A finales de los años ochenta, Gary Moore ya era uno de los guitarristas más respetados del panorama internacional. Tras triunfar junto a Thin Lizzy y firmar discos fundamentales para el hard rock como Corridors Of Power, Run For Cover o Wild Frontier, el músico norirlandés decidió regresar a las raíces que le habían acompañado desde su infancia. El 26 de marzo de 1990 veía la luz Still Got the Blues, un álbum que no solo redefinió su carrera, sino que se convirtió en una de las grandes referencias del blues moderno.

Aunque muchos interpretaron aquel movimiento como un cambio de rumbo inesperado, Moore siempre explicó que el blues había sido su primer amor musical. Admirador confeso de Peter Green, B.B. King, Albert King o Freddie King, aprovechó el éxito conseguido en el rock para grabar el disco que llevaba años imaginando. El resultado fue una obra que respetaba la esencia del blues clásico, pero con una producción moderna y un sonido inconfundiblemente suyo.

Uno de los grandes atractivos del álbum fue la participación de auténticas leyendas del género. Albert King puso su guitarra en “Oh Pretty Woman”, Albert Collins colaboró en “Too Tired” y George Harrison aportó la guitarra rítmica en varias canciones. Más que simples colaboraciones de lujo, aquellas apariciones simbolizaban el reconocimiento que los grandes maestros del blues profesaban hacia Moore.

El repertorio alternaba composiciones originales con versiones de clásicos de Bobby Bland, Otis Rush o Memphis Slim. Sin embargo, fueron sus propias canciones las que terminaron definiendo el álbum. “Walking By Myself”, “King Of The Blues”, “Midnight Blues” o “Texas Strut” mostraban a un guitarrista que había encontrado el equilibrio perfecto entre la tradición y su personalidad como compositor.

Por encima de todas ellas sobresalía la canción que daba nombre al disco. “Still Got the Blues (For You)” se convirtió inmediatamente en el mayor éxito de la carrera de Gary Moore. Su inolvidable solo de guitarra, cargado de emoción más que de velocidad, continúa siendo una referencia para músicos de todo el mundo y una de las interpretaciones más icónicas de la guitarra eléctrica.

El tono conseguido con su mítica Gibson Les Paul Standard de 1959 y sus amplificadores Marshall terminó convirtiéndose en una auténtica firma sonora. Moore demostraba que la técnica solo tenía sentido cuando estaba al servicio de la emoción, una filosofía que influyó en generaciones posteriores de guitarristas.

La propia portada del álbum resumía el espíritu de la obra. En ella aparecía un niño tocando una Gibson Les Paul rodeado de discos de sus héroes musicales, como B.B. King, Albert King, John Mayall o Fleetwood Mac, mientras un póster de Jimi Hendrix presidía la habitación. En la contraportada, el propio Gary Moore aparecía ya adulto, cerrando el círculo entre aquel joven enamorado del blues y el músico que había conseguido cumplir su sueño.

El éxito fue inmediato. Still Got the Blues permaneció durante meses en las listas de ventas, obtuvo certificaciones de oro y platino en numerosos países y acabó superando los seis millones de copias vendidas en todo el mundo. Pero, más allá de las cifras, su mayor mérito fue acercar el blues a toda una nueva generación de aficionados que hasta entonces conocían a Moore principalmente por su faceta rockera.

A partir de aquel momento, Gary Moore continuó explorando el género con trabajos como After Hours o Blues For Greeny, consolidándose como uno de los grandes embajadores del blues contemporáneo sin renunciar nunca a la intensidad y la personalidad que habían marcado toda su carrera.

Treinta y seis años después, Still Got the Blues sigue siendo una obra imprescindible, un disco capaz de emocionar tanto a los amantes del blues como a los seguidores del rock. Su legado permanece intacto y, curiosamente, volverá a sentirse muy cerca de los aficionados españoles en los próximos días. Su hijo, Jack Moore, iniciará una gira por nuestro país en la que rendirá homenaje al repertorio de su padre, recuperando sobre el escenario algunas de las canciones que hicieron inmortal a Gary Moore y manteniendo vivo el espíritu de uno de los guitarristas más extraordinarios de todos los tiempos.

David Aresté