Aunque parece que fue ayer cuando celebrábamos esa primera edición del ROCK FEST, con el entusiasmo de poder comprobar cómo se ponía en marcha un festival con clara intención de quedarse, lo cierto es que ya han caído cinco ediciones de este festival y a cada año que pasa parece ser que la organización da un paso más allá para consolidar este evento que se celebra en el Parc de Can Zam del municipio catalán de Santa Coloma de Gramenet como una de las citas ineludibles entre el extenso abanico de posibilidades musicales que copan el territorio.

Texto: Marcel·lí Dreamevil
Fotos: Vicente Ramírez

Cabe recordar que este festival siempre ha sido entusiasta y con ánimo de hacer algo que pudiera afianzarse. Así, en el año 2014, con un modesto formato de dos jornadas, ya apostó por traer a MANOWAR y TWISTED SISTER como cabezas de cartel. Un año más tarde, en su segunda edición, ya optaron por ampliar una jornada más el festival quedando más que justificada la decisión gracias al poderoso reclamo de SCORPIONS y JUDAS PRIEST. En la edición de 2016 lo bordaron con otro cartel de lujo encabezado por IRON MAIDEN, KING DIAMOND, WHITESNAKE y SLAYER y el año pasado remataron con AEROSMITH, ALICE COOPER y DEEP PURPLE. Por tanto, es más que evidente que el ROCK FEST se erige como la apuesta clásica de los festivales y prueba de ello ha sido la elección de los cabezas de cartel de esta quinta edición con JUDAS PRIEST, OZZY OSBOURNE, HELLOWEEN, SCORPIONS Y KISS. Asimismo, la propia organización optó por anunciar en pleno festival que en la edición 2019 del ROCK FEST, el formato se verá ampliado en una jornada más de festival, quedando ya todos convocados para los próximos 4, 5, 6 y 7 de julio.

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A diferencia del año pasado, este año el festival ocupó jueves, viernes y sábado (el anterior fue viernes, sábado y domingo), motivo por el cual se podría pensar que tal vez seria algo más complicado llenar el recinto teniendo en cuenta que dos de los días de festival eran laborales. Afortunadamente la duda quedó rápidamente disipada al llegar al recinto ya que la afluencia de público era ya notoria a primera hora y se fue incrementando hasta llenar el festival para ver a los dos cabezas de cartel de esa noche.

Al margen de las opiniones que puedan tener unos y otros, lo cierto es que una imagen vale más que mil palabras y cualquiera que eche un vistazo a algunas fotografías del primer día se dará cuenta de que el público no le falló al Rock Fest y que las viejas glorias siguen siendo un poderosísimo reclamo. El segundo y tercer día no fueron menos. Mientras HELLOWEEN arrasó como cabeza de cartel de la segunda jornada, SCORPIONS y KISS hicieron lo propio el sábado. Si volveremos a ver a estas grandes bandas nuevamente en directo es una duda que nos irá acompañando durante los próximos años ya que la mayoría de estas bandas ya llevan tiempo coqueteando con la idea del retiro y es de suponer que por eso su poder de convocatoria se vea potenciado ya que el fan de toda la vida empieza a darse cuenta que más pronto que tarde el ciclo de vida de estas legendarias bandas llegará a su fin.

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En relación a la infraestructura del festival pudimos observar pequeñas mejoras respecto a anteriores ediciones como, por ejemplo, el hecho de que todo el terreno que ocupa el festival estuviera cubierto de césped artificial ya que eso evita el polvo en suspensión y es algo que se agradece mucho. Del mismo modo, se siguen manteniendo los numerosos puestos de comida en los que uno puede elegir entre una diversa oferta gastronómica, desde hamburguesas de autor hasta comida tailandesa, pasando por tortillas de patatas, paella, carne a la barbacoa o incluso churros. El apartado de bebidas siguió con los mismos precios del año pasado, es decir, caña tres euros y el cachi a nueve. También se han mejorado las zonas VIP, cerca de los escenarios, con sombra y también equipadas de césped artificial. Amplias gradas al final de los escenarios permitían ver los primeros conciertos a la sombra y, para los que necesitan de merchandising, este año se podía acceder directamente a la zona mercadillo sin tener que salir del festival.

Otro detalle a valorar, aparte de los numerosos aparatos pulverizadores de agua, es el hecho de la existencia de unas fuentes que te permitían refrescarte ayudando así a soportar el más que generoso sol que castigaba nuestras cabezas.

