Black Label Society + Monolord – 13 de Marzo ’18 – Sala La Riviera, Madrid

Más de una década, si la memoria no me falla, hacía que Black Label Society no visitaba la capital. Bien es cierto que les hemos podido ver en festivales, como el Resurrection Fest., y que tuvimos a Zakk Wylde en solitario el año pasado, pero como BLS ya era mucho tiempo sin ellos por aquí y había ganas, algo que se notaba en el ambiente previo, ya que para ser un martes laborable había un buen puñado de gente haciendo cola desde hora temprana.

Alberto López

Ciertos problemillas para acceder al recinto nos obligaron a perdernos el comienzo de unos Monolord que sonaron realmente bien, pero que quizá dejaron algo fría a la audiencia con la que contaron, que no fue la mayor a la que podían aspirar pero que tampoco estuvo mal teniendo en cuenta las condiciones del día. Su mezcla de Doom y Stoner, con toques psicodélicos, no terminó de cuajar, seguramente por ser un grupo al que hay que conocer bien para disfrutarlos, o te puede pasar, como a alguno al que oí, que te parezcan 35 minutos del mismo tema. Bien es cierto que 12 de los 40 minutos con los que contaron los emplearon en su “Empress Rising”, y otros tantos o más en “Rust”, así que tampoco iba muy desencaminado aquel.

Lo que vi sonó bien, cierto que muy monocorde, pero ellos son así. Me quedé con ganas y curiosidad de verles en condiciones.

Nada más retirarse se inició el cambio de escenario, el cual cubrieron con una gran lona con el clásico logo de BLS mientras los técnicos preparaban todo para la descarga que se nos vendría encima en pocos minutos.

La subida de volumen de la música ambiente con un mash up del “Whole Lotta Love” de Led Zeppelin y el “War Pigs” de Black Sabbath dio paso a la caída del telón, el estallido de los cañones de humo y la salida a escena de la banda liderada por el gran Zakk Wylde, que avasallaron ya desde el comienzo con “Genocide Junkies”, de aquel ya lejano “1919 Eternal” que tantas alegrías nos dio. Un sonido alto, realmente potente, pero sin restar por ello calidad y claridad, nos metió de lleno en la vorágine de destrozarnos el cuello casi con cada tema. Salieron demoledores, y sin mediar palabra continuaron con “Funeral Bell”, “Suffering Overdue” y la inconmensurable “Bleed For Me”, en la cual la sala se unió en una única voz para cantar aquello de “Bleed fooor meeee, I’ve bled for youuu…” ¡Menudo comienzo! Cuatro clasicazos de su discografía para abrir boca, y nunca mejor dicho, que nos dejaron exhaustos nada más comenzar.

Sin excesivos alardes, sin mediar palabra nada más que tras este cuarteto inicial y la presentación de la banda durante la recta final, y sin solos más allá de los necesarios. A piñón y sin concesiones, así fue el concierto, y se agradeció, ya que otras veces que hemos podido ver a la banda, o a Zakk en solitario, muchas veces se ha perdido demasiado tiempo en artificios que realmente no aportaban nada y que lo único que conseguían era restar tiempo de escuchas más temas.

“Heart Of Darkness”, de su anterior lanzamiento, rebajó un poco la euforia, aunque me convenció bastante más que su versión de estudio, antes de que llegara otro de los momentos de la noche: “Suicide Messiah”, de su celebrado “Mafia”, la cual sonó realmente espectacular, con el respetable una vez más coreando cada sílaba y con un miembro del equipo saliendo al escenario para hacer los coros megáfono en mano.

Llegó la hora de presentar temas nuevos, lo cual, a mi juicio, no aportó nada bueno al ritmo del concierto. O por lo menos el hecho de encadenarlos todos juntos (salvo “Love Unreal”, que vendría después”) como si quisiesen quitárselos pronto de encima.

Aun así “Trampled Down Below” fue un auténtico trallazo, que sonó espectacular, como espectacular sonó la parte final de “All That Once Shined”, aunque sus partes inicial y central, la cual alargaron, resultaran algo tediosas.

El que fuera single de adelanto de este “Grimmest Hits” que venían presentando, “Room Of Nightmares”, fue la siguiente en caer, y realmente pasó sin pena ni gloria. Ya cuando lo escuché por primera vez pensé que le faltaba “chicha”, y la misma impresión me dio en directo.

Tras esto llegaba el turno de la parte tranquila y emotiva del show. Pronto apareció en el lado derecho del escenario un piano que ocupó primeramente Darío Lorina para interpretar “Bridge To Cross”, con la que volvían a echar la vista a atrás.

Y como viene siendo habitual desde hace años, Zakk se sentó a las teclas y dio comienzo al momento más emotivo de la noche: “In This River”. Su particular homenaje a “su hermano de otra sangre” vino acompañado de dos grandes telones, que cubrieron los muros de pantallas a cada lado de la batería, con imágenes de Dimebag Darrell. Precioso, aunque siga prefiriendo la versión estándar, y no la libre que últimamente le ha dado por interpretar al bueno de Zakk y que le resta algo de emotividad.

Ya entrábamos en la recta final y había que ir sumando revoluciones. Primero fue un “The Blessed Hellride” maravilloso, en versión electro acústica que quedó de cine. Después la mencionada “Love Unreal”, para terminar este particular in crescendo con otra gran sorpresa: “Fire It Up”, en la que el público coreó el riff hasta la saciedad y, para hacer todavía más grande aquello, Zakk bajó del escenario, se paseó entre el público, sin dejar de tocar en ningún momento, y terminó soleando subido a la barra trasera de La Riviera. Memorable.

De vuelta al escenario otros dos clasicazos para finalizar: “Concrete Jungle” y “Stillborn”, con la que dieron por finiquitado el concierto por todo lo alto. Sin bises y sin artificios, dos horas del tirón, que terminaron con el gustazo que supone “Stillborn” y con toda la banda exhibiendo camisetas con el logo, en el caso de Zakk su sempiterno chaleco de cuero con los parches.

A pesar del bajón que supusieron los nuevos temas todos de seguido, fue un gran concierto, aunque resultó raro que no interpretasen ningún tema del “Order Of The Black”, para mí su último gran disco. Y un “Stoned And Drunk” tampoco habría estado de más…

Alberto López