Orden Ogan (16:00h)
Formados en Arnsberg (Alemania) en 1996, Orden Ogan se ha consolidado como una de las bandas más destacadas del power metal alemán gracias a su combinación de contundencia, grandes melodías y una cuidada puesta en escena. Liderados por el vocalista y guitarrista Sebastian “Seeb” Levermann, sus álbumes conceptuales les han permitido crecer hasta convertirse en un nombre habitual de los principales festivales europeos.



Fueron los encargados de abrir la última jornada del Barcelona Rock Fest a las 16:00 horas. Aunque solo pudimos presenciar sus dos últimas canciones, fue suficiente para comprobar la potencia de su directo. Pese a actuar a primera hora de la tarde, la banda no escatimó en efectos de pirotecnia y fuego, ofreciendo un espectáculo visual impropio de un horario tan temprano. El público, que ya comenzaba a llenar el recinto, respondió con entusiasmo, dejando claro que Orden Ogan supo inaugurar la jornada con la intensidad que merece un gran festival.
Rienda Suelta (17:00h): Rienda Suelta conquista la carpa con honestidad, sentimiento y mucho rock urbano
La jornada del sábado arrancó en la Rock Tent del Barcelona Rock Fest con la actuación de Rienda Suelta, el trío sevillano de rock urbano formado en 2020 por Rucho Linares (nombre real Óscar Linares) vocalista y bajista, La Bestia Villagrán (batería) y Charlie Palacios (guitarra).
Un grupo que, con un disco, poco a poco ha ido haciéndose un nombre gracias a una propuesta en la que confluyen rock, blues, flamenco y letras de marcado carácter social. Su concierto, programado a las 17:00 horas y coincidiendo con Steel Panther en uno de los escenarios principales, no reunió a una gran cantidad de público, algo previsible dadas las circunstancias. Sin embargo, quienes optaron por la carpa disfrutaron de una actuación cercana, sincera y cargada de personalidad.



El grupo interpretó gran parte de su último trabajo en estudio, como “Potra de rabia y miel”, “Mamón – Vivo en la calle” y “Extranjero – Con dinero no hay racismo”, temas que reflejan a la perfección la identidad reivindicativa de la banda. Uno de los momentos más especiales llegó cuando su vocalista interpretó un breve fandango a capela que dejó la carpa en absoluto silencio, poniendo los pelos de punta a los presentes.
La emoción continuó con “Columbario”, dedicada a un amigo fallecido a causa del cáncer, antes de una interpretación de “Hortelano” en la que la guitarra quedó algo relegada en la mezcla de sonido. “La Garraspera” sirvió además para que el cantante agradeciera públicamente el trabajo de organización, técnicos, personal de seguridad y todos los implicados en el festival.



El cierre con “Ave María” y, especialmente, “Turulo”, terminó de conectar con un público que acompañó a la banda cantando cada estribillo. Buena parte del mérito recayó en su vocalista, capaz de llenar el escenario con una voz poderosa, un enorme carisma y una cercanía que convierten cada concierto de Rienda Suelta en una experiencia tan honesta como emocionante.
Steel Panther (17:05h) – Glam, humor y desenfreno para la fiesta más gamberra del Rock Fest
A las 17:05 horas llegaba uno de los conciertos más desenfadados de todo el Barcelona Rock Fest. Steel Panther, que debutaba por primera vez en el festival, convirtió Can Zam en una auténtica fiesta de excesos, humor y glam metal. Formados en Los Ángeles en el año 2000 —aunque sus raíces se remontan a finales de los noventa bajo el nombre de Metal Shop—, la banda ha hecho de la parodia de la escena del hair metal de los ochenta su principal seña de identidad. Sus letras, repletas de humor irreverente, dobles sentidos y referencias al sexo, las drogas y el rock and roll, forman parte inseparable de un espectáculo donde la música es solo una parte de la función.
Cuentan con seis álbumes de estudio, siendo On the Prowl (2023) el más reciente. La formación actual la integran Michael Starr (61 años, voz), Satchel (55, guitarra), Spyder (bajo) y Stix Zadinia (57, batería), permaneciendo Starr, Satchel y Stix como miembros de la formación clásica, mientras que Spyder sustituyó a Lexxi Foxx en 2022.



