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8

Noruega, el epicentro mundial del movimiento Black Metal ha vuelto a parir una bestia: Northern Chaos Gods de Immortal vuelve para reclamar el trono del hielo (Elsa, desaloja). Muy mal pintaba el futuro para una banda desmembrada, con los 2 gallos del gallinero (Abbath y Demonaz) peleados, enzarzados en juicios por la posesión legal de nombre de la formación y demás rencillas.

El bajista y encargado de la parte vocal, Abbath, formó un nuevo grupo con el nombre, nada egocéntrico, Abbath. Después de lanzar el All Shall Fall (2009) y que estallara la guerra entre los dos pesos pesados de la banda, fue, finalmente, Demonaz quien quedó como líder natural de la Immortal y junto Horgh continuó el proyecto.

Han pasado 21 años desde que Demonaz Doom Occulta dejara de tocar la guitarra (aunque si interviniera en la composición musical y trabajo en las letras en cada álbum). En este nuevo trabajo regresa con toda la mala ostia acumulada para descargar riffs asesinos. Lo acompaña a la batería el que viene siendo el amo de los parches en la banda desde 1997, el poderoso Horgh. Para completar la formación y, en ausencia de Abbath, el bajo ha sido encargado a Peter Tägtgren además de ser el responsable de la producción del álbum. ¡Y vaya si ha hecho un gran trabajo en ambas facetas !

Demonaz ha vuelto a tomar las riendas de la formación escandinava y, con puño de hierro, azota el mundo con ventiscas, afilados riffs y chirriantes aullidos. Listos o no, Immortal ha vuelto trayendo consigo a los dioses norteños del Caos. ¡Cierren puertas y ventanas! ¡Atranquen las puertas! ¡Recen lo que sepan y busquen refugio! La tormenta se acerca, Blashyrkh ha abierto sus puertas, Mighty Ravendark no tomará rehenes.

Immortal regresa al panorama musical nueve años después y justo después de un álbum con título premonitorio: All Shall Fall, y así fue. El derrumbe de la banda supuso un renacer en todos los aspectos. Demonaz nos demuestra una y otra vez que está plenamente recuperado de su tendinitis y las ráfagas de riffs que suelta nada más empezar el álbum así lo vienen a demostrar: Tanto Northern Chaos Gods (tema con el que se inicia el álbum) como Into Battle Ride son puro Black Metal Old School. La voz, los riffs espídicos que golpean una y otra vez y el martillo pilón de la batería (los beats de este tipo son una maravilla combinando técnica, precisión y brutalidad) son una vuelta a finales de los 90. La banda quería volver a las raíces del sonido extremo y lo consigue al 100%. Los furiosos Blastbeats son aquí como un alud…

Tomando como referencia el trabajo en solitario de Demonaz, March of the Norse, había cierta inquietud por si la banda tendería al auto plagio o si bien se quedaría en unas sonoridades planas, sin cambios (como ocurriera con el March) pero realmente este álbum tiene mucho nuevo que decir.

Los arpegios que se entrelazan con los riffs más gélidos dotan a este disco de majestuosidad y épica. Se crean atmósferas y el álbum tiene volumen en todas las composiciones. Se puede comprobar todo esto a medida que avanza el disco. Si en las dos primeras piezas lo que se busca es estallar como un obús y llevarse a todo el mundo por delante, en las siguientes composiciones se inyecta algo más: La voz se retuerce y se expande llegando a cotas mayúsculas. Suena a puro aire viciado, infausto, maldad y frío.

No hay rastro de efectos, ni teclados, ni nada que pueda corromper la pureza del sonido atávico de Immortal. Así, Gates of Blashyrkh, es la primera en introducir esos arpegios bien reconocibles marca de la casa, los cambios de ritmo funcionan muy bien y el stand by que se crea hasta que arranca el tema de nuevo son una absoluta maravilla. Atención al riff final que puede llegar a destriparte. Y ante tal despliegue de potencia le siguen Grim and Dark y Called to Ice. La primera de ellas duele como la mordedura de una serpiente, es endiabladamente rápida, ruda y se clava como unos colmillos. Called to Ice es también demoledora, recuerda a los tiempos del Blizzard Beasts y eso ya habla por sí solo.

Cuando se introducen estos contrastes es el momento en que la música se expande: la terna compuesta por Where Mountains Rise, Blacker of Worlds y la espectacular Mighty Ravendark son de lo mejorcito del plástico. Se palpa la influencia de Bathory (del que Demonaz es fan declarado, aunque también de Manowar…), la épica y melodías de aquellos pueden degustarse en Mighty Ravendark. Una composición de más de nueve minutos que hace palidecer al más pintado (y eso en el Black, es mucho!). Si no es el tema más destacable del álbum, poco le falta. Muy épico, con varios giros en el composición, eleva y de que manera el nivel compositivo de la banda.

Where Mountains Rise me ha volado la peluca, es majestuosa, granítica y otro claro ejemplo de la influencia de la banda seminal del género (Bathory) y, Blacker of Worlds dibuja un in crescendo sónico espectacular.

El álbum está bien mezclado y el bajo asoma por toda la producción siendo bastante destacable en todos los cortes. Es muy audible a lo largo del disco y, eso, para mí, es un gran acierto. Se debe, de cierta manera, a que la sobresaturación está muy contenida (la parte más noisy del estilo cae un poco en beneficio de la composición final); pero no nos equivoquemos, no es una producción limpia (como en The Satanist de los titanes Behemoth en que se llega a una perfección en la producción que no resta para nada brutalidad.). Toda la garra, la fiereza y el trasfondo punk que encierra el metal extremo están ahí y, aún así, se puede degustar cada uno de los instrumentos. Tampoco esperéis reinvenciones del género (como hacen esa maravillosa banda llamada Oranssi Pazuzu); aquí hay Black y solo Black pero a qué nivel!.

El regreso de Immortal es magnífico, una vuelta en toda regla al sonido más definitorio de la banda, con una gran producción y temas que rallan a un nivel altísimo. Los fans de la banda (y del género) lo disfrutarán muchísimo y para aquellos que quieran entrar en las sonoridades más clásicos del Black Metal este es un buen inicio pues su sonido es claramente Old School pero con una producción muy medida y acertada. Metal extremo? Yes, sir!

Marcel Palagós


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