Slayer + Lamb Of God + Anthrax + Obituary – Sábado 17 de Noviembre ’18 – Palacio de Vistalegre, Madrid

Una de las giras del año, sin duda, la que tuvimos el placer de presenciar. No solo por ser la gira final de Slayer, a la que bautizaron como “The Final Wolrd Tour”, si no porque venían muy bien acompañados. Lamb Of God, Anthrax y Obituary iban a ser los invitados en la gran noche de Slayer. Así pues, con todas las entradas de pista vendidas desde hacía meses, y muy muy pocas disponibles en grada, las puertas se abrían pocos minutos después de las cinco de la tarde. La gente no tardó en exceso en tomar posiciones para lo que serían más de cinco horas del mejor Metal.

Texto y fotos: Mario López

Obituary fueron los encargados de abrir la velada, tras sonar a todo volumen el “Snortin’ Whiskey” de Pat Travers. Comenzaron, como viene siendo habitual en los últimos años, con “Redneck Stomp”, tema instrumental con el que van introduciendo al público, que pronto empezó con los crowd surfings, en el concierto progresivamente. Cuando finalmente apareció en el escenario John Tardy, y la formación estuvo completa, dieron rienda suelta a su Death Metal con “Sentence Day”, de su más reciente lanzamiento. La gente sin duda estaba con ganas y pronto empezaron los circle pits y el movimiento a lo grande por toda la pista. Pronto comprobamos que, a pesar de tener un sonido bastante decente, estaba limitado con respecto a lo que vendría después. En cuanto a escenografía e iluminación podemos decir lo mismo.

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“A Lesson In Vengeance”, también de su último trabajo, sonó potente aunque algo monótona, lo que fue el mayor problema de su concierto, y es que después de los cuarenta minutos que tocaron quizá resultaron algo aburridos, aunque sin duda el público lo disfrutó al máximo, quizá más por las ganas que había de una noche así que por el concierto en sí.Momento para revisitar su anterior álbum con “Visions In My Head” y volver al último con “Turned To Stone”. Hasta aquí llegó la parte más novedosa de su actuación, reservando los clásicos para el final. Y es que su retorno a la década de los 90 con “Don’t Care” y “I’m In Pain” puso patas arriba Vistalegre, pero cuando, para finalizar, echaron la vista aun más atrás y se despidieron con “Slowly We Rot” la locura fue completa.

Sin más, se retiraron para no volver, habiendo cumplido en sus cuarenta minutos de actuación, pero que visto en retrospectiva no estuvo al nivel que el resto de actuaciones que vendrían más adelante.

Tocaba el primer cambio de escenario, y rápido pudimos comprobar que ya con Anthrax sería otra cosa. Montaron su propia escenografía más allá del pobre telón que lucieron Obituary, y la iluminación ya correspondió con la de las grandes bandas. El público estaba impaciente, y aquello se convirtió en una olla a presión en cuanto comenzó a sonar por los altavoces el “The Number Of The Beast” de Iron Maiden. Acto seguido aparecían en escena enlazando el riff principal del “Cowboys From Hell” de Pantera con su clásico “Caught In A Mosh”. Las primeras filas no tardaron en hacer caso del título de la canción, mientras que sobre el escenario no paraban un momento quietos. La energía que demuestran Anthrax en cada concierto no termina de casar con la edad que ya van teniendo todos sus componentes. Es un gustazo verles como si fueran veinteañeros, divirtiendo y divirtiéndose como los que más.

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Frank Bello arrancó poco después con el mítico fraseo de “Got The Time”, mientras Scott Ian parecía haber entrado en la más absoluta locura. El público se contagió y aquello de “Got the time, tickin’ in my head” fue coreado por todo Vistalegre. El clásico de Joe Jackson nunca falla.“I Am The Law” fue la siguiente en caer. La locura continuaba arriba y abajo del escenario, con un Belladona demostrando que, desde su vuelta, está en una forma extraordinaria, gustos aparte. Nos brindaron un momento de pausa al comienzo de “Be All, End All”, animando al público a corear la consabida melodía principal de las guitarras y el estribillo. Scott Ian incluso se animó a dirigirnos unas palabras en castellano. No tardaron en comenzar verdaderamente con el que es uno de los mejores cortes de su “State Of Euphoria”, disco que por estas fechas cumple treinta años, circunstancia para la que han lanzado una reedición de lo más jugosa. No quedaba tiempo para mucho más, los horarios se estaban cumpliendo a rajatabla y se acercaba el final de su actuación. Un final por todo lo alto, con su mítica versión del “Antisocial” de Trust y la no menos mítica “Indians”, a la que añadieron el final del “Cowboys From Hell” de Pantera, cerrando así el círculo de una actuación redonda que supo a poco.

Pasan los años y Anthrax no pierden ni un ápice de forma.

Otro gran cambio de escenario en tiempo récord para recibir a Lamb Of God. Hubo cierta polémica cuando se publicó el cartel por su posición en el orden de actuaciones, pero lo cierto es que es una de las bandas que más rápido y mejor están creciendo en los últimos años, y así lo demostraron. ¿justificaron tocar por encima de unos clásicos del Big 4 como Anthrax? Pues seguramente no, pero está claro que son un futuro muy sólido del Metal y quizá esa fue la razón de darles esta oportunidad, la cual no desaprovecharon.