Desde el primer minuto quedó claro que aquello iba a ser mucho más que un concierto. El escenario estaba flanqueado por dos bailarinas de pole dance, una a cada lado, mientras la banda encadenaba canciones con continuos speeches cargados de humor y bromas que arrancaban carcajadas constantes entre el público. Musicalmente, el repertorio recorrió buena parte de su discografía, con especial protagonismo para Feel the Steel, Balls Out, All You Can Eat y On the Prowl.
Uno de los momentos más entrañables llegó con la balada “Girl From Oklahoma”, cuando Michael Starr invitó al escenario a Cristina, una asistente del público, para dedicarle íntegramente la canción. Apenas hubo tiempo para recuperar el aliento porque, acto seguido, durante “17 Girls in a Row”, una veintena de chicas subieron al escenario para bailar junto a la banda, permaneciendo allí también durante “Party Like Tomorrow Is the End of the World”, en una imagen tan divertida como representativa del espíritu festivo de Steel Panther.



La complicidad entre los músicos fue absoluta, especialmente entre Michael Starr y Satchel, cuyas continuas improvisaciones y comentarios convirtieron el concierto en un auténtico espectáculo de comedia musical. No hubo grandes pretensiones ni mensajes trascendentales; simplemente una hora de diversión sin complejos.
“Gloryhole” puso el punto final a una actuación que confirmó a Steel Panther como la banda más vacilona y descaradamente divertida de todo el Barcelona Rock Fest. En un festival dominado por el heavy, el power y el thrash metal, los californianos demostraron que el glam también tiene espacio para arrancar sonrisas… y montar una auténtica fiesta sobre el escenario.
Breaking Benjamin (18:10h): Breaking Benjamin debuta en Barcelona Rock Fest con un sólido repaso a su trayectoria
A las 18:10 horas, uno de los escenarios principales del Barcelona Rock Fest recibió por primera vez a Breaking Benjamin, una de las bandas más representativas del rock alternativo y el metal moderno estadounidense. Formados en Wilkes-Barre (Pensilvania) en 1999 por el vocalista y guitarrista Benjamin Burnley (48), el grupo ha sabido consolidar una carrera marcada por el inconfundible metalcore melódico de sus composiciones.



Con un sonido compacto y una interpretación muy sólida, la banda fue enlazando algunos de los temas más destacados de su discografía. “I Will Not Bow” abrió una actuación que continuó con “Until the End”, “Red Cold River”, “Blow Me Away”, “So Cold” y “Polyamorous”. Tampoco faltaron “Dear Agony”, “Something Wicked”, “Breath”, “Awaken”, “Failure”, “Dance With the Devil” y el imprescindible cierre con “The Diary of Jane”, convertido desde hace años en el gran himno de la banda y uno de los momentos más celebrados del concierto, al menos para los que conocían al grupo.
Uno de los detalles curiosos de la actuación fue la presencia sobre el escenario del jovencísimo hijo de Benjamin Burnley. Convertido prácticamente en un tercer guitarrista, acompañó a la banda durante todo el concierto, aportando además coros con una naturalidad sorprendente para su edad.
Sin necesidad de grandes artificios, Breaking Benjamin firmó un concierto repleto de melodías y sensibilidad.
Chevelle (19:15h) – Contundencia alternativa con aroma a relevo generacional
A las 19:15 horas, la carpa del Barcelona Rock Fest acogió una de las propuestas más diferentes del fin de semana con la actuación de Chevelle, que debutaba en el festival pese a contar con una larga trayectoria a sus espaldas. Formados en 1995 en Grayslake, Illinois (Estados Unidos), el grupo debutó en el 99 con aquel Point #1 y, por el momento,acumula más de tres décadas de carrera y diez álbumes de estudio, siendo Bright as Blasphemy (2025) su trabajo más reciente.



