Iron Maiden + Anthrax – 7 de Julio 2026  – Estádio da Luz (Lisboa – Portugal)

Hay giras especiales y luego está Run For Your Lives, un recorrido por la etapa más legendaria de Iron Maiden que está dejando claro por qué la banda británica sigue siendo una referencia absoluta del heavy metal medio siglo después de su nacimiento. El pasado 7 de julio, el Estádio da Luz de Lisboa acogió una nueva parada de un tour que, después de haber disfrutado en Madrid el año pasado, reencontrarnos con él en el Sweden Rock Festival y volver a vivirlo recientemente en Rock Imperium, nos permitía confirmar una vez más el extraordinario momento que atraviesa la Doncella de Hierro.

Aunque, siendo sinceros, Run For An Ice Cream habría sido un nombre mucho más apropiado para el concierto de Lisboa. Los casi cuarenta grados de los días previos habían convertido la capital portuguesa en un auténtico horno y la llegada al Estádio da Luz fue casi una prueba de resistencia. Si en Sweden Rock Eddie parecía tener bastante trabajo intentando contener la lluvia, en Lisboa daba la sensación de que le tocaba pelear directamente contra el sol. El público buscaba cualquier sombra posible mientras apuraba botellas de agua y soñaba con un helado antes de una noche que prometía ser inolvidable.

Sin embargo, hubo algo que volvió a llamar especialmente la atención incluso antes de cruzar los tornos del estadio. Uno de los mensajes que mejor transmite Burning Ambition, el documental dedicado a la banda…. es esa hermandad silenciosa que existe entre los fans de Iron Maiden. Lisboa volvió a demostrarlo desde primera hora de la mañana mientras se producía ese turismo pre concierto. Cientos de camisetas de Eddie recorrían las calles de la ciudad y bastaba cruzarse con otro seguidor para intercambiar una sonrisa de complicidad, un gesto de cabeza o un simple saludo entre completos desconocidos. Más tarde, cuando muchos aficionados dudaban cuál era el camino correcto hacia el Estádio da Luz, siempre aparecía alguien dispuesto a indicar la dirección. Pequeños detalles que explican por qué seguir a Iron Maiden siempre termina siendo algo más que asistir a un concierto.

Antes de la descarga principal, Anthrax fue el encargado de abrir la velada. Los neoyorquinos desplegaron todo su arsenal de thrash metal con una actuación explosiva, potente y muy bien sonorizada. Los primeros mosh pits no tardaron en aparecer en una pista que ya desprendía un calor asfixiante, demostrando que el público había llegado con ganas de fiesta desde el primer minuto.

A las nueve en punto, el inconfundible “Doctor Doctor” de UFO comenzó a sonar con una intensidad ensordecedora. El ritual estaba servido. Tras la introducción instrumental de “The Ides of March”, Iron Maiden irrumpió sobre el escenario para iniciar un viaje por algunos de los capítulos más importantes de su historia.

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Desde los primeros compases de “Murders in the Rue Morgue”, “Wrathchild” o “Killers”, quedó claro que esta gira no busca únicamente despertar la nostalgia, sino reivindicar la fuerza que aún conservan estas composiciones. “Wrathchild” sonó especialmente poderosa, mientras que “Phantom of the Opera” volvió a demostrar por qué sigue siendo una de las piezas más teatrales y técnicamente brillantes del catálogo de la banda.

El repertorio está cuidadosamente diseñado para satisfacer a cualquier seguidor de la etapa clásica. “The Number of the Beast” convirtió el estadio en un inmenso coro, mientras que “Infinite Dreams” aportó la elegancia y la sensibilidad de una composición que muchos llevaban décadas esperando volver a escuchar en directo. “Powerslave”, envuelta en una atmósfera misteriosa, mantuvo el nivel antes de que “2 Minutes to Midnight” hiciera cantar al unísono a todo el recinto.

