Con ese tufillo a mediocre y genérico que desprenden los discos con dragones en la portada, pero sin prejuicios, me acerco a este álbum de la banda sueca que se está ganando hueco en el panorama metalero. A muchos amantes del heavy metal clásico o power metal de esta onda nos ha ocurrido que, llegados a cierto tiempo, nos deja de interesar tanto este rollo de espadas, dragones y mazmorras. Queda como algo quinceañero. Astral Doors, sin embargo te convence rápido como grupo de música de alta calidad.

Para empezar, se trata de un muy buen disco con un pedazo de cantante como marca de la banda. Con una temática muy arquetípica que ya os podéis imaginar en las canciones (batallas, honor y templos sagrados) y unos riffeos magníficos.
Lo primero que se me ha venido a la cabeza en los segundos iniciales ha sido el nombre de Grave Digger. Con un estilo en las estructuras y el estilo de las canciones que recuerda a los también alemanes Accept, estas reminiscencias van dejando poco a poco, y cada vez más, un sabor a Dio que se acaba imponiendo.

No sólo se trata del registro vocal. Si me pidierais que comparar la música de esta banda con la de cualquier otra, sería con la del fallecido dios del rock, y a vosotros seguramente os pasaría lo mismo.

Precisamente ese es el problema que -a mi entender- se presenta con este tipo de música a estas alturas de la película. Muy pocas bandas consiguen destacar porque hay que ser muy -pero que muy- bueno para destacar en un estilo en el que ya se ha hecho todo y con una formula repetida desde hace décadas. Cuando escuchamos a Astral Doors no hay más remedio que compararlos con los clásico porque, en esencia, es lo que ellos (con muy buen resultado) buscan.

Sencillamente hacer lo mismo que ya hicieron otros antes.La primera canción, Seventh Crusade, es un grito épico con ciertos aires de True Metal que nos habla del tema alrededor del cual, se supone, gira la temática del disco (digo se supone porque en realidad no hablamos de disco un conceptual) las cruzadas. Ésta da paso a una, algo insulsa, With a Stranger’s Eyes.

Child of Rock ‘n’ Roll no sólo recuerda a Dio en el título. Será la canción favorita de más de uno y tiene pinta de convertirse en himno de la banda. Johansson, el vocalista, siempre destaca al pequeño y añorado cantante gringo entre sus principales influencias y eso se nota. El sueco tiene una voz sencillamente hecha para Heavy Metal.

Lost Crucifix es una nueva exhibición vocal del amigo Johansson, un medio tiempo que desprende fuerza a la voz a más no poder. Un temazo, por cierto. Con Babylon Rise se te empieza ir el santo al cielo. El disco no atrapa del todo y tampoco es lo suficientemente progresivo como para que pienses que merece la pena hacer un esfuerzo para degustarlo. Este es el peor punto que presenta un disco que pretende ser de trallazo directo.

Con Suicide Rime se empieza a reconciliar uno con los suecos. Potente y de estribillo pegadizo; que, a fin de cuentas, es lo que busca un disco como este. Operation Freedom es una canción que si destaca por algo es porque sus letras se salen un poco de la linea oficial del disco y del grupo para hacer una crítica a un tema político reciente: la Guerra de Irak. Desde que empieza esta canción nada destacable salvo una canción, la que le da nombre al disco y que resalta como la más progresiva del disco.

En definitiva, es un disco de los que llamaríamos “de canciones sueltas” pero que yo no desmerezco en absoluto como álbum. Simplemente correcto a ratos y un puntazo en otros ratos.

Alberto Guzmán

Temas:
1. Seventh Crusade
2. With a Stranger’s Eyes
3. Child of Rock’n’Roll
4. Pearl Harbor
5. Lost Crucifix
6. Babylon Rise
7. Suicide Rime
8. The Battle of Jacob’s Ford
9. Operation Freedom
10. The Day after yesterday
11. Jerusalem