La formación actual está integrada por los hermanos Pete Loeffler (49) (voz y guitarra) y Sam Loeffler (51) (batería), ambos miembros fundadores, junto al bajista Kemble Walters, incorporado a la formación en 2021 tras la salida de Dean Bernardini. El repertorio recorrió buena parte de su discografía, con temas extraídos de álbumes como su segunda obra Wonder What’s Next (al que dieron mayor protagonismo), Bright as Blasphemy, Hats Off the Bull, o NIRATIAS. Sobre el escenario ofrecieron una imagen sobria pero muy efectiva. A la derecha se situó Kemble Walters, Pete Loeffler ocupó la posición central y la batería quedó instalada en el extremo izquierdo, mientras el gran logotipo de la banda presidía el fondo del escenario aportando una estética sencilla pero reconocible.
Si algo sorprendió fue la contundencia del directo. Chevelle sonó mucho más compacto, pesado y agresivo que en sus registros de estudio, con un muro de sonido que encajó a la perfección en el ambiente de la carpa. La respuesta del público fue excelente y, además, con una media de edad sensiblemente más joven que la vista en otros conciertos del festival. Una imagen que invita al optimismo y demuestra que las nuevas generaciones también responden cuando se apuesta por bandas consolidadas, aunque alejadas del circuito clásico del heavy metal.



Iniciativas como esta merecen ser aplaudidas. El Rock Fest necesita seguir abriendo espacio a formaciones con capacidad para atraer nuevo público y favorecer el relevo generacional. Programar bandas como Chevelle aporta mucho más al futuro del festival y de la escena que recurrir, una y otra vez, a grupos tributo que poco contribuyen a la difusión de nuevas propuestas y nuevas composiciones.
Evaristo (19:15h) – El punk no entiende de generaciones
A las 19:15 horas, el Stage Rock cambió por completo de registro para recibir a Evaristo, encargado de dar el pistoletazo de salida al bloque más claramente punk del Barcelona Rock Fest. Su actuación precedía a la de Bad Religion y, junto a The Offspring, configuraba una de las apuestas más diferenciadas de todo el cartel. Bastaba con echar un vistazo al recinto para comprobarlo: junto a las omnipresentes camisetas de Powerwolf, las de La Polla Records, Gatillazo, Bad Religion y The Offspring dominaban claramente la tarde, dejando entrever cuál iba a ser la combinación ganadora de la jornada.
Lejos de presentar un proyecto centrado en material nuevo, Evaristo (66) continúa recorriendo los escenarios, acompañado por una sólida banda en la que destaca la presencia del bajista Abel Murua, compañero de viaje desde los orígenes de La Polla Records y uno de sus miembros fundadores. Junto a ellos completan la formación Tripi a la batería (entró en La Polla en 2002 y continuó con Evaristo con Gatillazo) y los guitarristas Alberto Salgado (Tropa do Carallo) y Kako Disturbio. Con dos integrantes de la formación original sobre el escenario, el concierto se convierte en un auténtico recorrido por casi medio siglo de historia del punk estatal a través de canciones de La Polla Records, The Kagas, The Meas, Gatillazo y Tropa do Carallo.



El concierto arrancó con “Salve”, convertida desde hace décadas en un auténtico himno del punk estatal. A partir de ahí fueron cayendo clásicos incontestables como “Come Libertad”, “Nuestra Alegre Juventud”, “…O Esclavos”, “Lucky Man for You” o “Esclavos del Siglo XXI”, todas ellas coreadas de principio a fin por un público absolutamente entregado.
Precisamente esa fue una de las imágenes más llamativas del concierto. En las primeras filas convivían seguidores que llevan acompañando a Evaristo desde los años ochenta con jóvenes que, perfectamente, podrían ser sus nietos. Y todos, sin excepción, conocían las letras palabra por palabra. Una demostración incontestable de que el mensaje de Evaristo mantiene intacta su vigencia y continúa conectando con varias generaciones de aficionados.