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Un escenario realmente grande el que nos presentaron, con escaleras a ambos lados y tras la batería, con plataformas al frente del escenario y con toda su iconografía muy bien distribuida. “Ashes Of The Wake” fue el disco que les catapultó definitivamente a primera línea, así que no fue extraño que arrancasen con “Omerta”, uno de los cortes mejores de aquel álbum, y que además funciona muy bien para abrir y usar la locución que posee a modo de intro. Con un hiperactivo Randy Blythe al frente, empezaron, y terminaron, sonando muy muy bien. Mark Morton y Willie Adler a las guitarras formaban un muro impenetrable, de sólida estructura formada por el hermano de Willie, Chris, y John Campbell al bajo, convertido en una especie de Saruman metalero con esa melena y esas barbas tan blancas.

“Ruin” y “Walk With Me In Hell” fueron las siguientes en sonar, conjugando pasado y presente de la mejor manera. Creo que a estas alturas cualquier polémica acerca de su calidad para ocupar el puesto que ocuparon en el cartel estaba despejada. “Now You’ve Got Something To Die For” fue de las más celebradas, como es lógico por otra parte. En su momento se les consideró unos sucesores de Pantera. Quizá fue mucho decir, pero ciertas similitudes sí están ahí, aunque también un estilo bastante propio que predomina, siendo esta una mezcla por momentos irresistible. En el escenario se estaban dejando el cuello, pero en la pista no les iban a la zaga en eso de mover la melena.

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Era momento de tirar de su más reciente álbum, del cual eligieron como representación “512” y “Engage The Fear Machine”. Quizá se enfrió mínimamente el ambiente con la primera, pero la segunda puso las rastas de Randy Blythe de nuevo en marcha y fue un auténtico pelotazo, rápidamente rematado con “Blacken The Cursed Sun”.El final fue absolutamente apoteósico, y estoy seguro que les hizo ganar más de un fan. Y es que “Laid To Rest” y “Redneck” son palabras mayores. Quizá sus dos mejores, y más reconocibles, temas, que volvieron a poner Vistalegre patas arriba, finalizando así un gran concierto a la espera del plato fuerte de la noche.

Tras más de treinta y cinco años de carrera, nos preparábamos para recibir a Slayer en su gira final. Un telón translúcido permitía intuir lo que se estaba montando en el escenario a la espera del comienzo del concierto. La ansiedad crecía según pasaban los minutos y, por fin, comenzaron a sonar las primeras notas de la intro, “Delusions Of Saviour”. Acto seguido, aún con el telón arriba veíamos a la banda comenzar con “Repentless”. Cuando la lona cayó pudimos ver con exactitud el porqué decía la propia banda que esta sería la gira más espectacular de todas las que habían realizado. Fuego por tras la batería, fuegos a los lados del escenario, fuegos en el frontal, telones que iban cambiando según la canción, algunos de ellos con pintura fluorescente que los hacía destacar cuando la negrura invadía el escenario, y un sinfín de detalles que, a buen seguro, los asistentes a tan magno evento no olvidarán.

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Tom Araya al frente, destripando letras y líneas de bajo, Kerry King como amo absoluto de los riffs, Gary Holt ocupándose de la parte más técnica de las seis cuerdas, y Paul Bostaph realizando una gran labor tras los timbales, haciéndonos olvidar por momentos a Dave Lombardo. Así fueron desgranando tema tras tema, sin casi respiro entre ellos, durante poco más de hora y media. “Blood Red” y “Disciple” fueron bien recibidas, pero el primer gran alboroto de su actuación se produjo cuando sonaron las primeras notas de “Mandatory Suicide”, del lejano “South Of Heaven” del 88.

Hubo representación de todos los lanzamientos de su carrera, con la salvedad del “Diabolus In Musica”, del cual no tocaron ninguna. Bien es cierto que seguramente sea su gran patinazo en todos los años que llevan activos, pero quizá un “Bitter Peace” o un “Stain Of Mind” no habrían estado de más. “Hate Worldwide” rebajó un poco los ánimos hasta que Tom Araya nos invitaba a gritar “War”, sabiendo que a continuación no podía venir otra que no fuese “War Ensemble”, uno de sus clásicos más absolutos, que sonó tremendamente bien, y para el cual colocaron un telón con dos calaveras coronados por sendos cascos de infantería.

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“Jihad” y “When The Stillness Comes”, con un destacable juego de luces, creando una ambientación perfecta, fueron las siguientes en caer. El público seguía completamente entregado desde que sonara la primera nota, y se enardecía visiblemente con los temas más clásicos, como fue el caso de “Postmortem”, de su celebérrimo “Reign In Blood”. “Black Magic” y “Payback” fue una dupla interesante, combinando pasado y presente de manera magistral. La audiencia seguía entregadísima, señal de ello es que prácticamente no dejaron hablar a Tom Araya para presentar la segunda mencionada, entre vítores y cánticos varios.

Lo que vino a continuación ya es difícil de describir con palabras, y es que enlazar “Seasons In The Abyss”, “Dittohead”, “Dead Skin Mask” y Hell Awaits” solo está al alcance de una banda como Slayer. ¡Tremendo! Terminaron así la primera parte de su actuación, con el escenario repleto de llamas, algunas de ellas dibujando pentagramas, y un público extasiado. Pero aun quedaba lo mejor, y es que para los bises habían reservado un traca final de auténtico infarto: “South Of Heaven”, cayendo telones a ambos lados del escenario con el logo de la banda, “Raining Blood”, con un espectacular wall of death en el público, “Chemical Warfare” y, como colofón final, “Angel Of Death”, para la cual mostraron un telón con el nombre de Hanneman, en recuerdo a su compañero fallecido hace no demasiado.

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Gran y emotivo concierto de una de las grandes bandas que ha dado el Thrash Metal. Larga vida a Slayer.

Texto y fotos: Mario López