Si hay alguien que cumple eso de estar en el momento justo en el lugar apropiado ese es Robbie Robertson. Y estas memorias son prueba de ello.

David Aresté

Como todo el mundo que se quería ganar la vida en el mundo de la música, Robbie se marchó de su casa a los 16 años para comenzar a trabajar en el mundo de la música aunque tuviese que vender su Fender Stratocaster. Comenzó su andadura musical con The Hawks, la banda de Ronnie Hawkins siendo el guitarra rítmica, hasta que fue escalando puestos a base de trabajo y aprender encima de un escenario hasta llegar a guitarra solista.

Gracias a su aprendizaje, su nivel era tal que un tal Bob Dylan se fijó en él para que fuese uno de sus guitarras para sus directos, Robbie dijo que él lo sería si cogía a toda la banda, ya que por aquel entonces se habían separado de Ronnie y actuaban por su propia cuenta. Él aceptó y comenzaron a hacer conciertos, siempre se dice que si algo es muy odiado se da la vuelta y gustar; eso es lo que pasaba con los conciertos de Bob Dylan… le decían que cambiase de banda, le abucheaban por sus letras, querían que tocase folk, pero la gente le iba a ver y cada vez tenía más éxito.

Robbie fue su hombre de confianza, testeando guitarras, valorando en parte las composiciones que tocaban llegando a tener como decimos un trato más que personal junto a él. Todo eso el propio Robertson nos lo explica con todo detalle sobre los viajes con la banda, donde tocaban, la reacción del público y sus postconciertos con un elenco de lo más variado de invitados de lujo, como un esquizofrénico Johnny Cash, The Beatles, The Rolling Stones por decir alguno… En aquellos días en vez de tomar copas o lo que sea para socializar con la gente, sorprende que a la más mínima y en cualquier reunión alguien ofrecía algún tipo de droga.

Aparte del día a día musical, también nos encontramos con la vida más personal de RR como la relación con su madre, la no relación con su padre, sus tios, que hacía en su tiempo libre o lo mujeriego que es a medida que va teniendo éxito en la música. Algo muy natural, fluido y como decimos explicado al milímetro con miles de detalles, hasta las comidas que le hacía su madre y a toda la banda cuando pasaban por allí de gira… normal que el libro llegue a las 500 páginas.

El único pero que encontramos es la organización de los textos, o la forma de explicarlos… quizá son motivos un tanto simplistas pero por el hecho de ser un libro que va narrando múltiples historias siempre ayuda tener una guía en el camino que te recuerde o anuncie que va a pasar, y no unos capítulos sin título y solamente numerados.

En la última parte del libro Robbie explica como deja en Woodstock a Dylan y se lanza a la palestra con sus compañeros formando The Band. El hecho de llevar la voz cantante, aunque fuese poca, le hizo tomar decisiones extrañas que no gustaban a sus compañeros en la etapa con más repercusión del grupo. Una transformación que el propio Robertson no cuenta tan gris como se sabe que pasó… manteniendo esa aroma de fan que vive por y para la música y obviando las partes “menos bonitas”.

Siendo sinceros no conocíamos la vida y obra del amigo Robertson, sin duda alguien oportunista y con una suerte tremenda de por vivir la etapa dorada del rock además de un gran e incansable músico que siempre ha tendido a ir en un segundo plano. Libro recomendado para aquellos que les guste las historias, las anécdotas y saber algo de la gente desconocida de la escena como es el caso de nuestro amigo Robbie.

David Aresté

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