Pero si hubo un momento que justificó por sí solo el precio de la entrada fue “Rime of the Ancient Mariner”. Inspirada en el célebre poema de Samuel Taylor Coleridge, sus trece minutos representan probablemente la interpretación más ambiciosa de toda la gira. Iron Maiden la ejecutó con una precisión y una intensidad sobresalientes, convirtiéndola, una vez más, en uno de los grandes momentos de la noche. Musicalmente fue impecable y visualmente volvió a demostrar que pocas bandas saben convertir una canción en un auténtico espectáculo teatral.

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El tramo final mantuvo el nivel con un encadenado espectacular formado por “Run to the Hills”, la progresiva “Seventh Son of a Seventh Son”, “The Trooper”, una dramática “Hallowed Be Thy Name” y la imprescindible “Iron Maiden”, siempre acompañada por la imponente presencia de Eddie esta vez por las magníficas e impresionantes pantallas que tienen para esta gira y que lanzan unos visuales de película de animación.

Y hablando de Eddie… quizá haya llegado el momento de abrir un viejo debate entre los aficionados. ¿Quién cambia más veces de apariencia durante un concierto: Bruce Dickinson o la propia mascota de la banda? Ambos parecen competir amistosamente por robarse el protagonismo en cada canción. Bruce adapta su interpretación a cada capítulo del repertorio mientras Eddie aparece una y otra vez bajo distintas formas, convirtiéndose en un actor más dentro del espectáculo. Todo ello forma parte de una producción gigantesca donde cada detalle está pensado para reforzar la historia que Iron Maiden cuenta sobre el escenario.

Los bises mantuvieron la emoción muy arriba. Tras el histórico “Churchill’s Speech”, “Aces High” volvió a levantar al público antes de que “Fear of the Dark” transformara el estadio en un gigantesco coro cargado de misterio y emoción. Finalmente, “Wasted Years” puso el broche perfecto con su carácter melódico y uno de esos finales que dejan al espectador con una enorme sonrisa mientras abandona el recinto.

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Y es precisamente al terminar cuando uno toma verdadera conciencia de lo que acaba de presenciar. Resulta difícil encontrar otra banda capaz de afrontar dos horas de concierto con semejante intensidad cuando todos sus integrantes se acercan a los setenta años y la formación celebra medio siglo de historia. Pero lo realmente admirable no es únicamente la resistencia física, sino la forma en que siguen interpretando un repertorio plagado de desarrollos complejos, cambios de ritmo y composiciones que exigen una precisión extraordinaria. Lejos de acomodarse en la nostalgia, Iron Maiden parece estar viviendo una segunda juventud.

Pocas bandas pueden presumir de ofrecer un espectáculo de este nivel después de cinco décadas de trayectoria. Iron Maiden no solo sigue defendiendo sus clásicos con una autoridad incontestable, sino que ha construido una gira que probablemente pasará a la historia como una de las mejores de toda su carrera. Es, sencillamente, la gira de las giras, con el repertorio de los repertorios.

Ahora Run For Your Lives continuará su recorrido por Europa, pero antes hará una parada muy especial en casa. Este fin de semana llegará el EddFest 2026, el gran punto de encuentro de la familia Maiden, que convertirá el histórico circuito de Knebworth en una auténtica celebración del universo de la banda. Junto al esperado concierto de Iron Maiden, el festival contará con actuaciones de The Almighty, Airbourne, The Darkness y The HU, además de exposiciones, actividades para los aficionados y numerosas propuestas pensadas para celebrar cinco décadas de historia. Después, la gira seguirá su camino hasta noviembre antes de que la Doncella de Hierro disfrute de un más que merecido descanso durante 2027.

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Habrá tiempo para preguntarse cuál será el siguiente paso de la Doncella de Hierro. De momento, Lisboa volvió a demostrar que, cincuenta años después, sigue habiendo muy pocas experiencias comparables a ver a Iron Maiden sobre un escenario.

Texto y Fotos (Concierto Sweden Rock’26): David Aresté