Más allá de la música, el concierto fue una reivindicación de una forma de entender el punk basada en la crítica social, la ironía y la absoluta ausencia de artificios. Casi medio siglo después de iniciar su trayectoria, Evaristo sigue demostrando que hay canciones que no envejecen porque, lamentablemente, muchos de los problemas que denunciaban siguen estando tan presentes como entonces.
Bad Religion (20:20h): Bad Religion convierte el Barcelona Rock Fest en una reivindicación del punk melódico
A las 20:20 horas, uno de los escenarios principales del Barcelona Rock Fest recibió a Bad Religion, una de las bandas más influyentes de la historia del punk rock. Formados en Los Ángeles en 1980, los californianos mantienen en la actualidad a dos miembros originales, el vocalista Greg Graffin (61) y el guitarrista Brett Gurewitz (64), acompañados por Brian Baker (61), Mike Dimkich (58), Jay Bentley (62) y Jamie Miller. Cuatro décadas después de su nacimiento, el grupo continúa defendiendo con la misma convicción su característico punk melódico cargado de crítica social y reflexión.



Sin apenas pausas entre canción y canción, Bad Religion ofreció un repertorio repleto de clásicos que hizo las delicias de los numerosos seguidores congregados frente al escenario. “Recipe for Hate”, “Them and Us”, “Los Angeles Is Burning”, “Do What You Want”, “We’re Only Gonna Die”, “21st Century (Digital Boy)”, “Struck a Nerve”, “No Control”, “Punk Rock Song”, “Infected”, “Sorrow” o “American Jesus” fueron cayendo con la contundencia y precisión que caracteriza a la banda. Tampoco faltaron otros temas muy celebrados como “I Want to Conquer the World”, “Atomic Garden”, “Fuck You”, “A Walk”, “You” y el explosivo “Fuck Armageddon… This Is Hell”, manteniendo un ritmo frenético durante toda la actuación.
Lejos de recurrir a grandes artificios, Bad Religion volvió a demostrar que no necesita más que sus canciones y su mensaje para conquistar al público. Tras la interpretación de “American Jesus”, las pantallas del escenario mostraron el mensaje “Penseu per vosaltres mateixos” (“Pensad por vosotros mismos”), una frase que resumió a la perfección la filosofía que la banda lleva defendiendo desde hace más de cuarenta años y que fue recibida con una sonora ovación por parte del público.
Powerwolf (21:25h) – Una misa de metal convertida en el gran espectáculo del festival.
Con la noche cayendo sobre Can Zam, Powerwolf apareció a las 21:25 horas dispuesto a demostrar por qué es uno de los grandes nombres del metal europeo actual. Formados en 2003 en Saarbrücken (Alemania), los germanos han construido una identidad única mezclando power metal, heavy metal y una teatral puesta en escena inspirada en la liturgia religiosa y el imaginario fantástico. La banda suma nueve álbumes de estudio, siendo Wake Up the Wicked (2024) el trabajo que continúa defendiendo en la gira actual. La formación actual de Powerwolf está integrada por Attila Dorn (nombre real: Karsten Brill), voz, 56 años; Matthew Greywolf (Benjamin Buss), guitarra, 49 años; Charles Greywolf (David Vogt), guitarra y bajo, 49 años; Falk Maria Schlegel (Christian Jost), teclados, 50 años; y Roel van Helden, batería, 50 años. De ellos, Attila Dorn, Matthew Greywolf, Charles Greywolf y Falk Maria Schlegel forman parte del núcleo fundador de la banda, mientras que Roel van Helden se incorporó en 2011, convirtiéndose desde entonces en una pieza fundamental del sonido de los alemanes.



En esta gira, sin embargo, Matthew Greywolf continúa apartado temporalmente de los escenarios, siendo sustituido nuevamente por Dom (Lord of the Lost), mientras que la gran noticia fue el regreso de Charles Greywolf, de vuelta tras varias semanas de ausencia.
Desde el primer acorde quedó claro que el público estaba completamente entregado. Powerwolf no entiende de medias tintas ni de momentos de transición. Su propuesta consiste en enlazar un himno tras otro sin conceder un solo instante de respiro, tratando cada canción como si fuera el gran final del concierto. El resultado es un estado permanente de clímax entre banda y público que muy pocas formaciones son capaces de sostener durante toda una actuación. En realidad, la estructura es bastante parecida a lo que vendría a ser un musical, todo muy milimetrado, coregrafías en cada tema, el speech entre canción y canción y una banda maquillada que sigue claramente un guión. En su conjunto, como digo, una apuesta muy teatral.



