Michael Schenker Fest – 29 de Octubre’17 – Sala Razzmatazz (Barcelona)

Haciendo un par de pasos atrás para echar un vistazo a lo que es la historia del hard n’ heavy diría que no es descabellado considerar que el tiempo no ha sido del todo justo con la figura de Michael Schenker. El guitarrista alemán tiene una fiel legión de seguidores, de eso no hay duda, pero echando un vistazo a lo que ha hecho durante toda su carrera, el tipo debería ser una maldita leyenda al nivel de Eddie Van Halen, Slash, Yngwie Malmsteen o cualquiera de esos guitarristas clásicos que te vienen a la mente nada más pensar en rock duro. Pero lamentablemente no es así, es por eso que no deja de ser entrañable que sea el propio guitarrista quien se auto-reivindique con una gira que celebra sus años de carrera en solitario y sus distintas etapas con los tres cantantes más representativos que le han acompañado en estas décadas: Gary Barden, Graham Bonnet y Robin McAuley.

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Con los también legendarios y fiables Ted McKenna y Chris Glen a la base rítmica y la ayuda de Chris Mann a los teclados y segunda guitarra, la fiesta empezó con "Into the Arena" para dar paso al primero de los bloques, en orden cronológico, que construirían el repertorio del concierto. Así, Barden tomó las tablas para desgranar un puñado de clásicos de la primera época del Michael Schenker Group como "Attack of the Mad Axeman", "Let Sleeping Dogs Lie" o la maravillosa "Cry For the Nations" que fue coreada a pleno pulmón por el público que no llegó a llenar la grande de Razzmatazz. Los temas suenan geniales, como siempre, pero el único borrón en el conjunto es la castigada voz de Barden, que simplemente ya no puede cantar esos temas con garantías, pero al menos el tipo lo suple con buen humor y simpatía hacia las primeras filas.

El siguiente bloque de temas se inaugura con un guiño a Scorpions de Schenker con la instrumental "Coast to Coast" de un ya lejano 1979, y que da paso al bueno de Bonnet – con una imagen un tanto siniestra, todo hay que decirlo – que pese a su edad todavía conserva su voz de manera notable y es por ello que dedica toda su energía en el escenario a cantar temas como "Desert Song" o la popera "Dancer" (que tuvo invitados especiales a los coros en Barden y McAuley) y casi nada en moverse por el escenario.

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La tercera parte del show era quizá la más esperada por los fans más acérrimos pues Schenker se ha prodigado poco con el material de la época del McAuley Schenker Group, y es por eso que cuando el bueno de McAuley y su repertorio más AOR-ero tomaron las tablas, el público se vino arriba. Se pudieron disfrutar grandes temas como "Save Yourself", "Bad Boys" o un brutal "Love is Not a Game" que nos trasladó directamente a los shows de RATT de mediados de los ochenta.

Y es que si una cosa caracteriza a esta formación que participa en el Michael Schenker Fest es que son todos unos auténticos profesionales de la vieja escuela, y eso se nota. Se nota especialmente en cómo Schenker ejecuta cada uno de los solos con sus guitarras Flying V: con gusto, con técnica, con imaginación. Su sonido es inconfundible, de otras épocas, y brilla más que nunca cuando la banda recupera, con McAuley a la voz, el "Rock Bottom" de los emblemáticos UFO. Es esta una pieza que en directo ha sido tradicionalmente para que el guitarrista se luzca, y si el guitarrista es Schenker pues sabemos que el tipo se va a explayar, y vaya si lo hace. Para quitarse el sombrero.

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El peor momento de la noche llegó justo después cuando, sin saber muy bien por qué, Bonnet y Barden volvieron al escenario para unirse a McAuley, lo cual solo significaba que se ibaa interpretar "Doctor, Doctor", también de UFO, que es el tema que cierra los conciertos en esta gira. Incomprensiblemente, el setlist se vio acortado en como mínimo dos temas respecto a otros shows de la gira, lo que hizo que el tiempo total de bolo fueran unos, a todas luces, escasos 95 minutos para un concierto de estas características. Obviando este punto, la interpretación del clásico de UFO resultó un tanto caótica y verbenera con los tres cantantes turnándose a las estrofas un poco sin orden ni concierto. Sin embargo, la idea es que esta canción sea un fin de fiesta con todos compartiendo unas risas en el escenario, y cumple su cometido.

Un show que distó mucho de ser brillante y en el que, a pesar de las estrellas invitadas, los auténticos protagonistas siguen siendo Schenker, su guitarra y su inamovible gorrito de lana. Sería interesante ver hasta dónde podría llegar el rubio guitarrista con nuevo material y un cantante potente para interpretarlo. Por ahora, parece que el tipo está cómodo viviendo de su material clásico; un material que vale un imperio.

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Texto y Fotos: Edko Fuzz

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