En 1985, cuando el heavy metal aún estaba ordenando sus propias reglas y el thrash empezaba a incendiarlo todo, apareció un disco que no pidió permiso: Walls of Jericho. El debut de Helloween no solo fue una carta de presentación, fue una patada directa contra la puerta. Cuatro décadas después, sigue sonando con esa mezcla de urgencia, velocidad y mala leche que no se puede fabricar en laboratorio. Aquí no hay postureo ni cálculo: hay hambre, hay ambición y hay una banda que sabía perfectamente que no quería sonar como nadie más.
La génesis del disco nos lleva al Hamburgo de mediados de los 80, donde la escena underground bullía entre riffs acelerados y actitud heredada tanto de la NWOBHM como del punk más salvaje. La formación que grabó el álbum tenía poco de casual y mucho de química explosiva: Kai Hansen (entonces 22 años) se encargaba de guitarra y voz con un estilo rasgado y nervioso; Michael Weikath (23 años) aportaba precisión y estructura en la otra guitarra; Markus Grosskopf (20 años) sostenía el conjunto con un bajo firme y dinámico; e Ingo Schwichtenberg (20 años), simplemente, arrasaba con una batería rápida, agresiva y sorprendentemente técnica para la época. De aquella formación, Hansen, Weikath y Grosskopf siguen vinculados a la banda en la actualidad, mientras que Schwichtenberg falleció en 1995, dejando tras de sí una huella imposible de borrar en el ADN del grupo.
Helloween – Ride the Sky
Hablar de Walls of Jericho dentro de la discografía de Helloween es hablar del punto de partida de una historia que, lejos de agotarse, sigue creciendo. Este trabajo es el primer álbum de estudio de una banda que, a día de hoy, cuenta con 17 discos en su catálogo, incluyendo los más recientes, Helloween(2021) y Giants & Monsters (2025). Eso significa que después de este debut han llegado 16 discos más, algunos de ellos absolutamente esenciales para entender el desarrollo del power metal, como los dos Keeper of the Seven Keys. Pero lo interesante no es solo la cantidad, sino la coherencia: lo que aquí nace como speed metal crudo y sin pulir, con el tiempo se transforma en un sonido más melódico y épico, sin perder del todo ese nervio original. Y lo más curioso es que, escuchando su material más reciente, todavía se perciben ecos de este primer golpe sobre la mesa.
En lo visual, la portada del disco es casi tan importante como su contenido musical. Esa calabaza demoníaca atravesando una muralla (calabaza que ya aparecería en su homónimo EP de presentación de ese mismo año) no es solo una imagen potente: es toda una declaración de intenciones. La ilustración, desarrollada por los populares ilustradores Edda & Uwe Karczewski (Helloween, Iron Angel, Heavens Gate, Stormwarrior…), mezcla fantasía oscura con agresividad visual y presenta el que acabaría siendo el símbolo eterno de la banda: la “pumpkin”. El mensaje es directo y sin rodeos: esto va de romper barreras, de irrumpir, de conquistar terreno. No hay espacio para sutilezas ni metáforas complejas. Es impacto inmediato.
Helloween – Heavy metal is the law
En el apartado técnico, la producción corrió a cargo de Harris Johns (Kreator, Voivod, Tankard, Sodom…), un nombre habitual en el metal europeo de la época. Y aquí conviene decirlo claro: no es una producción pulida, ni falta que le hace. El sonido es crudo, directo, con ese punto casi sucio que hoy muchos intentarían “arreglar” en estudio… y que acabaría cargándose la esencia. Esa rudeza juega a favor del disco, porque potencia la sensación de inmediatez y violencia controlada que transmiten los temas. A nivel compositivo, el peso recae principalmente en Kai Hansen, auténtico motor creativo de esta etapa, con Michael Weikath aportando estructura y equilibrio en los desarrollos.
El listado de canciones es compacto, sin relleno y con la clara sensación de que cada tema tiene algo que decir. Desde la intro que desemboca en “Ride the Sky”, pasando por piezas como “Metal Invaders” o “Heavy Metal (Is the Law)”, el disco se mueve entre la reivindicación del propio género, la fantasía oscura y una cierta actitud desafiante que conecta directamente con el espíritu del metal más combativo. “Gorgar”, por ejemplo, introduce elementos casi de ciencia ficción con ese robot asesino, mientras que “Phantoms of Death” se adentra en terrenos más sombríos. Y luego está “How Many Tears”, que cierra el álbum con un desarrollo más largo y elaborado, anticipando claramente el camino que seguiría la banda en trabajos posteriores, donde la épica y la melodía ganarían más protagonismo.
Helloween – Walls of Jericho, Metal Invaders, Victim of Fate, Gorgar, Ride the Sky, Heavy Metal
En cuanto a la recepción, Walls of Jericho no fue un bombazo comercial inmediato, pero sí logró algo más importante a largo plazo: respeto. En su momento, la crítica destacó su velocidad, su agresividad y, sobre todo, su personalidad. No sonaban exactamente como nadie, y eso en los años 80 era oro puro. Con el paso del tiempo, el disco ha sido reivindicado una y otra vez como una de las piedras angulares del power metal europeo, aunque en realidad aquí todavía se mueve más cerca del speed metal con tintes casi thrash en algunos momentos.
La gira de presentación fue, como cabía esperar, dura y sin adornos. Nada de grandes escenarios ni producciones espectaculares. Helloween se curtió tocando donde podía, muchas veces como teloneros, recorriendo Alemania y parte de Europa en condiciones que hoy harían sudar a más de uno. Pero ese contexto fue clave: les obligó a afinar, a defender cada tema en directo y a ganarse al público sin artificios. Era música tocada cara a cara, y ahí es donde se forjan las bandas que luego duran décadas.
Y si saltamos al presente, la historia se vuelve todavía más interesante. En 2025, Helloween lanza Giants & Monsters, su decimoséptimo álbum de estudio, consolidando una etapa marcada por la reunión de miembros clásicos como Hansen y Michael Kiske junto a Michael Weikath (guitarra desde 1984), Markus Grosskopf (bajista desde 1984), Andi Deris (vocalista desde 1994), Sascha Gerstner (guitarra desde 2002) y Dani Löble (batería desde 2005). Este trabajo no es un simple ejercicio de nostalgia, sino una continuación lógica de una trayectoria que ha sabido evolucionar sin perder identidad. La banda sigue girando, sigue llenando recintos y, lo más importante, sigue sonando relevante en un panorama donde muchos contemporáneos ya viven del recuerdo.
• Helloween – How Many Tears
Así, en esta actual gira de 40 aniversario de la banda, tendremos ocasión de disfrutar de la banda en verano en el Barcelona Rock Fest (4 de julio), en el Concert Music Festival (Chiclana de la Frontera, 6 de agosto) y en el Leyendas del Rock (Villena, 8 de agosto).
Con todo, Walls of Jericho no es solo un debut. Es el momento exacto en el que una banda decide acelerar más que los demás y ver quién es capaz de seguirles. No es perfecto, no es amable y desde luego no es complaciente. Pero precisamente por eso, 40 años después, sigue siendo imprescindible. Porque cuando un disco nace con esa honestidad brutal, no envejece: se queda ahí, esperando a que alguien tenga el valor de volver a darle al play.
Marcel.lí Dreamevil