Eso si, hablando de guiones, hay que aplaudir la exclusividad de mismo en cuanto a Attila se refiere ya que se pasó la mayoría del concierto dirigiéndose al público en un catalán notablemente fluido dando discursos en esa misma lengua, la cual cosa demostró un particular interés a la hora de satisfacer a ese público en concreto.
El repertorio, con temas procedentes de discos como Bible of the Beast, Blood of the Saints, Blessed & Possessed, The Sacrament of Sin, Call of the Wild y Wake Up the Wicked, fue una sucesión de auténticos himnos: “Bless ’em with the Blade”, “Incense & Iron”, “Amen & Attack”, “Army of the Night”, “Armata Strigoi”, “Sinners of the Seven Seas”, “Demons Are a Girl’s Best Friend”, “Sainted by the Storm”, “Heretic Hunters”, “Alive or Undead”, “Blood for Blood (Faoladh)”, “We Drink Your Blood”, “Sanctified with Dynamite”, “Coleus Sanctus” y el espectacular cierre con “Werewolves of Armenia”.



Pero hablar de Powerwolf es hablar, sobre todo, de espectáculo. Probablemente, ofrecieron el montaje más impresionante de toda la edición, compitiendo incluso con Helloween y Sabaton. Llamaradas constantes, explosiones de pirotecnia, columnas de fuego, humo, plataformas, escenografías monumentales y una iluminación perfectamente sincronizada hicieron que, en muchos momentos, resultara difícil decidir hacia dónde mirar. La cantidad de estímulos visuales era tal que por momentos llegaba a saturar los sentidos. De hecho, cuesta recordar otro concierto del festival en el que las lanzaderas de fuego transmitieran tanto calor al público situado frente al escenario.
Si el sábado Sabaton había demostrado que el relevo generacional del metal estaba asegurado, el domingo Powerwolf rubricó esa misma idea desde una perspectiva puramente metalera. Lo suyo fue mucho más que un concierto de rock: fue una auténtica misa de heavy metal, con Attila Dorn ejerciendo de carismático capellán y miles de fieles respondiendo al unísono desde la primera hasta la última fila. Sin discusión, fueron los grandes vencedores metaleros de la jornada y, para muchos, los segundos del podio de todo el Barcelona Rock Fest 2026 (detrás de Helloween).
Rat-Zinger (21:30h)
Rat-Zinger es una de las bandas más contundentes y personales del panorama estatal. Formados en Bilbao en 2009, los vizcaínos nacieron con la intención de fusionar la agresividad del punk, el hardcore, el rock and roll y el thrash metal, todo ello acompañado de unas letras cargadas de humor negro, crítica social, violencia urbana e ironía. Ellos mismos definieron su estilo desde el principio como “punk and roll”, una etiqueta que resume perfectamente su propuesta.
La banda fue impulsada por Podri (voz), conocido por su etapa en Porco Bravo, junto a músicos procedentes de diferentes formaciones de la escena vasca. Desde sus primeros conciertos se ganaron una reputación de grupo explosivo en directo, con actuaciones intensas y una actitud desafiante que rápidamente les abrió las puertas de los principales festivales nacionales.
Su debut discográfico llegó en 2011 con “Cartas al Vaticano”, un álbum que llamó la atención por su sonido crudo y directo. A partir de ahí encadenaron trabajos como “Crónicas de la destrucción” (2013), “Larga vida al infierno” (2016), “Santa Calavera” (2018), “Tengan cuidado ahí fuera” (2021) y “Bala per cápita” (2024), consolidando una trayectoria caracterizada por una notable regularidad y una identidad muy marcada.
Su repertorio combina himnos como “No habrá piedad para nadie”, “Apártate”, “Larga vida al infierno”, “Tu pasajero”, “Santa Calavera” o “Patria”, canciones que reflejan perfectamente el ADN del grupo: riffs contundentes, ritmos frenéticos y estribillos pensados para ser coreados.
Tras más de quince años de trayectoria, Rat-Zinger se ha consolidado como una de las referencias del punk-metal español, manteniendo intacta su actitud irreverente y su capacidad para ofrecer algunos de los directos más intensos de la escena nacional.
Lamentablemente, la coincidencia del concierto de Rat-Zinger con Powerwolf hizo que esta vez no pudiésemos ver nada de su actuación, aunque esperamos que haya otra ocasión de ver uno de sus potentes directos.
The Offspring (23:00h): The Offspring firma una noche inolvidable y convierte el Barcelona Rock Fest en una auténtica fiesta
Había una enorme expectación por ver a The Offspring y la banda californiana no defraudó. Aunque su actuación, prevista para las 23:00 horas, comenzó con quince minutos de retraso, la impaciencia del público desapareció en cuanto sonaron los primeros acordes de “Come Out and Play”. Con el recinto completamente abarrotado, los de Orange County demostraron por qué siguen siendo una de las formaciones más importantes del punk rock melódico desde su creación en 1984. Liderados por Dexter Holland (60) (voz y guitarra) y Noodles (63) (guitarra), únicos supervivientes de la etapa clásica, la formación actual la completan Todd Morse (58) (bajo y coros), Jonah Nimoy (nieto del legendario actor Leonard Nimoy (Spock en Star Trek) (34) (guitarra rítmica) y Brandon Pertzborn (31) (batería), ofreciendo una actuación impecable tanto en lo musical como en lo visual.
El arranque fue sencillamente demoledor. “Come Out and Play”, “All I Want”, “Want You Bad” y “Slim Pickens Does the Right Thing and Rides the Bomb to Hell” bastaron para poner a todo el festival a saltar. En “Looking Out for #1”, Dexter Holland dejó la guitarra para recorrer el escenario de un extremo a otro, interactuando continuamente con los asistentes, antes de enlazar con “Staring at the Sun”, el medley “Hit That / Original Prankster” y una espectacular “Hammerhead”, donde, justo antes de comenzar este último tema, el escenario quedó completamente a oscuras para revelar dos enormes calaveras hinchables, de medio cuerpo, situadas a ambos lados del escenario, mientras las pantallas proyectaban imágenes bélicas inspiradas en el videoclip original.



