Jack Moore + Sonika – 5 de Agosto 2026 – Sala Revi Live (Madrid)
La Sala Revi Live de Madrid acogió el pasado 5 de agosto una noche de contrastes, con Sonika abriendo para Jack Moore, hijo de Gary Moore, en una velada planteada entre las versiones de grandes clásicos del pop llevadas al rock y el homenaje al legado de uno de los grandes guitarristas de la historia. Dos propuestas muy diferentes que dejaron sensaciones desiguales: mientras Sonika ofrecieron un concierto sólido y bien resuelto, la actuación de Jack Moore terminó demasiado condicionada por problemas vocales, cambios de repertorio y una planificación que dejó bastante que desear.
Sonika fueron los encargados de poner en marcha la noche con una propuesta de versiones de pop en clave de rock formada por músicos del entorno de NurCry y con Eva García al frente de las voces. Su repertorio pasó por nombres tan diferentes como El Canto del Loco, La Oreja de Van Gogh, Paulina Rubio, Jarabe de Palo, Arde Bogotá o Héroes del Silencio, demostrando que la fórmula permite jugar con canciones muy reconocibles y trasladarlas a un contexto mucho más cercano al público de esa noche en la Revi Live.



La interpretación fue buena por parte de todos los músicos, aunque destacó especialmente el trabajo de Eva García. La vocalista mostró recursos y personalidad para enfrentarse a un repertorio tan variado, mientras que la banda consiguió mantener una línea bastante homogénea pese a las diferencias entre unas canciones y otras.
También hay que destacar el apartado visual. Sonika contaron con unas luces magníficas que ayudaron a dar mayor presencia al espectáculo y evitaron que la propuesta quedara reducida a una simple sucesión de versiones. En una banda cuya principal baza parece estar precisamente en el directo, este aspecto juega claramente a su favor.



Por decir un ‘pero’, es que podrían ‘metalizar’ un poco más algunas de las versiones. Teniendo en cuenta el entorno del que proceden y el escenario en el que estaban tocando, existe margen para llevar determinadas canciones mucho más lejos, endurecerlas y convertirlas en interpretaciones con una personalidad más reconocible. Por lo demás, la actuación fue solvente y entretenida, aunque todavía queda por saber qué planes tiene realmente la banda.
De momento, Sonika parecen responder más a una fórmula concebida para el directo que a un proyecto con un recorrido claramente definido. Eso no invalida lo que hacen, especialmente si el objetivo es ofrecer una noche muy entretenida y reconocible, pero sí deja abierta la pregunta de si veremos una evolución hacia un sonido más propio o si se mantendrán como una formación de versiones.
Con la sala ya metida en ambiente, llegaba el turno de Jack Moore. El hijo de Gary Moore acudía a Madrid acompañado por Quentin Kovalsky para rendir tributo a su padre y presentar su disco Electric Neverland. Sobre el papel, el planteamiento tenía argumentos más que suficientes para generar expectación, pero pronto quedó claro que la presentación del nuevo trabajo iba a quedar en un segundo plano.



El concierto comenzó precisamente con ‘Heavenly Light’, un tema sencillo de Electric Neverland que sirvió como carta de presentación del proyecto. Sin embargo, sería prácticamente la única concesión al disco de Jack Moore durante toda la noche. ‘Oh Pretty Woman’ comenzó a calentar al público y, con ‘All Your Love’, empezó a aparecer de manera mucho más evidente la esencia de Gary Moore que terminaría dominando prácticamente todo el concierto.
‘Walking By Myself’ fue el gran momento de comunión con la sala. El tema fue, con diferencia, el más coreado de la noche y consiguió que el público se implicara de lleno en el homenaje. Jack, por su parte, demostró que la guitarra es su principal argumento y que ha sabido asimilar buena parte del lenguaje instrumental de su padre.
El problema llegó muy pronto con Quentin Kovalsky. Jack no canta como su padre, algo completamente lógico y que no debería suponer ningún problema, por lo que contar con un vocalista como Quentin tenía sentido para afrontar el repertorio de Gary Moore. Sin embargo, ya en el segundo tema anunció que estaba afónico, acompañando la situación con bromas sobre haber abusado del aire acondicionado.



