Yngwie J.Malmsteen – 22 de Septiembre’18 – Sala But (Madrid)

Siguiendo con nuestro otoño de las Guitarras locas, le toca el turno a otro maestro, el sueco Yngwie J. Malmsteen que afincado en América cada vez se acuerda menos de Europa, que pasan largas temporadas sin venir al viejo continente a tocar. Suponemos que le va muy bien y debe estar muy ocupado girando por América y con sus colegas en el Generation Axe…

Texto: Susana Manzanares
Fotos: David Aresté
 

Quizá cuando ya nos habíamos acostumbrado a su ausencia y no esperábamos que viniese a tocar ni con “World of fire” ni con los anteriores -dicen los fans más doctos que la composición de los últimos discos deja bastante que desear- R.M Concerts consigue traerle en tres fechas por España siendo las únicas de toda Europa y a juzgar por los soldout, demostró una vez más que la gente a pesar de todo tenía muchas ganas de Malmsteen, incluidos nosotros. Era lógico que pudiera pasar en las tres fechas, pero al menos en la de Madrid agotó todas las entradas como era de esperar después de tantos años sin venir.

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Así que aquí le teníamos, para bien o para mal en un apretadísimo aforo para mi gusto, pues en ocasiones así las salas se convierten en latas de sardinas que reducen bastante el nivel de lo disfrutable, quiero pensar que porque no ha habido tiempo de replanificar un cambio de sala y no porque queda mejor una sala mediana llena que no una grande a medio llenar…

Tras entrar en la abarrotada sala, encontrar un sitio y sorprendernos por la muralla de Marshalls -aunque algo ya habíamos visto previamente por las redes-, la luz se apagó y comenzó el delirio neoclásico. Sin dejar un segundo de capacidad de reacción, sonaba la intro de ‘Rising Force’, todo estaba muy alto, el humo salía y desde el aficionado a los más incondicionales fueron llevados al borde del precipicio de la emoción… el teclista Nick Marino ya cantaba su parte asignada -algo más de la primera estrofa y estribillos- mientras Yngwie salido de entre el humo recorría ya los dedos por su stratomástil.

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Tal caótica irrupción cumplió su cometido y rápidamente y sin que nos diéramos cuenta ya nos había colado el primer gol a golpe de patada al techo, después vendrían más, más patadas y más goles en forma de perfectos solos para dejar bien presente a la maravillada afición que goza de una estupenda forma. La tónica que se mantuvo a lo largo del concierto fue muy parecida a la de ese primer tema, no el hecho de ser caótico, sino demasiado rápido. A ver, ya sabemos que lo lento no es lo suyo y a lo que atenernos, y aunque tocó temas que no estaban en el setlist, (de hecho pocos) daba la impresión de que con tal de deslumbrarnos los tocó demasiado rápido, más de lo normal en mi humilde opinión.

Por lo que intuíamos a nuestro alrededor los temas más recientes no levantaban muchas pasiones, como ‘Soldier’ o la que da nombre al último ‘World of Fire’ ni aderezándola con un cachito de ‘Smoke on the Water’, pero por el contrario la sala se venía arriba con ‘Far Beyond The Sun’, ‘You Dont’ Remember, I’ll Never Forget’, o ‘I’ll See The Light Tonight’, aparte de las piezas clásicas ‘Fugue’, ‘Badinerie’ de Bach o‘Adagio’ de Paganini. Y cómo no hacerlo… no en vano han sido la banda sonora de la vida de muchos de los que estábamos allí y eso se notaba.

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El delirio no quita lo valiente y también hay que decir que alguien como Yngwie J. Malmsteen y no muchos más, se pueden permitir fichar uno no, media docena de buenos vocalistas que sólo descolgar una llamada con Malmsteen al otro lado, estarían dispuestos a atravesar el planeta de punta a punta para acompañarle en esta mini-gira y así por otro lado hubiéramos podido escuchar los temas cantados enteros. No es cuestión de pedir a las voces de antaño, un Lynn Turner, un Soto o un Ripper Owens, que hay que ser realistas… pero con todo el respeto a Nick Marino, aunque correcto, el hecho de no tener la figura del vocalista y con su presencia sobre el escenario se empobrecían bastante los temas míticos como ‘You Don’t Remember’ por ejemplo, aunque para presencia ya sabemos que con la de Malmsteen basta y sobra. A pesar de ello, hay que decir que cuando le tocó cantar los temas a él tampoco lo hizo tan mal… o si?

Lo más seguro es que si a Malmsteen lo tuvieramos aquí cada 2 años, en este concierto le hubiesen llovido más de una dura crítica… de hecho al salir de la sala ya le estaban lloviendo, muchos comentaban que podía haber aspirado a mucho más del show, o incluso que se pareció más a un clinic que a un concierto. Pero bueno, volvemos a repetir, la gente tenía (teníamos) ganas de Malmsteen y se lo perdonamos todo y seguimos medio contrariados/medio gustosos alimentando su ego…

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Un ego que no dejó  que sus músicos Nick Marino a los teclados y a la voz -cuando le dejaban-, Emilio Martinez al bajo y Mark Ellis a la batería estuvieran junto a él en el escenario, sino arrinconados literalmente en un minúsculo espacio lateral y que ni siquiera al final del show les permitiera salir un instante a saludar al público (bajo claro gesto con la mano), detalle feo donde los haya y además una falta enorme de respeto a su trabajo, pero… ‘es Yngwie, es lo que hay’ era así el tópico no? Pues eso. 

Aunque no lo parezca, lo cierto es que salimos más satisfechos de la sala de lo que entramos, y no precisamente por la hazaña de salir de una sala que estaba a reventar. Recordamos buenos momentos, disfrutamos cada nota de virtuosismo y nos sorprendimos con algún que otro vello erizado en contra de nuestra voluntad… grandes temas por un grande de la guitarra que eso sí, tenía un poco de prisa. Esperamos que vuelva pronto, que no tarde otra década y que venga con una banda normal, en una sala acorde a su nivel y nos haga disfrutar y delirar de nuevo con su amplia carrera llena de himnos, esos que están reservados sólo a las grandes estrellas.

Texto: Susana Manzanares
Fotos: David Aresté