En 2005, Dreamaker publicó Enclosed, un disco que supuso un giro radical respecto a Human Device y confirmó que la banda no estaba dispuesta a vivir de las comparaciones con Dark Moor. Veinte años después, aquel cambio sigue siendo uno de los movimientos más valientes del metal español de los 2000. Lo que entonces desconcertó a parte del público puede escucharse hoy como la consolidación de una identidad propia.

Tras un debut todavía cercano al power metal melódico, el grupo endureció su propuesta y abrió la puerta a influencias del metal alternativo, el groove, el industrial e incluso algunos matices del nu metal. La producción de Big Simon potencia esa evolución con guitarras más pesadas, ritmos contundentes y una atmósfera mucho más oscura, dejando los teclados en un segundo plano y apostando por un sonido más directo.

Desde “I Live My Own Life” queda claro que Dreamaker quería romper moldes. La banda construye un álbum donde los riffs adquieren el protagonismo y las canciones buscan el impacto sin renunciar a la melodía. Es un trabajo menos inmediato que Human Device, pero también más ambicioso y con una personalidad mucho más marcada.

Uno de los aspectos que mejor ha resistido el paso del tiempo es la interpretación de Elisa C. Martín. Su registro se adapta perfectamente al nuevo enfoque del grupo, alternando momentos melódicos con otros mucho más agresivos. Varias críticas de la época destacaron precisamente esa evolución, señalando que su voz resultaba más convincente en este contexto que intentando reproducir esquemas puramente power metal. Esa capacidad para transmitir fuerza y emoción sigue siendo uno de los grandes pilares del disco.

Canciones como “Reverse Universe”, “Over The Edge”, “Living In Fear” o “Perfect Soul” reflejan el equilibrio entre melodía y contundencia que persigue Dreamaker. Las guitarras de Albert Maroto muestran un trabajo sólido tanto en los riffs como en los solos, mientras la base rítmica sostiene toda la propuesta. También destacan “Innocent Blood” y “W.W.666”, donde la banda explora sonidos más modernos sin perder su identidad.

Las opiniones en 2005 estuvieron divididas. Algunos críticos consideraron que el disco acumulaba demasiadas influencias y que ciertos pasajes podían resultar irregulares. Otros valoraron precisamente esa capacidad para alejarse de los clichés del power metal europeo y construir una propuesta diferente. Ese contraste explica por qué Enclosed sigue siendo un álbum que genera debate.

Escuchado hoy, muchas de aquellas decisiones parecen incluso adelantadas a su tiempo. Lo que entonces fue interpretado por algunos como un alejamiento excesivo de sus raíces puede entenderse ahora como una evolución lógica. Quizá algunos detalles de producción delaten su época, pero las composiciones mantienen una fuerza notable.

Enclosed acabaría siendo el último álbum de estudio de Dreamaker, circunstancia que le añade un valor especial dentro de la historia de la banda. Con él dejaron claro que preferían asumir riesgos antes que acomodarse en un sonido que les garantizara una mayor aceptación.

Dos décadas después, Enclosed merece ser reivindicado como una de las propuestas más personales del metal español de mediados de los 2000. Puede que nunca alcanzara el reconocimiento de otros trabajos de la época, pero su voluntad de experimentar, la evolución de Elisa C. Martín y la solidez de sus composiciones hacen que siga siendo un disco plenamente disfrutable. Veinte años más tarde, continúa recordándonos que las apuestas más arriesgadas suelen ser las que mejor resisten el paso del tiempo.

David Aresté