Mushroomhead – 5 de Agosto 2026 – Sala Apolo (Barcelona)
Había expectación por ver, por fin, a Mushroomhead en Barcelona. Tras una larga trayectoria de más de tres décadas y una legión de seguidores repartidos por todo el mundo, la banda estadounidense saldó una deuda pendiente actuando por primera vez en la ciudad. La cita tenía un detalle curioso incluso antes de arrancar: inicialmente estaba prevista en la sala 2 de Apolo, pero acabó trasladándose a la sala principal. El motivo nunca quedó del todo claro y, desde luego, no se tradujo en una mayor afluencia. Apenas unas 200 personas se dieron cita, una cifra modesta que dejó una sensación de espacio vacío difícil de ignorar. Quizá el pleno verano, con media ciudad de vacaciones y un calendario saturado de festivales, jugó en contra. Sea como fuere, los que decidieron acudir salieron con la sensación de haber asistido a un concierto que mereció mucha más atención.



Porque si alguien esperaba encontrar una banda desmotivada por la respuesta del público, se equivocó de lleno. Mushroomhead salió al escenario dispuesto a dejarse la piel desde el primer minuto. “Eye to Eye” abrió la ceremonia marcando el tono de una actuación intensa, pesada y sin apenas respiros. El sonido fue contundente, con una mezcla que permitió apreciar tanto la agresividad de las guitarras como el protagonismo de la percusión y el juego de voces que siempre ha caracterizado al grupo. A ello se sumó un espectáculo visual constante, con máscaras, iluminación, tambores con agua y una puesta en escena que convirtió cada canción en un pequeño acto teatral. Directos, sin florituras innecesarias y con una energía que no decayó en ningún momento.
El repertorio supo equilibrar material reciente con algunos de los temas más celebrados de su carrera. “Fall in Line”, “Qwerty”, “The Heresy” o “Madness Within” fueron recibidas con entusiasmo por un público que, aunque escaso en número, respondió con una entrega encomiable. No faltaron los cánticos en los estribillos más reconocibles. La intensidad se mantuvo durante buena parte del concierto gracias a una sucesión de canciones prácticamente sin pausas, impidiendo que el ritmo decayera. Hubo incluso espacio para rescatar “Solitaire/Unraveling” y para demostrar que el grupo sigue dominando ese equilibrio entre metal industrial, groove y teatralidad que lleva décadas definiendo su personalidad.



El tramo final terminó de rematar una actuación muy sólida. “Seen It All”, “Prepackaged”, la versión de Prince de “When Doves Cry” y “1200” prepararon el terreno para un cierre especialmente celebrado con “Born of Desire” enlazada con fragmentos de “War Pigs” de Black Sabbath. A esas alturas daba igual que la sala no estuviera llena: el ambiente frente al escenario era el de un concierto mucho mayor. La banda agradeció en varias ocasiones el apoyo recibido y el público respondió dejándose la voz. Fue una de esas noches en las que la conexión entre artistas y asistentes compensa cualquier cifra de taquilla.
Puede que Barcelona no ofreciera la imagen de multitud que Mushroomhead probablemente merece, pero sí regaló un estreno cargado de intensidad y compromiso. La escasa asistencia no deslució una actuación que fue potente, visual y ejecutada con absoluta profesionalidad. Al contrario: quienes estuvieron allí disfrutaron de un concierto cercano, sin artificios más allá de los que exige el propio universo de la banda, y con la sensación de haber formado parte de una pequeña celebración entre fieles.



Texto y fotos: Edko Fuzz