Pero la auténtica explosión llegó con “Bad Habit”. El público, que llevaba esperando ese instante desde el inicio del concierto, convirtió el recinto en un mar de saltos y voces, protagonizando uno de los momentos más intensos de todo el festival. Lejos de bajar el ritmo, la banda sorprendió con una doble dosis de clásicos ajenos: “Paranoid”, de Black Sabbath, y “Crazy Train”, de Ozzy Osbourne, recibidas con auténtica euforia, sirviendo de homenaje al fallecido cantante. Después llegaron “In the Hall of the Mountain King”, de Edvard Grieg, y una inesperada versión de “Love Story”, de Taylor Swift, durante la cual Dexter animó al público a protagonizar un wall of death. Aunque el resultado fue más bien un simpático “mini wall of death”, aún y así, el público se lo estaba pasando en grande.
Tras “Walla Walla” y “Gotta Get Away”, llegó el típico solo de batería, momento que aprovecharon los técnicos para retirar las enormes calaveras. Acto seguido, dos gigantescas manos aparecieron en las pantallas acompañadas del mensaje “Move Your Arms!”, mientras enormes balones eran lanzados sobre el público para dar paso a “Why Don’t You Get a Job?”.



La recta final fue una auténtica sucesión de himnos. “Pretty Fly (for a White Guy)” llenó el escenario de tubos hinchables danzantes y largas tiras de confeti, mientras “The Kids Aren’t Alright” volvió a desatar la locura colectiva. Ya en los bises, “Lullaby”, “You’re Gonna Go Far, Kid” y, sobre todo, “Self Esteem” pusieron el punto final a un concierto memorable, con miles de personas cantando cada palabra y saltando hasta la última nota.
The Offspring ofreció mucho más que un concierto: firmó una auténtica celebración del punk rock, perfectamente ejecutada, repleta de grandes canciones y con una producción espectacular. Una actuación de esas que dejan huella y que tardarán mucho tiempo en borrarse de la memoria de quienes tuvieron la suerte de vivirla.
Cavalera Conspiracy (00:35h) – Chaos A.D. sigue siendo una descarga de rabia 33 años después
A las 00:35 horas llegó el turno de Cavalera Conspiracy, el proyecto liderado por los hermanos Max (57) e Igor Cavalera (55), quienes desde hace unos años recorren el mundo recuperando íntegramente los discos más emblemáticos de su etapa en Sepultura. En el Barcelona Rock Fest el protagonismo recayó sobre Chaos A.D., publicado originalmente por Sepultura en 1993, hace ya 33 años, y considerado una de las obras fundamentales del metal de los noventa. La formación actual la completan Travis Stone (guitarra) e Igor Amadeus Cavalera (29) (bajo), hijo de Max, convirtiendo el proyecto en un auténtico negocio familiar, cuya gestión corre además a cargo de Gloria Cavalera, esposa de Max.



