Geoff Tate + Ogma + James Keegan – 16 de Junio 2026 – Sala Revi Live (Madrid)
Hay discos que trascienden la categoría de simple álbum para convertirse en auténticos acontecimientos culturales dentro de un género. Operation: Mindcrime es uno de ellos. Publicado en 1988, el trabajo de Queensrÿche no solo redefinió los límites del metal progresivo, sino que también se consolidó como una de las óperas rock más influyentes de las últimas décadas. Por ello, cada nueva oportunidad de verlo interpretado en directo conserva un atractivo especial para varias generaciones de aficionados. Algo que se ha encargado Tate durante todos estos años, teniendo en cuenta que como Queensrÿche con él a las voces, fue hace 18 años la última vez que lo hicieron en nuestro país.
Con esa premisa regresaba Geoff Tate a nuestro país. La gira, bautizada como Operation: Mindcrime – The Final Chapter, ha sido presentada como la última oportunidad para ver interpretada íntegramente una de las obras fundamentales de la historia del metal progresivo. Una circunstancia que añadía un componente especial a la velada, especialmente para quienes llevan décadas acompañando la historia de Nikki, Sister Mary y el Doctor X. Al mismo tiempo, Tate afronta esta etapa con la vista puesta en el futuro, trabajando ya en Operation: Mindcrime III y ofreciendo durante el concierto un adelanto de ese nuevo capítulo. Antes de llegar al plato fuerte de la noche, el público tendría ocasión de descubrir dos propuestas irlandesas muy diferentes entre sí: la sensibilidad acústica de James Keegan y el hard rock de Ogma. Una combinación peculiar, incluso discutible por momentos, pero que terminó sirviendo de antesala para una velada marcada por la nostalgia, la emoción y el peso de una obra que sigue resistiendo el paso del tiempo con una autoridad incuestionable
La velada arrancó con la actuación del cantautor irlandés James Keegan, que compareció en solitario armado únicamente con su guitarra acústica. A lo largo de un breve repertorio compuesto por “Crazy Love”, la versión de “Astral Weeks” de Van Morrison, “Santiago” y “Feeling Grey (Teaching Our Teachers)” —en esta última acompañado por algunos miembros de la banda de Geoff Tate en las voces—, Keegan dejó patente su talento como intérprete. Su manera de tocar, intensa y sentida, junto a una voz cargada de matices, consiguió conectar rápidamente con buena parte de los asistentes, que respondieron con respeto y atención a una propuesta tan alejada de lo que suele encontrarse en una gira de estas características.



Sin embargo, por mucho que su actuación resultara notable desde un punto de vista artístico, daba la sensación de que ni el lugar ni el momento eran los más adecuados para presentar una propuesta de este tipo. No era la primera vez que algo similar ocurría en una gira de Geoff Tate; Josh Watts ya había desempeñado un papel parecido en anteriores recorridos. Aun así, cuesta evitar la sensación de que otra banda o propuesta más cercana al perfil del público presente habría sabido aprovechar mejor esa oportunidad. Eso no resta mérito a una actuación ejecutada con gusto y personalidad, pero sí condicionó inevitablemente su recepción. Ojalá Keegan tenga ocasión de regresar a España en un contexto más favorable, ante un público que acuda específicamente a descubrir y disfrutar de su música.
Con el ambiente ya en marcha llegaba el turno de Ogma, también procedentes de Irlanda, una elección que parecía encajar algo mejor con los gustos de los aficionados congregados aquella noche. Al menos había guitarras eléctricas, amplificadores y distorsión, algo que ayudó a acercar la propuesta a lo que muchos esperaban encontrar antes de la actuación principal. Además, el concierto de Ogma tenía un interés añadido, ya que varios de sus integrantes formarían posteriormente parte de la banda que acompañaría a Geoff Tate. Josh Watts ocupaba la batería, mientras que los guitarristas DJ O’Sullivan y James Brown, junto al bajista Jimmy Wynen, volverían a subir al escenario más tarde para enfrentarse al monumental repertorio de Queensrÿche.



La introducción grabada de “The Boys Are Back in Town” dejaba pocas dudas sobre algunas de sus influencias antes de arrancar con “Keep Movin’”. La sombra de Thin Lizzy planeó sobre toda la actuación, algo que la propia banda confirmó con una versión de “Jailbreak” que fue recibida con entusiasmo. Tampoco faltó un guiño a Free mediante “All Right Now”, mientras que composiciones propias como “New Day”, “Uaigness” y “Enslaved” sirvieron para presentar su EP ante un público que en gran medida los descubría por primera vez. Su propuesta de hard rock clásico resultó directa, honesta y claramente deudora de las grandes bandas irlandesas de los años setenta.
Uno de los aspectos más llamativos de su actuación fue la complicidad entre los músicos. La interacción constante entre ellos transmitía una sensación de diversión genuina que terminaba contagiándose al público. En ese sentido, Jimmy Wynen destacó especialmente por presencia escénica, actitud y ejecución, convirtiéndose en uno de los protagonistas más visibles del concierto. La banda parecía disfrutar cada minuto sobre el escenario y esa energía ayudó a mantener el interés incluso entre quienes desconocían completamente su material.