La anécdota podía tener cierta gracia, pero resultaba difícil no considerarla un importante punto negativo. El hecho de bromear con el tema como si no tuviera ‘importancia’, nos dio la sensación fue de poca seriedad por parte de la banda, y algo que terminaría condicionando por completo el desarrollo del concierto.
En un momento dado tuvieron que recurrir incluso a un instrumental al quedar bastante claro que Quentin no podía cantar. El problema se hizo especialmente evidente en ‘Still Got the Blues’: Jack estuvo magistral a la guitarra, defendiendo con enorme solvencia la parte instrumental y demostrando que tiene capacidad de sobra para reivindicar el legado de su padre desde las seis cuerdas, era una verdadera prueba de fuego. Quentin, en cambio, terminó destrozando vocalmente una canción que por su propia naturaleza y lo que representa, exigía mucho más.
‘Don’t Believe a Word’ sirvió para cerrar el repertorio principal sin demasiada sensación de culminación. Para entonces, el setlist ya había quedado bastante tocado y recortado por la situación vocal de Quentin y el concierto apenas superaba la hora de duración, algo especialmente llamativo teniendo en cuenta que se trataba de una actuación planteada como homenaje a Gary Moore y que, además, debía servir para presentar un disco propio.



Y el problema se hizo todavía más evidente con los bises. En lugar de adaptar el repertorio y buscar alguno de los tres temas previstos, o algún otro que estaba quedando fuera del setlist y que Quentin pudiera afrontar en sus condiciones, la banda decidió volver a tocar ‘Walking By Myself’… ¿perdón?, sí, era precisamente la canción que más había coreado la sala y la reacción del público no fue mala, pero repetir el mismo tema evidenció hasta qué punto el setlist había quedado destrozado y lejos de terminar en alto el concierto, en nuestra opinión lo sepultó hasta el sótano.
La decisión resulta especialmente difícil de entender porque a nuestro modo de ver existían alternativas. Por supuesto que se entiende que algo así puede suceder, somos humanos y todos enfermamos, pero durante toda la noche daba la sensación de que el líder de la banda fuera Quentin, cuando no es el caso. Estamos hablando de que la figura de esta banda es el guitarrista y si el vocalista no podía cantar con normalidad, podían perfectamente haber modificado el repertorio, recurrido a uno o varios temas instrumentales o escogido alguna canción que pudiera defender mejor; dejar fuera ‘Parisienne Walkways’ no tiene explicación, no exige un gran esfuerzo vocal y perfectamente podrían haber cerrado con ella. Repetir el tema que había funcionado mejor garantizaba una respuesta inmediata, pero también transmitía una sensación de improvisación y ‘salir del paso’ muy poco profesional.
Jack Moore, eso sí, dejó claro que tiene un gran nivel como guitarrista y que su apellido no es lo único que sostiene su propuesta. El problema es que el concierto terminó siendo prácticamente un tributo a Gary Moore, con apenas una canción de Electric Neverland, un cantante sin voz, un setlist alterado y un show de muy poco más de una hora. Demasiados elementos negativos como para considerar que la noche salió como estaba planteada.



La nostalgia, inevitablemente, hizo mucho trabajo. Ver al hijo de Gary Moore interpretar ‘All Your Love’, ‘Walking By Myself’ o ‘Still Got the Blues’ tiene un enorme componente emocional, y cuando Jack se colgaba la guitarra era imposible no pensar en el legado de su padre. Pero la emoción no puede ocultarlo todo. Debajo de ese componente nostálgico quedó una actuación con buenos momentos instrumentales, pero también con una planificación deficiente y decisiones difícilmente justificables.
En definitiva, la noche de la Revi Live dejó dos lecturas muy distintas. Sonika cumplieron con solvencia, tienen una buena cantante, una banda capaz y una puesta en escena cuidada y esmerada. Jack Moore, en cambio, tuvo en sus manos una oportunidad enorme para reivindicar su propio trabajo y el legado de su padre, pero terminó ofreciendo un concierto corto, con el setlist destrozado y demasiado condicionado por una situación vocal que debería haberse previsto mejor. La nostalgia consiguió que la noche tuviera momentos emotivos, pero no logró esconder del todo una actuación que no quedará para el recuerdo y estuvo bastante lejos de lo que podía esperarse.
Susana Manzanares
Fotos: David Aresté