Tal y como estaba previsto, el grupo interpretó íntegramente Chaos A.D., respetando el orden original del álbum con clásicos como “Refuse/Resist”, “Territory”, “Slave New World”, “Propaganda”, “Biotech Is Godzilla”, “Nomad”, “We Who Are Not as Others”, “Manifest”, “The Hunt”, “Clenched Fist” y “Chaos B.C.”, antes de completar el concierto con varios temas adicionales de la época clásica de Sepultura. El repertorio coincidió prácticamente al completo con el contenido del histórico álbum.
Frente al espectacular despliegue escénico de Powerwolf, Cavalera ofreció uno de los montajes más austeros del festival. Como único elemento escenográfico destacaba el inquietante cadáver envuelto que protagoniza la portada de Chaos A.D., suspendido desde el techo del escenario, mientras los amplificadores rodeaban a una banda que prefirió dejar todo el protagonismo a la música.



Y no hizo falta nada más. La actitud fue sobresaliente, especialmente la de los más jóvenes. Igor Amadeus Cavalera se mostró tremendamente activo durante todo el concierto, al igual que Travis Stone, cuya energía y entrega complementaron a la perfección la contundencia de Max e Igor. Resulta casi anecdótico comprobar cómo Cavalera se ha convertido en una auténtica empresa familiar: dos hermanos sobre el escenario, el hijo de uno de ellos al bajo y la gestión del proyecto en manos de Gloria Cavalera. Una fórmula que sigue funcionando a la perfección para mantener vivo uno de los legados más influyentes de la historia del metal.
Stingers (00:35h)
Los sevillanos empezaron la descarga a la misma hora que la família Cavalera así que no hubo ocasión de comprobar qué tal era la propuesta de tributo a Scorpions que ofrecía la formación.
En resumen, el domingo confirmó que el Barcelona Rock Fest sabe reinventarse sin perder su esencia. The Offspring fue el indiscutible vencedor en términos de convocatoria, atrayendo incluso a un público que habitualmente no frecuenta los festivales estrictamente metaleros. Bad Religion demostró el enorme tirón que sigue teniendo el punk melódico, mientras que Powerwolf rubricó una actuación sencillamente espectacular, convirtiéndose en el gran triunfador metalero de la jornada gracias a un despliegue escénico difícil de igualar.
En líneas generales, esta décima edición volvió a consolidar al Barcelona Rock Fest como una de las grandes citas nacionales del rock y el heavy metal, combinando leyendas con nuevas generaciones y dejando actuaciones memorables de bandas como Loudness, Helloween, Accept, Testament, Sabaton o Powerwolf. A pesar de algunos aspectos mejorables, como el acceso en vehículo o unas infraestructuras algo escasas y desgastadas, el balance final es positivo y muy especialmente en el apartado de sonido, ya que, en líneas generales, pudimos disfrutar bien de la inmensa mayoría de conciertos.
El mejor broche llegó con el anuncio realizado por la organización de que el Barcelona Rock Fest recuperará en 2027 el formato de cuatro jornadas, tal y como ya ocurrió en 2019 y 2025. La undécima edición se celebrará los días 1, 2, 3 y 4 de julio de 2027, manteniendo su tradicional cita durante la primera semana de julio. Los abonos ya se encuentran a la venta a través de la web oficial del Barcelona Rock Fest.
Marcel.lí Dreamevil / Vicente Ramírez
Fotos: Vicente Ramírez



