16 años han pasado ya desde que el 11 de noviembre de 2004 saliera el tercer disco de estudio de los holandeses Within Temptation, y en Metal Symphony no podíamos pasar la ocasión de revisitarlo con la perspectiva de estos más de 3 lustros de distancia.

Leticia Ballester

Lo primero que llama la atención de este trabajo en comparación con sus predecesores (“Enter” de 1996 y “Mother Earth” de 2000) es el giro más hacia lo comercial, más fácil de escuchar y digerir, dejando un poco apartados los tintes de goth y doom metal que se percibían en el primero, y explorando la vertiente más melódica y sinfónica que iniciaron con “Mother Earth”.

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Y es que, aunque las comparaciones son odiosas, apenas un año antes, en 2003, el grupo norteamericano Evanescence había pegado el pelotazo lanzando su “Bring me to life” consiguiendo que un público nada acostumbrado a la música metal se introdujera en un nuevo mundo auditivo con muchas ramas por explorar. Por lo que era inevitable cuando comenzó a sonar el single de este redondo que hoy nos compete, “Stand my ground”, que esos nuevos fans pensaran que Within Temptation seguían la estela de Amy Lee y los suyos. Nada más lejos de la realidad si tenemos en cuenta que unos hacían Nu-Metal y los otros ya tenían recorrido a sus espaldas y venían de explorar el goth y se adentraban en lo sinfónico.

Cabe destacar que con “Mother Earth” los neerlandeses ya empezaron a definir el sonido que han seguido desarrollando y evolucionando desde entonces, y que de aquel álbum salieron singles que les dieron proyección internacional y cierta fama. Pero fue el buen hacer en “The Silent Force”, sus temas bien elegidos y perfectamente ejecutados, la producción a cargo de Daniel Gibson (con quien han seguido trabajado en discos posteriores), los sonidos más bombásticos, las orquestaciones, etc., los que hacen que muchos de los seguidores del grupo consideren este redondo como uno de los favoritos de su discografía. El sonido del sexteto se hizo más internacional de lo que lo había sido hasta la fecha, sus composiciones de metal melódico llegaron a lugares donde antes apenas eran conocidos, sentaron las bases para los Within Temptation que a día de hoy reconocemos y que muchos fans siguen amando (tienen una de las legiones de fans más fieles).

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Lo normal en cualquier trabajo de cualquier artista o grupo suele ser que al menos uno o dos temas de los elegidos para el corte final no estén a la altura del resto, no concuerdan con el conjunto. Pocas veces se puede decir que un disco es “perfecto”, “una obra maestra”, en definitiva “redondo”. Personalmente, este es uno de esos raros casos. En mi caso, no hay ninguna canción del disco que tenga que saltar porque no me guste, todas tienen su merecido lugar en el conjunto, y una vez que empieza el disco, sé que tengo por delante algo más de 45 minutos de puro disfrute de principio a fin (55 min en la edición especial con dos temas extra).

El grupo en aquel momento era un sexteto, compuesto por la cantante Sharon den Adel, el guitarrista Robert Westerholt (pareja de Sharon y que desde 2011 está más apartado del grupo limitándose solo al trabajo de estudio), el teclista Martijn Spierenburg, el bajista Jeroen van Veen, el guitarrista Ruud Jolie, y el batería Stephen van Haestregt (quien dejó el grupo en 2010, siendo reemplazado por Mike Coolen). En la actualidad cuentan con un séptimo miembro, el guitarrista para las giras Stefan Helleblad.

Salieron cuatro singles que consiguieron importantes puestos en las listas de éxitos: la potente y muy radiada “Stand my ground” que ya auguraba el salto musical del que hablábamos hace unas líneas, la balada épica “Memories” con su emotivo videoclip, la controvertida y cruda “Angels” y el poderoso mediotiempo “Jillian (I’d give my heart)”, todos ellos convertidos ya en algunos de los himnos favoritos del respetable y que no suelen faltar en las giras de los últimos años.

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El trabajo se abre con una “Intro” instrumental donde escuchamos a la orquesta y al coro ruso, una presentación con mucho empaque y que nos adelanta lo grandioso de todo lo que escucharemos a continuación. Y sin tiempo de respirar nos metemos de lleno en “See who I am”, un tema muy potente y con un gran trabajo de riffs de guitarras y una muy presente batería, un comienzo perfecto para los conciertos que ofrecieron en las giras de promoción de aquel entonces.

Baladas como “Pale” o “Somewhere” ponen la nota calmada al disco, perfectas para sacar los encendedores en los conciertos en aquella época (hoy en día las linternas de los móviles…), al igual que con “The swan song”, otra ensoñadora balada que se incluye como tema extra en la edición especial junto con la poderosa “A dangerous mind”, un corte que casi tiene más características en común con lo que sería su siguiente disco “The Heart of Everything”.

Terminando con esta crítica repasamos la orquestada “Forsaken” con su presencia y grandiosidad, la peculiar e interesante “It’s the fear” (que es la única canción cuya letra corre a cargo de Sharon en exclusiva, ya que todas las demás están compuestas por Sharon y Robert), y otro mediotiempo, “Aquarius”, en el cual nos encontramos algunos de los tonos vocales de Sharon más nasales y peculiares, casi como un gato a punto de saltar a su presa.50609315557_4a6a71cd38_o

En resumen, un disco que merece y mucho la pena rescatar de vez en cuando y poder redescubrir su grandeza y porqué no fijarnos en pequeños detalles que hayamos podido pasar por alto en anteriores escuchas. O como en mi caso, volver a enamorarme de un grupo que me dejó totalmente enganchada a su sonido con este disco más que con ningún otro de los que tienen en su discografía y recordar grandes momentos de los conciertos de aquellas giras.

Leticia Ballester

Temas:

01 – Intro
02 – See who I am
03 – Jillian (I’d give my heart)
04 – Stand my ground
05 – Pale
06 – Forsaken
07 – Angels
08 – Memories
09 – Aquarius
10 – It’s the fear
11 – Somewhere
12 – A dangerous mind*
13 – The swan song*

*Bonustrack