkin Park, sosteniendo desde un discreto segundo plano buena parte de la personalidad del concierto. Junto a él, Colin Brittain volvió a confirmar el acierto de su incorporación gracias a una batería contundente y precisa que sostuvo con firmeza toda la estructura rítmica del espectáculo.

El concierto transitó continuamente entre distintos ambientes. Hubo espacio para descargar toda la rabia en canciones como “One Step Closer”, “Two Faced” o “Faint”; para bajar pulsaciones con los momentos más melancólicos protagonizados por Mike y Emily en “Lost” o “Good Things Go”; e incluso para improvisaciones y secciones mucho más abiertas donde la banda parecía disfrutar como si estuviera actuando en un pequeño club de rap, una faceta especialmente visible durante el bloque encabezado por Mike Shinoda y Joe Hahn.
El público volvió a reflejar perfectamente la dimensión generacional que ha alcanzado Linkin Park. Aunque no faltaban seguidores que crecieron con Hybrid Theory (que ya pasó los 25 años como analizamos hace unos días) y Meteora, predominaban los asistentes más jóvenes, que cantaron prácticamente todo el repertorio y convirtieron las canciones más contundentes en una sucesión constante de pogos y saltos colectivos.

El tramo final del concierto terminó por confirmar la inteligencia con la que la banda ha construido este nuevo espectáculo. Después de enlazar “Papercut” y una explosiva “Heavy Is the Crown”, pocos habrían discutido terminar la noche en ese punto. Sin embargo, Linkin Park reservó todavía “Bleed It Out” para el cierre definitivo, prolongando la canción mediante un extenso puente y una despedida que dejó al público completamente entregado antes de abandonar el escenario al ritmo de “Pass the Mic” de Beastie Boys sonando por la megafonía.
Habrá quien siga diciendo que esto no es Linkin Park. Seguramente ese debate nunca terminará. Pero mientras Madrid cantaba al unísono “In the End”, saltaba con “Faint” y despedía la noche celebrando “Bleed It Out”, daba la sensación de que la propia banda había dejado de preocuparse por responder esa pregunta hace mucho tiempo. Linkin Park simplemente ha decidido seguir caminando. Y, viendo la respuesta del público durante estas dos noches en la capital, todo apunta a que todavía le queda mucho camino por recorrer.
David Aresté
Fotos: Javier Bragado – Xiron Comunicación



