“El metal, con su deseo de tocar más rápido que nadie y la necesidad de expresar su malestar y su rebeldía, ha abierto desde hace más de cincuenta años un furioso camino hasta los tímpanos de un público apasionado.”
Parece que estamos viviendo una nueva época gloriosa para el metal a nivel mediático, con los focos fijados en un buen puñado de bandas (clásicas y de éxito más reciente), aunque sea también por acontecimientos más tristes como el fallecimiento de leyendas de la talla de Ozzy Osbourne. Hace unas semanas me deshice en elogios hacia el último libro de Miguel de Lys que, casualidades de la vida, trata sobre la conexión entre la historia de la humanidad y ese género musical. En esta ocasión volvemos con más de lo mismo pero en un formato totalmente diferente: “Metal – La Novela Gráfica”, un híbrido entre ensayo y cómic publicado por Redbook Ediciones (dentro de su sello Ma non troppo).
El subtítulo de “una revolución de sonido y furia” es una perfecta síntesis de esta novela gráfica. El guion lo firma Fabrice Rinaudo y el dibujo es el resultado del trabajo colaborativo de una larga lista de artistas. Después de un breve pero interesante prólogo sobre el posible encasillamiento que provoca el intentar meter a los músicos en pequeños espacios delimitados por un subgénero muy especifico, el asunto arranca, precisamente, con una clasificación (justificada) que funciona también como capítulos de la obra: heavy metal, trash metal, death metal, glam metal, metal progresivo, nu metal, metalcore, etc. Toca también el tema de los festivales y algunos estilos “hermanos”, aunque de forma bastante superficial.
Por norma general, los capítulos se estructuran en dos partes: una con viñetas relacionadas con el tema (diferentes dibujantes están a los mandos en cada caso) y otra consistente en un resumen con datos básicos del subgénero y sus grupos más icónicos. No vas a encontrar un gran desarrollo de información, todo lo contrario, solamente unas pinceladas. Características, orígenes, grupos destacados, discos recomendados, los clásicos de un formato así en el que, además de hacer una aproximación a muchos aspectos diferentes del tema principal, tiene mayor importancia el apartado visual. La brevedad se entiende por eso mismo, al final es una novela gráfica que tampoco busca la densidad de un ensayo y el trabajo de ilustración es lo que recibe un brillo especial.
Respecto a ese apartado artístico de “Metal”, contando con tantos dibujantes, el resultado es un poco irregular. Me recuerda a la sensación de leer una antología de cuentos de distintos autores: lógicamente no siempre funcionan al mismo nivel para el lector. El trabajo de algunos artistas me ha gustado, destacando a Grégory Lê, Madd, Éloïse Héritier y Martin Texier, pero otros capítulos me parecen mejorables porque no tienen un estilo artístico que encaje con mis gustos. Incluso así, como conjunto funciona bien, conceptualmente es interesante y hay que valorar que la selección de cada dibujante es fruto de una evidente reflexión, ya que cada uno encaja bastante con el estilo musical que representa.
El aspecto visual es, sin duda, lo que hace el libro más atractivo, dando como resultado una obra que es casi definible como un objeto de colección para aficionados. Un paseíto (a todo color) breve pero entretenido.
Marta Montero