La sensación final fue positiva, aunque también algo agridulce. Ogma dejó buenas canciones, actitud y una evidente química interna, pero daba la impresión de que podían haber ofrecido bastante más. El sonido nunca terminó de explotar todo su potencial y se mostró algo falto de potencia y pegada, una circunstancia que limitó parcialmente el impacto de unas composiciones que probablemente habrían ganado muchos enteros con una producción más contundente. Aun así, cumplieron con nota su papel y dejaron una impresión favorable antes de afrontar el desafío más importante de la noche: convertirse en la base instrumental sobre la que Geoff Tate volvería a revivir una de las obras maestras del metal.
Y precisamente ahí residía una de las principales curiosidades de la velada. Apenas unos minutos después, varios de aquellos músicos volverían a subir al escenario para enfrentarse a un desafío muy distinto: dar vida a una de las obras más importantes de la historia del metal progresivo. La ocasión adquiría además un carácter casi ceremonial. No solo por el peso histórico de Operation: Mindcrime, sino porque esta gira ha sido anunciada como el capítulo final de su recorrido en directo. Después de décadas interpretando estas canciones en distintos formatos, todo apunta a que esta será la última(?) vez que Geoff Tate afronte íntegramente la obra sobre un escenario.
Porque el verdadero motivo que había reunido a centenares de aficionados aquella noche no era otro que volver a sumergirse en el universo de Operation: Mindcrime. Geoff Tate había anunciado una gira centrada en la interpretación íntegra del álbum y las expectativas eran elevadas. La formación encargada de acompañarlo quedó completada por los ya mencionados DJ O’Sullivan, James Brown, Jimmy Wynen y Josh Watts, a los que se sumaban el guitarrista Amaury Altmayer, la teclista Clodagh McCarthy y el batería Michele Panepinto, conformando una alineación joven pero perfectamente preparada para enfrentarse a un repertorio de enorme exigencia.



La introducción formada por “I Remember Now” y “Anarchy-X” sirvió para situar inmediatamente al público dentro de la narrativa conceptual antes de que “Revolution Calling” y “Operation: Mindcrime” provocaran las primeras grandes explosiones de entusiasmo. Desde ese momento quedó claro que la conexión emocional entre estas canciones y los asistentes permanecía intacta. Temas como “Speak”, “Spreading the Disease”, “The Mission”, “The Needle Lies” o “Breaking the Silence” fueron recibidos como auténticos himnos, con una audiencia entregada de principio a fin que parecía conocer cada palabra y cada detalle de la historia.
Uno de los momentos más especiales de la interpretación llegó con Clodagh McCarthy asumiendo el papel de Sister Mary que en su día popularizó Pamela Moore. La vocalista cumplió con solvencia una responsabilidad considerable, aportando personalidad propia sin renunciar a la esencia dramática de la composición. Su intervención reforzó el componente teatral de una obra que sigue funcionando como una auténtica ópera rock y que continúa emocionando varias décadas después de su publicación.



Y es precisamente en ese terreno donde Geoff Tate sigue marcando diferencias. Más allá de cualquier consideración estrictamente vocal, su capacidad para ejercer de maestro de ceremonias permanece prácticamente intacta. Cada canción fue interpretada desde la perspectiva del personaje, cada gesto parecía pensado para reforzar la narrativa y cada interacción ayudaba a mantener vivo el relato. Más que cantar Operation: Mindcrime, Tate lo representó. Fue imposible no percibir el cariño y el respeto que sigue sintiendo por una obra que definió buena parte de su carrera. Y todo ello manteniendo una forma física y una resistencia escénica admirables para un artista que se aproxima ya a los setenta años.
A nivel sonoro, la propuesta apostó claramente por la contundencia. Todo sonó muy alto, otorgando a las canciones una dimensión especialmente poderosa, épica y emocional. Temas como “I Don’t Believe in Love”, “Eyes of a Stranger” o posteriormente “Empire” ganaron músculo y presencia gracias a esa apuesta por la intensidad. Sin embargo, también quedó la sensación de que el volumen era excesivo por momentos. La mezcla llegó a saturarse ligeramente y algunos matices quedaron sepultados bajo una masa sonora que, si bien resultaba espectacular, invitaba a preguntarse si no estaba sirviendo también para camuflar ciertas limitaciones inevitables.



Por fortuna, la banda respondió con una solvencia notable. Los músicos afrontaron el repertorio con elegancia, precisión y el ímpetu propio de quien sabe que está interpretando algunas de las canciones más importantes de la historia del metal progresivo. También es cierto que hablamos de composiciones que prácticamente funcionan por sí solas, pero el grupo supo dotarlas de frescura sin alterar su esencia. Tras completar la interpretación íntegra de Operation: Mindcrime, los bises con “The Answer”, “Empire”, “Jet City Woman”, “Take Hold of the Flame”, “Do You Still Believe?”, “Silent Lucidity” y una celebradísima “Queen of the Reich” terminaron de cerrar una noche construida alrededor de la nostalgia, la emoción y el legado de una obra irrepetible.
Más allá de los pequeños detalles mejorables, el público abandonó la sala con la sensación de haber vuelto a encontrarse cara a cara con una parte fundamental de su propia historia musical. Y quizá también con la conciencia de estar asistiendo al final de una etapa. Si realmente esta gira supone la última(?) interpretación íntegra de Operation: Mindcrime, Geoff Tate puede marcharse tranquilo: la obra sigue emocionando, sigue funcionando y continúa demostrando por qué permanece entre los grandes clásicos del metal progresivo.
Pero lejos de instalarse únicamente en la nostalgia, el vocalista también dejó entrever el futuro mediante dos adelantos de Operation: Mindcrime III, recordando que la historia todavía no ha terminado y que algunos capítulos siguen esperando ser escritos. Un cierre perfecto para una noche en la que pasado, presente y futuro convivieron sobre el mismo escenario bajo la sombra de una de las obras más importantes jamás publicadas por Queensrÿche.
Texto y Fotos: David Aresté