En relación a la zona de lavabos, como de costumbre, se mantiene una amplísima zona de policleans sin tener que estar haciendo cola en ningún momento y, todo sea dicho de paso, bastante más limpios que en anteriores ediciones (o al menos yo tuve esa suerte).

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También se siguen manteniendo las pequeñas zonas de ocio y elementos de diversión como la batería y las guitarras eléctricas gigantes para hacerte fotografías, el trono de guitarras, un túnel del terror para echar un rato entre concierto y concierto o el inmenso inflable de Rosendo que este año estaba ubicado justo a la entrada del recinto para dar la bienvenida a todos los que nos acercábamos ansiosos por ver a nuestros ídolos de juventud. Y conste que lo de “juventud” va con segundas porque hay que tener en cuenta que cuando uno se apunta a esto de ir a un festival en la que la mayoría de bandas ya están celebrando, como mínimo, los 30 años de carrera, uno puede suponer que la media de edad del público no es, ni de lejos, la que uno puede hallar en festivales que optan por bandas más contemporáneas. Realmente emocionante fue ver la cantidad de gente que iba vestida con las míticas Jhayber blancas, las mallas de rallas negras y blancas a lo Steve Harris del Powerslave o los chalecos repletos de parches de las bandas favoritas de la época. En otras palabras, por momentos uno tenía la sensación de andar metido en una especie de túnel del tiempo.

En cuanto a la infraestructura de los escenarios pues lo que nos tiene acostumbrados la organización, es decir, los dos macroescenarios gemelos “Stage Rock” y “Stage Fest” y luego la carpa “Rock Tent” para las actuaciones secundarias.

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Nos queda ahora hablar de la iluminación y el sonido. Sobre el primer punto no tengo nada que decir pero sobre el segundo, el sonido, ahí si que la cosa anda un poco más complicada. Para que el lector me entienda, y haciendo uso de la memoria, alguno recordara aquella famosa actuación de MANOWAR en el Rock Fest de 2014 en la que uno no podía estar a la derecha del escenario sin riesgo a que le sangraran los tímpanos por lo exageradamente elevado de los niveles de bajos que escupían las torres de sonido. Bien, pues por motivo que desconozco, eso mismo le pasó al Stage Rock durante la mayor parte de las actuaciones y creedme si os digo que resulta muy desagradable no poder estar en las primeras filas por culpa de esa distorsión. Y si nos ponemos a revisar el tema del sonido, tal vez convendría afinar un poco más la precisión en este aspecto ya que, precisamente el sonido, debería ser uno de los puntos más importantes en un festival que, precisamente, va de música. No puede ser ver conciertos en los que en la primera canción no se escucha al vocalista (Dee Snider), o ver cómo VIXEN tocan el primer tema con la guitarra silenciada o como TANKARD se quedaban sin sonido de guitarra en cuando se alejaba hacia la pasarela del escenario.

En cualquier caso, y tal y como apuntaba al principio, a pesar de las pequeñas mejoras que se puedan añadir, y a la espera de ir viendo cómo evoluciona este festival a medida que los grandes clásicos se vayan retirando, no nos queda otra que aplaudir la iniciativa de esta promotora que, año tras año, está consiguiendo hacerse un hueco en el panorama festivalero nacional. Tal y como se esperaba, JUDAS PRIEST, OZZY OSBOURNE, HELLOWEEN, SCORPIONS y KISS hicieron lo que se esperaba de ellos que no es otra cosa que llenar el ROCK FEST de gente que sigue demostrando ser amante del rock y que se siente motivada a la hora de transmitir esa pasión a sus descendientes. No en vano, a cada año que pasa se van viendo más padres y madres acompañados de sus pequeños y tal vez por eso ROCK FEST debería empezar a plantearse organizar en la zona algún tipo de “metal – guardería”, seguro que sería un éxito.

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Por último, y no por ello menos importante, agradecer también al resto de bandas que nutrieron esta quina edición del ROCK FEST por su entrega y entusiasmo. Así, si bien es cierto que solemos centrarnos en los cabezas de cartel, no menos cierto es que todas las bandas en su conjunto son las que acaban configurando la calidad de un festival y comprobar cómo todas y cada una de ellas cumplen con su cometido con tanta profesionalidad es algo digno de mención.

Y ahora si, y con esto finalizo estas primeras impresiones, también quiero felicitar el civismo, el respeto y la camaradería que protagonizó el ambiente en ese festival. El público también es protagonista del Rock Fest y poder comprobar cómo miles de personas son capaces de convivir durante tres días sin que se registre incidente de ningún tipo es algo digno de aplauso.

Texto: Marcel·lí Dreamevil
Fotos: Vicente Ramírez